Cuentos, lo que no te han contado

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Los momentos que dedicamos a contar cuentos, tienen un valor tan grande y tantos beneficios para nuestros hijos, que merecen ocupar un lugar importante en nuestra vida. No se trata sólo de favorecer la afición por la lectura o de cultivar la imaginación y la creatividad. Son mucho más, ya que, ayudan a fomentar y mejorar la calidad del vínculo y la interacción entre padres e hijos, a la vez que les proporcionan herramientas de resolución de conflictos y les transmiten seguridad. En realidad, pueden mejorar casi todos los aspectos, incluyendo la autoestima, el autoconcepto y las relaciones sociales, porque no tienen límites reales, sino imaginarios. Todo esto, repercute de forma positiva en un niño más sano y equilibrado a nivel emocional.

En pocos años, ha habido una gran evolución en los cuentos y actualmente, hay un gran mercado que nos permite elegir según las necesidades de nuestros hijos en cada momento. Es decir, si por ejemplo, observamos que a nuestro hijo le cuesta recoger sus juguetes, optaremos por un cuento donde el personaje tiene todo desordenado y cuando quiere buscar sus calcetines no los encuentra. También podemos canalizar su miedo a los pediatras en personas que nos ayudan, nos curan y cuidan de nosotros. Para ello, se pueden utilizar cuentos que recogen ciertos matices emocionales, sin dejar de lado los cuentos clásicos, ya que, ambos tipos son complementarios y convenientes.

Elegir y acertar qué contamos es necesario, pero el modo en el que lo hacemos es casi igual de importante. Las pausas, los gestos y los sonidos, nos pueden ayudar a mantener la atención de nuestros hijos y a dar más énfasis a alguna parte concreta que nos interese reforzar. No es lo mismo realizar una lectura con un tono de voz uniforme: “El lobo tocó la puerta y como no le abrían comenzó a soplar”, que decir: “¡El lobo, tocó la puerta!”, mientras golpeamos con los nudillos en algún lugar cercano que emita sonido, “Y como no le abrían… ¡comenzó a soplar!” y repetir el soplido varias veces gesticulando y poniendo cara de enfado.

Narrar interpretando y poniendo voces diferenciadas para identificar a los personajes, es algo que a los niños más pequeños les encanta, y que favorece el aprovechamiento de todos los matices que los cuentos nos posibilitan para interactuar con nuestros hijos y trabajar sus emociones, por lo que esta forma de narrar un cuento, va a permitir que nuestro hijo se sienta más atraído por la historia, que se identifique más con el personaje, que capte el mensaje con mayor profundidad y que se fomente el gusto por la lectura.

Los cuentos pueden ser físicos o incluso táctiles, y también pueden ser inventados utilizando la imaginación para crear, lo que a mí me gusta llamar, “cuentos de voz”, que son una gran herramienta para los padres, porque nos permiten trabajar aspectos específicos con nuestros hijos que difícilmente podemos encontrar en otros cuentos en el momento preciso que lo necesitamos. Además, nuestros hijos pueden colaborar en la narración, dándonos “pinceladas” que nos ayuden a valorar cómo está sintiendo, lo cual facilitará que nuestra respuesta sea más acertada.

Conviene practicar y realizar un pequeño esfuerzo para poder ofrecer a nuestros hijos ambos tipos de cuentos, ya que cada uno aporta cosas diferentes pero enriquecedoras. El momento de acostar a los niños, es idóneo para transmitir la “magia” de los cuentos, porque en el sueño se procesa y asimila la información recibida durante el día, por lo que es muy eficaz para tratar de forma implícita situaciones cotidianas que a lo largo del día nos esté costando más trabajo resolver.

Debemos tener en cuenta la edad de nuestros hijos, pues un niño de dos años, puede preferir que realicemos una narración de los dibujos, mientras que un niño de cinco años, puede mostrar más curiosidad por el contenido de las letras. Entender y escuchar las necesidades y demandas de nuestros hijos, nos hará acertar en la mejor manera de aprovechar estos momentos.

