Consigue que tu hijo sea fuerte de corazón

Mamá… ¿tú crees que soy fuerte?

Claro, eres muy fuerte.

¿Y cómo lo sabes?

Lo sé porque te conozco.

Pero en mi clase hay muchos niños que tienen más fuerza que yo.

Pueden tener más fuerza. Pero no son más fuertes. La fortaleza no se ve, se siente.

Los niños tienden a medir la valía y la capacidad de las personas por su fuerza, por su fortaleza física. Frases como “mi padre es más fuerte que el tuyo” o “yo tengo más fuerza que tú” son habituales en conversaciones infantiles. Es una fase que hemos entendido como dentro del desarrollo normal de los niños, pero si queremos darles más, si queremos que lleguen a más, es una fase que hay que completar.

Es mejor intervenir que dejar que tu hijo crezca con la idea de que la fuerza física va ligada a la valía personal. Podemos hacerlo mejor, darles más, explicarles que hay mucho más y que una persona fuerte puede serlo por fuera, pero también debe serlo por dentro. ¿De qué me sirve educar a mi hijo con recursos para defenderse físicamente, si cuando alguien le “toque” el corazón no va a tener herramientas para protegerse?

¿Qué es ser fuerte?

Ser fuerte es saber pedir ayuda cuando se necesita, es llorar y atreverse a hacerlo, es escuchar y escucharse. Ser fuerte es conocerse. Fuerte no es quien no se cae, si no quien sabe que se levantará. Eso es ser fuerte.

Fuerte es quien sabe lo que vale, quien tiene recursos y quién sabe ver y valorar lo bueno de la vida, es quien sabe emocionarse, quien sabe que la vida tiene cosas que nos gustan y que no. Fuerte es quien se atreve, quien se levanta en calma cada día pero también quién sabe volver a ella cuando no es así. Eso es ser fuerte.

La fuerza interior no se ve, pero es la que nos mueve, la que nos hace soñar, la que nos hace sentir, la que nos hace llegar y la que nos hace emocionarnos.

¿Cómo enseñar a ser fuerte a un niño?

1- Enséñale a ser resolutivo

No abras un paquete por él, si crees que puede hacerlo. No cortes un papel por él, si crees que puede hacerlo. Déjale sentirse útil, sentirse capaz. Déjale darse cuenta de que puede hacerlo. Aunque eso implique necesitar más tiempo.

2- Enséñale a pedir ayuda

Ayúdale cuando realmente le haga falta, no cuando lo pida. Háblale de sus avances, de sus capacidades, de sus puntos fuertes. Explícale la importancia de pedir ayuda sólo cuando se necesita. Le estarás dando autonomía y enseñando lo que es capaz de hacer.

3- Enséñale a esforzarse

Enseña a tu hijo que la suerte no llega sola, si no que hay que recorrer un camino para llegar a ella. Enséñale a buscarla. Reserva los regalos para días señalados y no abuses de las recompensas cuando no ha habido un esfuerzo previo. No premies “porque si”. Enséñale a tener convicción, a seguir sus sueños y a esforzarse por ellos.

4- Enséñale a no rendirse

Explícale que las cosas no siempre salen a la primera y que eso no significa que no puedan conseguirse. Refuerza esta idea cuando meta una canasta después de varios intentos o cuando queda satisfecho de haber conseguido algo que en principio no le parecía posible.

5- Enséñale a parar sin avergonzarse por ello

Todos necesitamos parar, necesitamos de vez en cuando “resetear” la mente y el cuerpo. Hacer un descanso, coger aire, respirar hondo y ser capaz de tomar distancia para fortalecerse es de personas inteligentes. De personas mentalmente sanas y fuertes. Dale permiso para hacerlo. Enséñale que la perspectiva y la calma son necesarias.

6- Enséñale lo que vale

No alabes sus logros, si no su capacidad. Educa en el “si puedes”, en el “vales mucho”, en el “puedes hacerlo”. Cuenta con él, pídele su opinión, valora sus ideas. Enséñale lo que crees en él y creerá en él mismo. Hazle saber que puede llegar donde quiera y llegará. Enséñale que es grande y sabrá que es grande. Dale confianza y autoestima y déjale darse cuenta de lo que vale.

7- Enséñale que no está sólo

Dale apoyo, dale tiempo, dale disposición. Dale cariño, dale incondicionalidad y hazle saber que pase lo que pasa, eres “casa”. Que pase lo que pase, estás “aquí”. Todos necesitamos alguien que nos quiera sin condición.

8- Enséñale a emocionarse

Da valor a sus emociones y hazle saber que todas valen, que todas suman y que todas ellas le hacen mejor persona. No ridiculices lo que siente ni le quites importancia a una sonrisa, a una lágrima o a un enfado. Todos ellos cuentan, todos ellos enseñan y le hacen mejor si tú se lo haces sentir así.

 

El mayor ejemplo para tu hijo eres tú

 

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