Trucos para que haga los deberes de verano

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Sube a hacer los deberes. ¡Sube! dijiste en tono firme. Y subí. Protesté un poco pero finalmente claudiqué y subí con la cabeza gacha, como si me hubieran puesto dos kilos de ladrillos en cada hombro. Esperando que mientras lo hacía, entendieses que estoy de vacaciones y que necesito jugar y moverme en libertad. Pensando que te darías cuenta que durante el curso, he respetado cada norma y he permanecido horas sentado en clase sin poder moverme y que sabrías que me cuesta porque no lo entiendo.

 

Quizás el entendimiento llegó, aunque no sé si antes o después de dejarme claro que  “es por mi bien”. Y me invadió la pena, me llené de tristeza y me dijiste: ¿por qué no estás leyendo?. Me hubiera encantado contestarte: “no puedo… sé que no me va a salir”. Pero pensé en ti… y no lo hice. Y seguí pensando que te darías cuenta y que buscarías la manera de que lo entendiese. Pero eso no fue así.

 

Y llegó el momento de responder sobre la lectura, y no dí ni una porque no lo entendía. Te pregunté tres veces qué significaba “estruendo” porque no lo sabía, porque mi boca leía pero mi cabeza no lo hacía. Y te enfadaste tanto que me gritaste: “¿te estás riendo de mí? ¡no te vas a reír de mí! ¿Qué es lo que no entiendes? ¡Te he explicado tres veces  lo que es ‘estruendo’! ¡Ya te puedes poner las pilas porque no sales de casa en todo el día!”.

 

Y me sentí ignorado, humillado y poco entendido. Y pensé si realmente era “por mi bien” y… no hallé respuesta. ¿Has intentado leer cuando tienes algo en la cabeza? ¿Cómo lo consigues? Si entendieras que no es que no quiera y por eso me cuesta, si no que me cuesta porque no lo entiendo… todo sería más fácil.

 

Si entendieras que no sólo es que no me centré y por eso no me sale, si no que no me sale, y por eso no me centro… todo sería más fácil. Si entendieras que me llevas años de ventaja y que hay cosas que aún tengo que practicar y aprender para mejorar… todo sería más fácil. Si entendieras que necesito jugar y que se puede aprender jugando… sería más fácil para tí y para mí.

 

Pensar que a un niño se le puede “poner en off” su estado emocional y que por el simple hecho de indicarle que debe hacer deberes en periodo estival, lo va a hacer de forma eficaz y con una sonrisa, es como pretender que sea un “niño robot”. Unos lo harán con más ganas que otros, pero lo sano y natural es que tu hijo prefiera jugar que hacer deberes.

En la vida de un niño, cada emoción cuenta, y es tan fácil dañarle que deberíamos tener presente que la forma en que nos dirigimos a él condiciona el resultado final. Un niño que es obligado a hacer deberes por imposición, que le cuesta y que no recibe ningún estímulo ni refuerzo positivo por ello y que no se valora su esfuerzo, es un niño con gran posibilidad de desarrollar una alta frustración y una baja autoestima, y con un elevado riesgo de absentismo y abandono escolar.

Es necesario motivar a nuestro hijo en la tarea, y hacerle saber que creemos en lo que hace y que sabemos que lo puede hacer bien, porque hay que enseñarle lo que vale para que él lo vea también. Es importante que le transmitamos que estamos ahí con él apoyándole. Una forma emocionalmente positiva de haber gestionado la situación habría sido: “cariño, ¿hoy vas a leer a la mañana o a la tarde?”. De este modo, le estamos dando la opción de elegir el momento y sobre todo, de prepararse emocionalmente para hacer una actividad que es posible que no le apetezca realizar.

De esta manera, eliminamos el factor sorpresa en el que “mi madre de repente me manda a hacer deberes y tengo que dejar de jugar”. Llegar a consensos sobre las gestión del tiempo es conveniente, si queremos enseñarles a ser responsables y si deseamos mostrarles respeto por el modo en que se organizan.

