¿Qué hace el cerebro de tu hijo mientras juega?

Cómo ayudar a través del juego

Te vi jugar y me quedé mirando. Me quedé quieta, sonriendo y disfrutando de ese momento tan mágico en el que los juguetes “vuelven a la vida” en tus manos y cuentas historias con ellos. Me quedé mirando intentando entender cada uno de tus movimientos, sin querer perderme nada. Y entendí cuánto cuentas mientras juegas

Los niños y el juego

Los niños explican y ordenan su mundo mientras juegan. Cuentan cosas importantes. Su día a día, lo que les preocupa, lo que les inquieta. Cuentan lo que les alegra, lo que ven, lo que viven… Sólo hay que mirar y escuchar.

El juego como apoyo

A veces nos centramos tanto en la palabra, que “olvidamos” que el mundo infantil es juego. Tiene mucha parte de juego. El mundo real y el mundo imaginario van “cogidos de la mano” para los niños y se van separando poco a poco a medida que van madurando. Es la forma natural de asimilar, de aprender y de elaborar.

En esa búsqueda por crecer, no hay “departamentos” estancos. El niño es uno sólo con todo su potencial y para serlo, lo real y lo imaginario van “tejiendo” el camino. Los niños proyectan en el juego para poder pasar a la acción. Esa conexión es la que nos permite de adultos visualizar y anticipar.

Los niños aún conservan la capacidad de imaginar, de crear y de soñar muy intacta. Con ella, son capaces de elaborar, de gestionar, de cambiar y de aprender tantas cosas que ojalá el juego fuese la única asignatura obligatoria para los niños.

¿El juego puede ayudar?

El juego puede servir como catalizador de cambio, puede ayudar a modificar algo en el mundo real, a través del mundo imaginario. Podemos recrear escenas pasadas o proyectar a escenas futuras. En el juego todo vale menos hacer daño.

El juego es sobre todo improvisación, porque a medida que se avanza, surgen nuevas variables, cosas inesperadas que modifican la “ecuación”. Como en la vida. Siempre hay factores externos que no se pueden prever ni controlar.

Jugando en el mundo emocional del niño

Tener muñecos de animales en miniatura debería ser casi obligatorio porque posibilitan al niño un gran “abanico” en el que crear y reparar. Familias de tigres, de caballos, de animales domésticos, de animales salvajes… Todos valen para representar. Todos valen para jugar. Se pueden crear familias, grupos de amigos, animales solitarios…, representar héroes y villanos, figuras de autoridad… ,representar los miedos y se pueden trabajar las emociones.

¿Cómo jugar para trabajar las emociones?

1/ Pregunta a tu hijo si le apetece jugar contigo a los animales.

2/ Deja que elija con qué animales le apetece jugar.

3/ Pídele que elija los animales con los que puedes jugar tu.

4/ Dale tiempo para preparar y elaborar qué quiere contar.

5/ Olvídate del tiempo, del móvil y del mundo. Tu hijo es tu mundo.

6/ Prepárate bien para analizar lo que vas a ver y ofrecer alternativas educativas. Todo tiene significado y se puede interpretar.

7/ Una vez que empiece el juego, tu voz, representará a “tus” animales.

8/ El juego se termina cuando una de las dos partes no tenga ganas de seguir jugando.

Comienza el juego

Imaginemos que tu hijo elige jugar con una familia de tigres. Están en la selva tranquilamente, se bañan, juegan… Y les entra el hambre. Tu hijo en este caso, te ha dado un pájaro y decide entrar en confrontación robándole la comida. Decide entrar en el nido del pájaro y quitarle lo que tenía preparado para comer.

Trabajar las normas

La reacción del pájaro es importante. Si decides participar en el juego y permites esta conducta, le estás transmitiendo que quitar es una opción válida. Sería mejor una alternativa en la que el pájaro no le dejase entrar en su nido y mantuviese el discurso: “si quieres comida, yo te doy, pero tienes que venir suave y pedirla por favor. Si no, me vas a romper el nido, y eso no me gusta”. De este modo, le estás enseñando normas de convivencia a tu hijo. Le estás diciendo que no todo vale y que la forma de hacer condiciona el resultado.

Trabajar la empatía

Cuando el “episodio” de hurto de comida se hubiese solucionado, si quisiéramos trabajar la empatía, podríamos coger otro de los animales que el niño ha seleccionado para nosotros e incorporarlo al juego. Ese “tercer” animal, pongamos que es una tortuga, podría dirigirse a los tigres y proponer ir a preguntarle al pájaro si está bien y cómo se ha sentido.

En caso de que el niño no quisiese, no hay que forzar el juego. Siempre se puede contestar: “esperarme aquí, que voy a preguntarle yo y enseguida vuelvo y seguimos jugando, ¿vale?”. Y vas y le haces la pregunta al pájaro, cada cosa que hagas dentro del juego tu hijo lo atenderá, y lo aprenderá.

Trabajar la socialización

Pongamos que tu hijo está jugando con una familia de tigres y quieres incorporar al juego a otro animal para trabajar la socialización. Puedes hacer un modelado, dirigiendo el animal que has elegido hacia el grupo de tigres para preguntar “¿puedo jugar con vosotros?”. O incluso, podrías decir “quiero jugar con vosotros pero no sé cómo hacer porque no os conozco”.

De ese modo, el propio niño daría la respuesta a través de los tigres. Si es adecuada, se puede reforzar hablando por “boca” de “tu” animal con un “¡qué buena idea!”. Si su respuesta no ha sido tan adecuada cómo podría, repararlo pasaría por plantear una nueva “¿igual es mejor que os pregunte primero si puedo jugar?”.

Trabajar la vergüenza

Imaginemos que tu hijo aún no sabe gestionar bien la vergüenza y te apetece ayudarle con ello. Podrías proponer ir a comprar el pan para preparar la cena a los tigres diciéndole que tú no puedes. Una buena pregunta a dirigir a los tigres podría ser: “¿alguno de vosotros va a comprar el pan por favor?”. Tú podrías hacer la labor de panadera con otro animal para que tu hijo practique el “ejercicio”. En la medida en que sea capaz de hacerlo en el juego, empezará a ser capaz de hacerlo en la vida real.

Trabajar el miedo

Sigamos con la familia de tigres… Si una familia de leones comienza a seguir y acechar a los tigres… ¿Tu hijo qué hace? ¿Esconde los tigres? ¿Se escapan? ¿Se enfrentan a los leones? La manera de reaccionar de tu hijo dice mucho de cómo se sitúa ante situaciones de stress, de peligro o de miedo. Y tu forma de aceptar la respuesta o plantear una nueva, le enseña a tu hijo el mejor modo de proceder, que siempre pasa por enfrentarse a los conflictos de forma pacífica y a través del diálogo.

Nota: Las indicaciones de este artículo están pensadas para llevar a cabo con niños entre los 2 y los 6 años aproximadamente. Hay muchos matices que se pueden valorar y que interfieren en el juego y en la conducta, pero este es un “nivel básico de intervención”, que se puede hacer fácilmente desde casa de forma resolutiva. Algo que ayuda a disfrutar más del juego y a situarse mejor en él es camuflar la voz poniendo “varias voces”.

 

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