¿Cuánto hay que abrazar para que sea suficiente?

Cariño… si estás leyendo esta carta, es porque ya no estoy aquí contigo. En realidad estoy, porque siempre acompañaré tus pensamientos y tu corazón. Pero si estás leyendo esto es porque ya no podremos reír ni charlar juntas. No como lo hacíamos antes.

Sé que te lo he dicho muchas veces con la mirada, con mi sonrisa, con mi cariño. Pero no me puedo quedar sin decirte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Que era feliz antes de conocerte pero que luego lo fui mucho más. Que no ha habido un minuto desde que naciste que no haya pensado en ti, en todo lo que te quiero, en todo lo que vales, en todo lo que mereces. No puedo quedarme sin decirte que te busqué y te busqué hasta que te encontré y que volvería a hacerlo una y mil veces. Una y dos mil millones de veces. Y todo me parecería poco si con ello consiguiera conocerte.

Tienes que saber que habrá personas que te querrán mucho en la vida. Tienes que saber, que podrán quererte, pero no más que yo. Te querrán diferente. Si algún día eres madre lo entenderás. Te he querido y te quiero lo que no está escrito. Desde el primer día que supe que estabas conmigo. Más y más cada día.

Quiero que sepas que quizás algún día serás madre. Y que la maternidad te cambia. Te hace ver las cosas de otra manera, con otra perspectiva. No tengas miedo. Lo harás bien. Sabes cuidar, sabes querer, sabes empatizar, sabes entender. Sabes conectar, sabes dejarte llevar, sabes abrazar. Sabes hacer todo lo que te propongas.

Te he dejado de regalo un Blog para educar con amor y con respeto. Sé que todo lo que pone lo sabes porque lo has vivido ya, y todo va quedando dentro y florecerá cuando lo necesites. Pero por si quieres leer, por si en esa etapa me echas en falta y quieres hablar conmigo sobre algo que no pueda contarte… es para ti. Porque la maternidad te hace cambiar. Te hace sacrificarte sonriendo y disfrutando como no pensabas que podrías hacerlo. Te hace temblar los cimientos y te mueve las prioridades. Te hace vivir cada día de forma intensa pensando cómo es posible ser tan feliz queriendo tanto. Te hace ser más fuerte. Te hace ser mejor.

Nunca quise marcharme de tu lado. De hecho, no concibo un lugar mejor que estando contigo. Pero hay cosas que no están en nuestra mano. No tengas prisa por buscarme. Disfruta la vida. Vive cada momento, cada minuto de forma intensa, viviendo tus emociones, conectando con ellas, aprendiendo. Sabiendo que todo lo que necesitas está en ti, en tu forma de ver la vida, en tu manera de sonreír, en tu forma de entender, de leer y de descubrir.

Busca apoyos si los necesitas, quiérete y no te preocupes por mí, por cómo fue la última vez que nos vimos, aquella discusión que tuvimos… ser madre inmuniza para todo eso. No podía haber tenido una hija mejor. Te quiero ahora y siempre. Hasta el infinito y vuelta. Eres un gran tesoro y lo serás siempre. Que nadie te haga dudar de ello. Gracias por todo lo que me has dado. Siempre serás mi niña. Te quiere, Mamá.

En vida

A veces hablamos y tratamos a los niños con la inmediatez y las prisas del momento. Si hiciésemos el ejercicio de pensar que en la vida hay cosas que no podemos controlar y que puede que sea la última vez que nos veamos, habría cosas que no diríamos. Y habría otras cosas que diríamos y no decimos.

No lo pensamos porque estamos metidos en la dinámica diaria y porque pensarlo puede doler. Pero a veces es un dolor de realidad, un dolor que nos puede hacer parar y reflexionar sobre si nuestra actitud y forma de hacer entran dentro de lo que nos gustaría aportar a nuestros hijos.

El recuerdo se hace cada día

Si pensásemos así, cambiaríamos. Daríamos más besos y más sonrisas, reñiríamos menos y lo haríamos de manera más suave. Seríamos más comprensivos. Abrazaríamos más, hablaríamos más, escucharíamos más. Seríamos más pacientes. Buscaríamos otras formas. Le daríamos la vuelta a la vida si fuera necesario.

Vale con pensarlo una vez y reflexionar sobre ello. Habrá servido. Habrá valido la pena para que pares y “resetees” tu sistema. Te habrá servido para abrazar más y gritar menos.

Otras formas

¿Has probado a reñir abrazando? Es imposible, abrazando se dialoga, se habla; no se grita ¿Has probado a ir donde tu hijo, darle un abrazo, sonreirle, decirle que le quieres mucho y que necesitas que haga algo? Prueba. Deja de lado los tonos serios y las cejas bajas. Deja de lado los gritos y las formas rudas. Hay otras maneras. Si no te está obedeciendo con tu forma de hacer, cambia la manera. Abraza más. Prueba

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4 comentarios

  1. Que bonito post!!! Ay y que duro es leer y penaar en ciertas cosas… te doy la razon! Si pensaramos mas en que mañana puede que no estemos aqui seguro que hariamos todo de otra forma. Gran reflexion. ¡¡Prometo abrazar mas!!!

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