¿Aprender a andar en bici tiene que ver con las emociones?

niño bici bicicleta

Muchos padres se desesperan cuando quieren enseñar a su hijo a andar en bici, porque piensan que es una cuestión de equilibrio, y que no hace los progresos necesarios para adquirir la técnica en un tiempo razonable. Lo cierto es que andar en bici requiere un equilibrio pero emocional.

A veces, puede costar entender que el bienestar emocional se muestra y se exterioriza en el equilibrio físico, en la forma de movernos, de pisar, y de conectar físicamente con “el mundo”, y que un niño que no tiene un equilibrio emocional, difícilmente podrá aprender a andar en bici de forma espontánea o intuitiva.

Hay niños con un mayor tono muscular, o que tienen más facilidad para los deportes que otros, lo que les va a favorecer que tengan una mayor destreza a la hora de practicar ejercicio de forma regular. Sin embargo, aprender a andar en bici, lleva una gran carga emocional, y no va necesariamente vinculado a la habilidad personal de cada niño, sino a lo que supone enfrentarse a miedos e inseguridades, al temor ante una caída, a la vergüenza, al stress que supone hacer algo nuevo, a la liberación de adrenalina, a la confrontación entre realidad y expectativas, a la respuesta de los padres ante los logros y dificultades, y a la frustración cuando no se consigue y la alegría y satisfacción cuando se avanza.

Hay formas en las que podemos ayudar y facilitar que nuestro hijo se sienta más seguro cuando quiera aprender a andar en bici:

1/ Que sea él quien lo pida

La motivación, es un factor emocional que condiciona hasta tal punto, que puede bloquear el aprendizaje o precipitarlo, por lo que, es preferible esperar a que sea él quien tenga ganas de aprender, no le fuerces. Será más fácil que sea constante en el aprendizaje, si lo hace porque le ilusiona, que si es por imposición.

2/ Figura de referencia

Es importante que quien vaya a enseñarle, sea alguien en quien confía 100%, y con quién va a sentirse seguro y relajado. Los padres, solemos ser idóneos para ser el apoyo de confianza de nuestro hijo, mientras este aprende a andar en bici. Un ambiente distendido facilitará que se suavice la tensión cuando el niño se frustre o sienta que no va a conseguirlo, y potenciará que sienta que no está sólo, y que se le va a ayudar de forma respetuosa, independientemente del ritmo que lleve, de si se cae, de si llora o de si siente vergüenza, porque sabe que sus padres, respetan sus emociones y le quieren de forma incondicional, pase lo que pase. Este es el mejor impulso emocional que podemos dar a nuestros hijos para que aprendan a andar en bici.

3/ Exposición previa

Es conveniente haberse acercado con anterioridad al entorno ciclista. Que el niño sepa el mecanismo de la bici, la función del freno, de los pedales, del manillar… Explicarle para qué sirve cada cosa, creará un ambiente favorecedor del “vínculo emocional” recomendable entre el niño y la bici, entendiendo que está no es la responsable de sus éxitos y sus fracasos sino el medio para lograrlo. Andar en bici, enseña muchas cosas, pero el afán de superación, el enfrentarse a las propias emociones, el entender lo que es esforzarse para lograr las cosas que queremos… todas ellas, necesarias para crecer en un ambiente que favorezca el bienestar emocional de los niños.

4/ Lenguaje positivo

Mientras dure el aprendizaje, se debe cuidar de forma especial la manera en que nos dirigimos al niño, ya que, este influye en el bienestar emocional de nuestro hijo.  Lograr un equilibrio emocional, será necesario para que sea capaz de trasladarlo a la bici de una manera autónoma, valiente, y gestionando sus emociones de forma adecuada. Enviarle mensajes positivos de ayuda como: “sé que lo vas a conseguir”, “estás mejorando” o “ánimo que puedes”, será una forma de decirle que no está sólo, y que aunque le cueste, vamos a estar con él. Se deben evitar los gritos , que bloquean y dañan así como el uso de gestos o de palabras que le transmitan la “desesperación” paterna ante el tiempo que el niño está necesitando para ir avanzando en su objetivo.

5/ Afecto

El cariño desbloquea tensiones, disgustos, y nos hace sentirnos bien. Acariciarle, darle abrazos y besos para felicitarle y consolarle, en los momentos adecuados, le va a permitir sentir la confianza que necesita para aprender a andar en bici. A veces, sabemos que son capaces de hacerlo, y que pueden, pero “soltarse” dependen en gran medida de la seguridad emocional que sientan y perciban. Ayudar a través del afecto, del cariño, y del convencimiento de que son capaces de eso y de mucho más así como entender que son ellos quienes deben marcar los tiempos, son formas positivas de darles nuestro apoyo.

