¿Me dejas que sea responsable?

niño responsable

Mamá, no soy perfecto, ni pretendo serlo. No soy el más guapo, ni el más listo, ni el más alto. Pero… no se necesita todo eso para ser feliz.

Para ser feliz, te necesito a mi lado, pensando que soy lo mejor que te ha pasado en la vida, necesito que me quieras tanto, que me hagas ver, que merezco la pena, necesito que me abraces cada día, y que me enseñes a levantarme cada vez que me caiga. Necesito que me enseñes, que todo lo que siento, forma parte de mí. Necesito que tengas ganas de volver a casa cuando no estás, necesito que tengas ganas de escucharme, de mirarme. Necesito que me sonrías, que me entiendas, y necesito que me aceptes, aunque yo no siempre sea…como tú quieras que sea.

 

Y aunque a veces eso te duela, te seguiré necesitando. Necesitaré que me enseñes muchas, muchas cosas, también necesitaré escuchar, lo que a veces no apetece y tanta falta hace, y necesitaré aprender a equivocarme. Necesito que me dejes equivocarme. Necesito descubrir, y entender la vida. Necesito, saber, que aunque las cosas no salgan bien a la primera, lo harán a la segunda, o si no a la tercera, y que si no puede ser, no será. Necesito saber que soy capaz de intentarlo y que puedo hacerlo. Y necesito saber, que estarás conmigo cuando lo necesite. Pero para todo eso… Mamá… déjame equivocarme. Déjame ser responsable.

 

Queremos tanto a nuestros hijos que nos gustaría que tuvieran una vida feliz y perfecta, en la que no hubiera sufrimiento, ni dolor, ni grandes preocupaciones, y en la que las sonrisas les acompañasen cada día. En esa ilusión es fácil querer darles tanto, que nos equivoquemos de posición yendo delante de ellos, y no detrás.

Los niños necesitan aprender a equivocarse, necesitan derramar agua para saber recogerla. Una madre que no deja servir sopa a su hijo porque entiende que si lo hace se le va a caer, está mandando a su hijo el siguiente mensaje: “no te dejo servir sopa porque no eres capaz de hacerlo”. Una madre que no deja lanzar la caña de pescar a su hijo, le está diciendo: “no vas a poder hacerlo bien”.

Equivocarse es bueno porque nos hace mejorar nuestras destrezas y nos enseña, que aunque las cosas no siempre salen bien a la primera, debemos intentarlo de nuevo. Los padres tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos todo lo que valen. Unos padres que se anticipan a cada movimiento de su hijo, y que ante el temor de que se rompa algo, le cortan la iniciativa y la espontaneidad cuando este quería poner la mesa para darnos una sorpresa, le están mandando el mensaje: “no lo hagas, no confío en que lo puedas hacer bien”.

Si quieres que sea responsable no te anticipes, deja que se equivoque

Si no aprendemos a equivocarnos de niños… ¿Qué pasará cuando nos equivoquemos siendo adultos? Una persona que no ha sido expuesta a sus propios errores siendo niño… ¿cómo se atreverá a empezar un trabajo nuevo sin sentir miedo? Un niño al que no se le da la opción de equivocarse con sus deberes, ¿cómo tolerará  si la equivocación viene en la universidad o el instituto? Un niño que no ha sentido miedo ante un tropiezo inminente cuando aprende a patinar… ¿Cómo será capaz de gestionar sus emociones cuando tenga que conducir por primera vez? No te anticipes, no pierdas la ocasión de enseñarle a responsabilizarse de sus actos y sus decisiones.

