¿Cómo le enseñamos a elegir?

elegir el camino

Carmen, esa amiga de toda la vida desde que tengo uso de razón. A la que quiero con toda mi alma, pero que es indecisa. Y no me refiero a que a veces dude o no tenga las cosas claras, sino a que hay ocasiones en las que puedes llegar a ponerte “enferma” si no la conoces. Porque hay situaciones cotidianas del día a día en las que ella tarda en tomar decisiones, o cambia constantemente de opinión porque no tiene las cosas claras…

Es habitual en ella, por ejemplo, que en un restaurante pida una ensalada, y después de haberlo hecho, llame al camarero para preguntarle si es posible cambiar la comanda por spaghetti a la carbonara. O acompañarle de compras y tras mucho probarse, llevarse a casa un jersey que sé positivamente que al día siguiente irá de nuevo a la tienda a cambiar. Por no hablar de asuntos más delicados como un cambio de look que me aseguró el lunes que iría a hacerse el martes a la mañana, y que evidentemente no se hizo hasta no sé cuántos días después.

¿Por qué una persona puede tener esta dificultad para tomar decisiones?

Sencillamente, porque de niña no se le dio la opción de decidir cosas. La capacidad de decisión, hay que adquirirla en la infancia, porque siempre cuesta menos educar que reeducar. Así que, los niños pueden ser pequeños pero no tontos, por lo que, hay que ofrecerles y exponerles a situaciones en las que deban decidir. Inicialmente, no van a ser cosas de gran importancia. Con un año puede ser la elección de elegir los colores para pintar un dibujo o el llevar a la calle un patinete o un balón, con tres años se le puede ofrecer elegir entre fruta o bocadillo para la merienda, con cinco años puede elegir la mochila que compraremos para que vaya a clase y con siete se le puede dar la opción de elegir qué plato va a comer cuando vamos a un restaurante. De este modo, irá adquiriendo de forma paulatina la capacidad de decisión, y cuando crezca y tenga que enfrentarse a cuestiones más importantes como elegir un grupo de amigos, si quiere seguir estudiando o incorporarse al mercado laboral o incluso si va a probar drogas, tenga la capacidad de hacerlo de la forma más correcta posible.

Pero la vida está llena de decisiones diarias, y si bien, es verdad que generalmente un adulto tarda menos que un niño en decidir qué pan quiere comprar en la panadería, no le hacemos un favor no dándole la opción de elegir, porque es algo que tienen que aprender. El ofrecerles con ocho años el ir a la calle con jersey de pico o el de rayas, es algo que a los padres no nos va a influir en prácticamente nada, pero sí a nuestros hijos. Si desde niños tomamos las decisiones por ellos, no podemos pretender que con 18 años lo vayan a hacer sin dudar.

Evidentemente, las decisiones que deben de tomar, han de ser acordes a su edad. Para eso estamos los padres. Se sobreentiende que con seis años, nadie les debe de dar a elegir la hipoteca familiar o el modelo de coche que vayamos a comprar. Démosles desde pequeños la seguridad de que pueden hacerlo, e irán aprendiendo y desarrollando unos esquemas internos y la habilidad necesaria para tomar decisiones cada vez más complejas.

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8 comentarios

  1. Muchas felicidades Izaskun, en hora buena tus recomendaciones ya que tengo un pequeño de 2años 9meses, y seguiré leyendo tus artículos. GRACIAS!
    Saludos a toda la familia Valencia, un abrazo desde México!

  2. Un post muy interesante. Yo soy hija única y casi todo me lo han solucionado siempre de ahí que sea a veces tan indecisa y me cueste tanto tomar ciertas decisiones. A UNMF lo expongo a disyuntivas constantemente, por supuesto nada de importancia…para mí, pero si para él.

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