Darle la opción de elegir un horario para leer, aumenta la probabilidad de que esté predispuesto a hacerlo y de lograr un mejor resultado y un mayor nivel de comprensión. Un niño que no tiene la presión del castigo, ni de su madre preparada para recurrir al grito autoritario si no que sabe que el diálogo siempre estará abierto, puede situarse en una emoción más cercana a la calma, lo que le permitirá estar receptivo para realizar la actividad con éxito.

Un niño que tiene unos padres que le expresan cariño diciéndole “hoy toca una lectura divertida, de un mago. ¿Me la lees a ver si aprendemos algún truco de magia?”, es un niño que tiene más opciones de empezar la lectura con una sonrisa porque se siente entendido y respetado. Compartir tiempo con él y enviarle el mensaje de “vales mucho y me importa lo que haces porque te quiero”, es una forma de nutrir para que crezca emocionalmente sano.

Si tu hijo siente que se respeta su estado emocional y que se le da tiempo cuando lo necesita para poder iniciar la tarea desde una emoción facilitadora, tendrá la oportunidad de aprender a gestionar y reconducir sus emociones. Un niño que pregunta por segunda vez lo mismo, y recibe la respuesta cogiéndole la mano, mirándole a los ojos y poniendo un ejemplo, es un niño que tiene mayor probabilidad de realizar un aprendizaje significativo, sin esfuerzo y estable en el tiempo.libros verano deberes

El estado emocional es importante, tanto que deberíamos dedicar el momento previo a realizar una actividad, a lograr un ambiente tranquilo y de confianza en el que el niño sienta libertad y tranquilidad. Este será un modo de posibilitar que pueda preguntar y leer con la mente centrada en la tarea y no en la repercusión que tendrá el resultado de lo que haga.

Pero aún podemos hacer algo más para motivar la lecto escritura este verano, porque con los niños, ir de frente puede no ser la mejor manera:

1/ Nombrarle encargado de realizar la lista de la compra a medida que vayamos necesitando productos, es una forma de motivar la escritura y la responsabilidad de la tarea.

2/ Hacer junto a él una “baraja de cartas” con cartulinas y rotuladores de colores en las que aparezcan las letras de forma repetida, puede ayudarnos a mejorar la creatividad, la grafía de la escritura y a aprender las letras.

3/ Jugar a la búsqueda de parejas con las cartas que hemos confeccionado puede ser un buen modo de mejorar la visualización, la memorización y el aprendizaje de letras.

4/ Utilizar las cartas que hemos preparado para adivinar palabras en las que uno propone y deja a la vista la primera y última letra, puede ser un modo de estimular la imaginación y de practicar la lectura.

5/ Proporcionar tizas a tu hijo, y plantearle juegos de letras en el suelo como las adivinanzas, es algo que suele gustar a los niños y que facilitará que a modo de juego vaya interiorizando y se vaya familiarizando con el uso de las letras.

6/ Proponer un juego de rimas que se puede hacer de forma verbal o escrita, ayudará a la rapidez mental y a que tu hijo adquiera vocabulario y se acerque cada vez más al uso del lenguaje.

7/ Aprovechar los trayectos en coche para jugar a las palabras, donde se propone utilizar la letra final de la palabra anterior para construir una nueva de forma que si yo digo “árbol”, el niño debe de buscar una palabra que empiece con “L”, ayudará a que nuestro hijo desarrolle una mayor rapidez y agilidad mental y a que amplíe su vocabulario.

8/ Pedirle que nos lea un anuncio publicitario cuando vamos por la calle o alguna etiqueta cuando vamos de compras, es otra de las formas en las que estamos posibilitando que nuestro hijo se familiarice con la lectura y la practique.

“El mundo está lleno de posibilidades y de cosas alternativas que se pueden hacer para ayudar a tu hijo. Sólo hay que intentarlo”

 

 

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