Todos necesitamos practicar para aprender, para sentirnos preparados. Los padres debemos ir justo detrás de nuestros hijos para ver de cerca sus movimientos y ser capaces de intervenir ante un riesgo, aplaudir ante un acierto, y recoger y reparar cuando ha habido un error. Debemos de enviarles mensajes positivos, que contribuyan a aumentar su autoestima y auto concepto con frases como: “¿quieres servir tú la sopa? Vale, empieza echando poco a poco y ya verás como cada vez te saldrá mejor”, “¿vas a poner tú la mesa? ¡Qué bien! Acuérdate de no llevar muchas cosas a le vez para que puedas agarrarlas bien”, “todavía me acuerdo de las primeras veces que eché la caña de pescar”…

Si decide tu hijo y se equivoca, se hará responsable

La felicidad de nuestros hijos implica que, siempre que no haya un riesgo y que respeten las normas, puedan tomar sus propias decisiones y hacer las cosas con criterio propio. Aceptar que no tienen por qué ser como nos gustaría que fueran, sino como son, forma parte del trabajo personal que debemos hacer como padres, porque sentirse aceptado y querido por cómo eres, es una parte fundamental, para el bienestar emocional de nuestros hijos.

Quizás hemos soñado con un hijo que no fume, que no beba, que no tenga tatuajes, que sea deportista, que estudie una carrera universitaria, o incluso que sea heterosexual. ¿Y si no es así? ¿Y si en la adolescencia nos regala uno o dos tatuajes, o nos dice que fuma y que tiene una pareja que no nos gusta? ¿Le vamos a querer menos? ¿Nuestra frustración ante el choque entre nuestras expectativas y la realidad, va a dificultar la relación con nuestro hijo?

Te puedes disgustar, o sentir miedo ante el cambio, pero si le quieres, si le has enseñado que se puede equivocar y rectificar, que sus actos tienen consecuencias y le has transmitido a lo largo de los años, el valor de la responsabilidad, le vas a querer independientemente de cómo vista o de cómo sea. Acompáñale cada día, con sus aciertos, y sus equivocaciones, con su forma de hacer y de ser, acéptale y te aceptará también. Respétale, y te respetará también.

 

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8 comentarios

  1. Hola. Me ha gustado. Efectivamente tienes razón porque en muchas ocasiones no les dejamos experimentar y equivocarse. Un besazo.
    Por cierto.me ha gustado el email semanal que me enviáis desde que me he suscrito al blog

    1. Hola Nerea!!
      Qué bueno que te haya gustado!! A veces nos anticipamos, por intentar protegerles, pero siempre es bueno que haya un equilibrio, para no interferir en su experimentación y aprendizaje. Un abrazo y gracias por tu comentario!!

  2. Yo estoy probando eso hace un tiempo, pero mi duda es, hasta cuándo hay que dejar que se equivoquen? Cuanto van a tardar en alcanzar la madurez? Por ejemplo, dejar que repitan curso un año tras otro?

    1. Hola Vevana!!

      Todo en su equilibrio… Un niño que está teniendo dificultades en asimilar el contenido académico, o en llevar el ritmo del resto de la clase, merece ser valorado con detenimiento, ya que, puede no ser una equivocación, sino un problema que requiere un mayor apoyo para solucionarlo.

      No es lo mismo dejar que lleve una redacción escrita de forma mejorable, pero que precisa una valoración por parte del docente, que un curso entero.

      Cuando hay muchos acontecimientos puntuales consecutivos, a veces dejan de ser hechos aislados y se convierten en un conjunto creando una situación. Si necesitas hablar algo más sobre este tema, te invito a utilizar el email. Un abrazo!!

  3. Que maravilla de post Izaskun! Es verdad que a veces el miedo, nos impide permitirles equivocarse. Acompañarles, sin juzgar, sin imponer… Y respetando sus ritmos no siempre es fácil, pero la recompensa de ayudar a nuestros hijos a ser personas autónomas y responsables merece la pena!! Un saludo y enhorabuena por tu blog.

    1. Hola Beatriz!!

      Totalmente de acuerdo con tus palabras, y con la importancia de acompañar sin invadir, sin pisar, sin juzgar ni valorar, sino respetando, y entendiendo, que todo aprendizaje lleva un proceso, y necesita su espacio y su tiempo.

      Me ha encantado tu visita, un abrazo, y gracias por tu comentario!!

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