Cómo usar el termómetro emocional. Para que las emociones sean sus aliadas

Mamá, a veces siento mucha rabia por dentro.

Todos sentimos rabia, cariño.

Sí pero… no como yo. Yo siento más. A veces tengo tanto genio que luego no me acuerdo lo que he dicho, ni cómo lo he dicho. Ya lo sabes.

Sí, lo sé cielo. Se llama ira, rabia, frustración… Todos las sentimos cuando nos enfadamos y nuestras emociones brotan y salen sin filtros, sin frenos. ¿Sabes a quién le pasaba eso?

¿A quién Mamá?

A Elsa.

¿A Elsa? ¿De Frozen?

Sí, a Elsa de Arendelle. ¿Te acuerdas cómo hacía hielo cuando estaba feliz?

¡Claro! ¡Le salía muy bien Mamá!

Eso es, cuando estaba contenta hacía montañas y muñecos de nieve, hacía hasta castillos de hielo… pero… ¿qué le pasaba cuando se disgustaba o se enfadaba?

¡Le salía hielo por todas partes!

Sí, cuando no sabía dirigir sus emociones le salía mucho hielo. Le salía tanto y hacia cualquier parte, que podía hacer daño.

Sí Mamá, es verdad. Pero… ¿qué tiene que ver eso conmigo?

El hielo que lanzaba Elsa se ve. Pero hay un “hielo invisible” en cada uno de nosotros que acompaña nuestras emociones, nuestros sentimientos y nuestra forma de hacer y de decir las cosas.

 ¡Qué pasada Mamá!

 Cuando sientas esa rabia tan intensa y tan fuerte que dices, piensa en Elsa y acuérdate que aunque no lo veas, tienes la capacidad de lanzar ese “hielo invisible”, de conducir esas emociones como quieras. Y que la forma de conducir puede ayudar o hacer daño. ¿Te acordarás?

 ¡Claro! ¿Y eso me ayudará?

 Sí, te ayudará a darte cuenta de que está en tu mano manejarlo para que ayude y no dañe.

 ¿Y cómo puedo manejar mi “hielo”, mis emociones para que ayuden y no dañen?

Hay dos formas cariño. Una de ellas es el semáforo emocional. Y la otra me apetece contártela ahora. ¿Estás preparada?

 ¡Sííííííí!

¿Sabes qué todos nacemos con un termómetro emocional?

¡Mamá, eso no puede ser! ¡Yo no tengo un termómetro en mi tripa!

¡Claro que no! Sólo lo vemos cuando pensamos en él porque lo necesitamos. ¿Quieres que te enseñe el tuyo?

¡Sí, sí!

El termómetro emocional

Aprender a dirigir y gestionar las emociones no siempre es fácil. De hecho hay adultos que aún no lo hacen de forma adecuada. Muchos niños pueden tener dificultades en manejar su frustración y en canalizarla correctamente pudiendo darse situaciones poco agradables. Él termómetro emocional es una herramienta de ayuda para guiar en el aprendizaje de la gestión emocional.

Cómo hacer un termómetro emocional

Es importante que lo hagas con tu hijo, no sólo porque es un modo de lograr una mayor implicación por su parte, si no porque mientras lo construis, vas a tener acceso a descubrir un mundo interno tan íntimo que no puedes dejar pasar esa oportunidad de compartir cosas importantes con él.

Lo primero que hay que hacer es elegir las emociones que se quieren trabajar. Para ello, podemos apoyarnos en el “Emocionario”  de forma que el niño pueda identificar las emociones que más dificultades de gestión le generan. Esto nos permitirá mejorar su inteligencia emocional y priorizar en varias porque hay tantas, que no conviene intentar enseñar a gestionar todas a la vez.

El termómetro emocional sirve para dar estructura emocional al niño por lo que es importante que a la hora de elaborarlo respetes sus ritmos. Eso te dará garantías de que asimila e interioriza el contenido y de que pueda sacar el máximo rendimiento de la herramienta.

Es conveniente que responda a las preguntas: ¿qué siento? y ¿cuál es la forma adecuada de expresarlo?. Centrarnos en cómo debería ser y no en cómo es la respuesta, pemitirá reconducir la actitud de forma positiva y sin culpabilizar al niño.

Mientras se trabaja con él, es preferible colocar el termómetro emocional  en un lugar visible que le facilite al niño un acceso rápido en caso de necesitarlo y un recordatorio constante sobre el modo correcto de proceder.

Este termómetro no refleja grados si no emociones que varían de color
dependiendo de la intensidad con que se siente. Si queremos trabajar la tristeza, la alegría, la irritación y la ira por ejemplo, se podría plantear de este modo: 

Puedes transmitir a tu hijo que si entrena, puede pasar de una emoción a otra con facilidad. Elegir su estado emocional. Ayúdale a que visualice un ascensor que sube y baja por el termómetro visitando diferentes emociones. Cuando percibas que está sintiendo una emoción que puede gestionar mejor, recuérda el termómetro emocional que habéis trabajado. Es una forma respetuosa y eficaz de ayudar a tu hijo a gestionar sus emociones. Llegará el día en que el recordatorio no sea necesario.

Ejemplos de entrenamientos con el termómetro emocional

 Siento alegría. ¿Cómo lo expreso? Sonrío, canto, bailo, juego, hago bromas. Lo digo con palabras y con el movimiento.

Siento tristeza. ¿Cómo lo expreso? No hago bromas, estoy serio, lloro, busco compañía de quién me quiere.

Siento irritación. ¿Cómo lo expreso? Respiro profúndamente, me siento a leer un cuento, pinto, hago deporte, bebo agua, pongo música que me ayude a relajarme.

Siento enfado. ¿Cómo lo expreso? Hago respiraciones profundas, lo digo cuidando las palabras, pongo música para relajarme, pienso en cosas bonitas, juego a algo que me guste,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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