6/ Bici adecuada 

Se debe buscar una bici acorde a la edad y altura del niño. Lo ideal es una bici sin pedales, ya que fomenta su autonomía y permite una mayor comodidad al adulto. Es recomendable respetar, que cuando el niño esté sentado, llegue con los dos pies planos al suelo, y que el manillar no sobrepase de sus hombros, ya que, de lo contrario, estaremos pretendiendo que cumpla unas expectativas que difícilmente van a poder ser reales, lo que fomentaría aún más inseguridad en él.

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7/ Protección

Se le deben explicar las normas básicas trasladándole que el casco es necesario para proteger la parte física, y que vamos a estar a su lado para reducir el riesgo de caídas. Es una forma de trasmitirle seguridad y de relajar la tensión emocional, y por tanto la tensión muscular.

8/  Elegir día y lugar

Buscar un día en que el viento o la lluvia no sean los protagonistas, y un espacio en el que no haya cuestas, ni baches, ni muchos peatones. Un lugar poco transitado, en el que se reduzcan los elementos de estrés, y el niño pueda centrar su atención en la bici y la persona que le ayuda, son elementos que le van a permitir una mayor concentración en la actividad y una mayor tranquilidad ante el reto.

9/ Aprender a rodar

En primer lugar, el niño tiene que aprender a rodar en línea recta, y debe hacerlo con destreza y autonomía antes de proponerle que pruebe a hacer giros y curvas. Es preferible ir paso a paso pero con seguridad, que precipitarse y abrir “la puerta” a miedos innecesarios que repercutirían minando su autoestima y alargando el proceso de aprendizaje.

10/ Utilizar el freno

Cuando el niño ya sabe rodar sólo, en línea recta y girar manteniendo los pies alejados del suelo, se entiende que ya está preparado para asimilar el mecanismo del freno y que puede empezar a utilizarlo. Ir paso a paso, explicar y anticipar, será un camino en el que los avances sean de forma gradual evitando temores ante lo desconocido y creando un espacio y un entorno seguro y necesario.

11/ Pedales

El niño que ha aprendido a rodar y frenar sin precisar ayuda, y que lleva un tiempo prudencial en esta “fase”, de forma que las caídas son puntuales, se encuentra en un momento óptimo para poder incluir los pedales en la bici. Lo ideal, es haber adquirido una bici evolutiva, que no implique otro cambio, que le pueda crear una mayor inseguridad.

Pedalear requiere en sus inicios, de ayuda para arrancar, y comenzar en línea recta, para ir adquiriendo la destreza de girar. Se trata de trasladar el equilibrio adquirido sin pedales, a una nueva forma de hacerlo, en que sus pies no estarán conectados “al mundo”, sino a la bici. Es otro contexto, que todo niño debería experimentar para lograr la sensación de que es posible “perder el control” del suelo, de su entorno seguro y recuperarlo superándose en el reto y saliendo fortalecido.

12/ Arrancar

Cuando tu hijo ya sepa pedalear puede aprender a arrancar. Es en muchas ocasiones, el último paso, ya que implica acarrear con el “peso” de la bici en una pedalada, y ser capaz de “soltarse” del suelo, de su conexión con “el mundo”, y sentir esa libertad, esa desconexión que todo niño debería conocer, porque a veces también hay que aprender a dejar los pensamientos en “modo off – disfrute”. niño bici

13/ Responsabilizarle

Es conveniente que sea el niño quien adquiera el compromiso de guardar su bici, y de contribuir a su mantenimiento y limpieza, en la medida que sea posible. Colaborar en el hinchado de ruedas y en su cuidado, le facilitará valorar las cosas y le enseñará a ser responsable.

14/ Subir el sillín

Cuando el niño se siente seguro con la posición adquirida, es buen momento para colocar el sillín de forma acorde a su altura. Explicarle que vais a regular el sillín, para que el pedaleo sea más cómodo. Decirle que notará algo de cambio al principio, pero que como ya sabe andar en bici, así lo hará mejor. Al principio, se recomienda que sentado en el sillín, llegue de puntillas, con ambos pies al suelo.

Una vez que tu hijo haya aprendido a andar en bici, también llegarán las cuestas, los saltos, y quizás algún golpe, que forma parte de la infancia de cualquier persona.

 

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