Ayuda para cuando una madre está agotada

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Escuchar tu voz angelical a medianoche, cuando el mundo duerme y no hay sonido, eleva el grado de cariño al máximo. En un estado de letargo escucho: “Mami”,  detengo mi descanso para ir junto a ti, y lo hago contenta y feliz porque sé que yo te elijo a ti, y tú me eliges a mí.

 

Quizás hay quien no lo entienda, pero para mí no hay nada más bonito a esas horas, que te despiertes necesitando calor, consuelo, arrope… necesitando a mamá, y seas capaz de englobar todo eso que te hace falta en una palabra, que hace que yo pueda entenderte y sintonizar contigo.

 

Necesitas a Mamá, necesitas “casa”: necesitas cariño, necesitas consuelo, necesitas amor, necesitas compañía, necesitas mimos, necesitas abrazos, necesitas besos y necesitas saber que, aunque sea de noche y no me escuches…, estoy aquí contigo. Estoy para acurrucarme junto a ti, para acariciarte y que te sientas mejor, para sonreírte, para quererte y para que entiendas que soy tu madre y estaré toda la vida, que no existe antídoto que pueda cambiar lo que siento cuando te miro y cómo me siento cuando estoy contigo.

 

Saber que sólo con acercarme a tu lado, tocarte y susurrarte “Estoy aquí cariño”, hace que descanses, que te sientas seguro y que vuelvas a tu cálido sueño sabiendo que estoy contigo, me da la fuerza que necesito para saber que esto se vive una vez, que voy a aprovecharlo, y a disfrutarlo sabiendo que hoy necesitas de mí y te nutres conmigo, pero que yo… también me nutro contigo.

 

Dormirme junto a ti, sabiendo que descansas feliz y tranquilo, hace que me invada una relajación y una paz, que dibuja en mi rostro una sonrisa antes de conciliar el sueño. Pero si fue placentero dormir contigo, aún lo es más despertar a tu lado, con esa mirada que quiere absorber cada milímetro de mí, con esa voz que cuando habla hace música y canción, con tus manos tocando mi cara, palpando mi pecho, buscando mis ojos, mi sonrisa y mis labios.

 

Si alguien no sabe qué es la felicidad concentrada en un instante, es porque aún no ha tenido el privilegio de despertarse así, de sentir que tan importante soy para ti como lo eres para mí.

La maternidad se disfruta, pero también agota, y no es sólo por el incremento de actividad o porque las horas de descanso no son como lo eran antes, si no porque las emociones se viven más intensamente después de ser mamá. Se quiere más, se siente más, se sufre más, se sacrifica más, se preocupa más… y se sonríe más.

Disfruta el momento, el aquí y ahora, que es donde está tu hijo, donde te necesita y no en el mañana ni en el después, porque crecen tan rápido que si miras mucho a lo que pasará mañana, es posible que te pierdas lo que está pasando hoy. Tu hijo crece deprisa, crece por dentro, y crece por fuera, y lo hace sabiendo si te sitúas en el hoy, en el ayer o en el mañana. También siente si su madre le acompañó o le siguió, si le entendió, si le escuchó, si le consoló y si su mamá, le crió o le educó y cuidó su bienestar e inteligencia emocional, y le dio tanto que… le enseñó a ser feliz.

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