Contener la ira de tu hijo. Soluciones

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 ¡Que levante la mano a quien le ha pasado esto alguna vez!

Hoy hemos ido de compras al supermercado. La primera parte de la tarde ha ido bastante bien, y reconozco que hemos metido en el carro algún “capricho” más de la cuenta. Pero nos ha tocado esperar en la charcutería y después de las primeras “gracias”, la espera ha empezado a hacerse larga.

 

Larga para todos, pero para mi hijo mucho más larga. Sobre todo, si tenemos en cuenta que además me he encontrado con una amiga que no veía hace mucho tiempo… El caso es que me he entretenido más de lo que pensaba, y se ha juntado que se ha hecho más tarde de lo habitual y que mi hijo se ha puesto en plan ” toco todo”. Con apertura de geles de ducha incluida. Así que hemos acabado en ese punto de llamarle la atención en público.

 

Al llegar a casa tenía la siguiente “escena”: yo con las manos llenas de bolsas y mi hijo en uno de esos momentos en que su frustración, por no haber disfrutado de la tarde y por no haberse sentido entendido, ha llegado a su punto álgido. Se lo veía en la cara. Estaba en posición “enfado máximo”.

 

Pero era tan tarde, y con las prisas de baño, cena y cama… a mí ya me ha entrado el “acelere”. Y mi hijo, se ve que no estaba para ese cambio de ritmo “repentino”. Así que nos hemos “encontrado” y el choque ha sido… ¿inevitable?

 

Hemos terminado riñendo, con lloros… Una pena.

¿Cómo resolver la situación cuidando el bienestar emocional del niño?

Un niño que llega a casa con una irritación  elevada, necesita unos minutos para poder tranquilizarse. Necesita unos instantes de paz, de encontrar la seguridad de su casa, con sus cosas. Un niño que está con el “ánimo encendido” no está para que le exijas, está para calmarse.

No es necesario hacerlo explícito porque a veces, si cuando estás a punto de “explotar” te dicen: “te noto irritado”, puede ser la gota que “colme el vaso”. Es más eficaz, darle unos instantes acompañando a través de la música con alguna canción que le guste, y “contagiar” sonrisas y buen humor.

¿Qué pasa si la irritación no baja?

A veces nuestra forma de actuar provoca que la irritación vaya en aumento. Puede ser por acción, como por ejemplo, eligiendo una frase que -ironía on- “ayuda mucho” en estos casos como “vete a recoger tu cuarto”.

Cuando la rabia  nos “crece por dentro”, no hay persona que pueda recoger nada. No es cuestión de edad, si no de emoción. Quien se sitúa en la rabia, no está para dar, si no para recibir. Recibir cariño y recibir amor.

 ¿Cómo parar este momento de ira?

 Puede ocurrir que la situación vaya a “mayores” y el niño coja lo primero que tiene delante por impulso. Pongamos… el mando de la tele.

Si tendemos a decirle “no lo tires” en plena “crisis de frustración”, la probabilidad de que lo haga aumenta de forma considerable. Y además, si lo hace se juntará con el “no me ha obedecido”.

Obedecer en crisis requiere práctica y un auto control elevado, por lo que, es conveniente prescindir de frases que el niño no está en momento de asumir. Es preferible utilizar distractores como: “ay, qué bien que te acuerdas de que no le van bien las pilas. ¿Me ayudas a mirar si ya funcionan o si hay que cambiarlas?”.

 ¿Qué hacer si no ha sido posible parar la ira?

Si con eso te ha servido, enhorabuena. Si no ha sido así, y tu hijo lo ha tirado al suelo porque no te ha dado tiempo a contener la acción de forma respetuosa,  sin utilizar la fuerza…

No le digas “no lo tires que puede hacer daño”. No le des el “poder de dañar” porque no está preparado para ello. Ni debe estarlo jamás. No le muestres que dañar es posible (si quieres saber más sobre porque no darle el poder de dañar pincha aqui). Apóyate en tus emociones, expresa tu disgusto, tu pena y tu malestar pero sin acusar. Verbaliza “vaya, ahora está roto y no podremos ver la tele”. Intenta que repare la acción, cuando pueda, cuando esté preparado.

Puedes ayudarle a recogerlo, a ponerle las pilas, a repararlo… Todo en la medida de sus posibilidades y de su edad. Pero también puedes recogerle a él. Porque cuando un niño pasa a la acción… ya se ha “roto” por dentro. Entonces necesitas “recomponer” y reparar antes de explicar.

 Después de explotar, llega la calma ¿qué hacer para que salga fortalecida su inteligencia emocional?

Ahora toca reparar su dolor, cuidar su corazón. Escuchar, abrazar y estar. Cuidando, entendiendo y explicando con la palabra desde el cariño y la incondicionalidad lo que es aceptable y lo que no lo es.

Toca mostrar estrategias alternativas y adecuadas, trabajar en ellas. Sin prisa pero sin pausa. Hablarle del semáforo emocional  y ayudarse de cuentos, de marionetas y de cojines pero sobre todo del amor, la paciencia y la empatía.

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6 comentarios

  1. Hola!!!! Qué complicado. Yo pude quedarme en casa cuando mis hijos eran pequeños y no tuve muchas situaciones así porque esas cosas las hacía mientras estaban en el cole, y en verano, aunque los llevaba, se aprovecha el día de otra forma pero lo que expones es una situación que se da muy a menudo y me gusta mucho como lo enfocas, y además sirve también para esas rabietas que sí que he tenido, en mi caso sin motivo, al menos para mí, seguro que ellos si lo tenían.
    Un besito.

  2. Mi rubio no es mucho de rabietas ni situaciones desbordantes, pero creo que es porque ha llegado un punto en que sé anticiparme y eso es fundamental. Lo que mejor nos va es cambiar el chip y no mostrar acelero ni nerviosismo si veo que la situación puede ser diferente a lo que está acostumbrado.

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