Los cuentos clásicos, merecen una mención especial, ya que, tienden a utilizar personajes malvados y heroicos, siendo estos últimos los vencedores de las historias que suceden. La explicación y recomendación es clara: los protagonistas que representan el mal, deben de morir, pues nuestros hijos conectan y vuelcan en ellos sus miedos e inseguridades por lo que es conveniente que una bruja mala caiga en un agujero, vaya a la cárcel o muera. De este modo, nuestros hijos entenderán que “el mal no anda suelto” y se sentirán más seguros y capaces de enfrentarse a sus temores. Además, entenderán que las cosas se consiguen actuando bien, con valores morales y humanos y que la maldad no aporta nada positivo.

Hasta los 6 o incluso los 7 años, los niños no diferencian la dualidad de que una persona pueda ser “buena y mala” realizando actos correctos y equivocados. Hasta ese momento, entienden la información de forma más extrema y quien es bueno lo es “del todo”, y quien es malo, es “malo malísimo”. Por tanto, es correcto y necesario que los cuentos en los que los personajes están tan claramente diferenciados, dejen los miedos “bajo tierra”, para que nuestros hijos conecten con ellos en su mundo imaginario y lo trasladen a la realidad haciéndoles más fuertes.

Hazle vivir la magia de los cuentos.

 

¿Cómo “vives” los cuentos con tus hijos? ¿Hay alguna estrategia que te sirva y quieras compartir? ¿Nos la cuentas?

 

 

 

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7 comentarios

  1. Hola!!!!! Yo soy fanática del momento cuento con los niños. Los míos ya son grandes pero tuvieron muchísimos y los conservo todos porque si algún día ellos tienne hijos es la mejor herencia; los libros.
    Nosotros hemos tenido de todo tipo pero tengo 4 que fueron nuestros preferidos.
    Unos eran de una colección de Teo y había que identificar en las ilustraciones objetos que no correspondían. Teníamos varios y en el de la playa, por ejemplo, en un dibujo de la familia bañándose en el mar ponían un pato nadando, no ponían un avión en el agua ni cosas raras, un pato entre las gaviotas no se distingue tan fácil y obliga al niño a fijarse por lo que es una actividad que ayuda al desarrollo.
    Otros eran para aprender las horas, tenían un reloj con manecillas que el niño las iba moviendo y una familia de osos realizaba actividades, a las 8 se levantaban, a las ocho y media desayunaban, a las nueve lavaban los dientes, y así hasta la hora de acostarse.
    Los otros eran unos táctiles, eran de animales, se aprendía un montón y el pelo de los animales era piel sintética que imitaba el pelaje de verdad, la cebra rayas, el guepardo manchas…eran geniales.
    Y el último, era unlibro con cuentos para dormir ordenados por duración, 3 minutos, 5 minutos y diez minutos(era estimada, claro) y yo se los leía según el tiempo. De lunes a jueves en invierno leía los de tres minutos porque al día siguiente había que ir al cole, el de 10 minutos lo leía los viernes y sábados y el de cinco tocaba el domingo porque hay más tiempo que por semana pero al día siguiente se madruga. Lo mejor era que si querían uno largo por semana ellos mismos iban al baño a lavar los dientes y demás más temprano para que se lo leyese, y ese interés a mí me parece genial.
    El resto de cuentos también eran geniales pero estos eran los más recurrentes y que leíamos a todas horas.
    Un besito y menudo rollo te he soltado, pero es que es un tema que me interesa muchísimo y son unos momentos geniales, yo siempre recuerdo cuando mis padres me los contaban, son cosas que quedan para siempre.

    1. Hola Marigem!!
      Ningún rollo, no te preocupes!! Me encantan las aportaciones!! La verdad es que es un gusto poder aprovechar y disfrutar estos “momentos de cuento”, que dan tanto, que quedan para toda la vida. Gracias por pasarte y compartir tu experiencia. Un abrazo!!

  2. Me ha encantado tu post y es que yo creo que los cuentos forman una parte muy importante de nuestro día a día.
    Mediante la lectura de cuentos reforzamos nuestro vínculo, pero también como dices aprendemos mucho con ellos y nos sirven en muchos casos de excusa para poder hablar de otros temas.

  3. Me encanta contarle cuentos, escritos o inventados. Y a el es algo que le gusta también jejej. Yo no recuerdo que a mi me los contasen, la verdad es que diría que no lo hacían.
    Ahora mismo hay cuentos para todo, de emociones, para aprender, para jugar… el catalogo es inmenso, y nosotros ya tenemos una buena biblioteca 😉

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