Descubre cómo y para qué enseñarle a llorar

Mamá, hoy tengo que llorar. Tengo que llorar porque me siento triste. Tengo que llorar porque lo necesito, porque he tenido un día de tensión, y sé que cuando llegue a casa me sentaré y lloraré. Lloraré un rato.

 

En realidad lloraré hasta que se me pase y me encuentre mejor. Y cuando pase será como cuando sale el sol después de la tormenta. Será algo bonito porque las nubes habrán pasado y yo me sentiré mejor. Así que permíteme que llore para que las “nubes” puedan marchar. Para que yo me pueda desahogar. Permíteme que llore para que coja fuerza y vea las cosas con mayor claridad. Y permíteme que llore para que tu sepas qué me pasa y me puedas consolar.

Enséñale a llorar

Dicen que llorar es de débiles, que llorar es de cobardes. Dicen incluso que llorar es de niñas. Como si las lágrimas tuviesen algo que ver con el género. Lo que no dicen es que llorar es de valientes, de personas que se atreven, que se saben regular y que saben drenar su malestar. De personas con inteligencia emocional.

Si tu hijo llora valora su capacidad de expresar y exteriorizar. Llorar desahoga, llorar ayuda. Si tu hijo llora, empodera su valor y su capacidad de “sacar” lo que le hace daño. No le castigues ni le ridiculices. Evita frases como “no llores”, “no pasa nada” o “por eso no hay que llorar” y deja fluir su emoción. Deja que exprese. Deja que saque. Deja que canalice. Deja que sienta.

De niños a adultos

Ojalá todos supiésemos llorar para descargar y canalizásemos la ira, la tristeza o la impotencia de ese modo. Para no dañar. Para no sufrir. Llorar repara. Llorar cura. Llorar es de personas sanas.

Todos los niños saben llorar, pero casi sin darnos cuenta, tendemos a acotar estos momentos, a penalizarlos. Y a veces nos pasamos tanto conteniendo que cuando dejan de ser niños se les ha olvidado cómo y por qué se llora. Y llorar es necesario para poder conectar con el dolor, para sentir lo importante, para saber desde dónde partimos y qué vamos a hacer.

Si en un momento de gran stress tuviésemos la capacidad de parar y llorar para liberar la tensión, habría menos personas que gritan. Menos personas que contestan movidos por la ira o por el impulso. Habría más personas relajadas. Habría más personas entendidas y comprendidas.

Regulación emocional

Llorar es una herramienta de regulación emocional. Es un recurso bueno, natural e indoloro que calma, que ayuda. Pero a veces ver llorar a un niño nos genera tal tristeza o un grado tan grande de empatía que confundimos la regulación emocional con la contención emocional, y casi sin darnos cuenta estamos enviando mensajes de que llorar no es adecuado. De que llorar no es bueno.

Recuerdos

Recuerdo haber llorado de alegría cuando supe que iba a ser Mamá. Recuerdo haber llorado empatizando con el dolor de una amiga que se había quedado viuda. Recuerdo haber llorado en una consulta médica cuando ví que el corazón de mi bebé no latía. Recuerdo haber llorado de impotencia. Recuerdo haber llorado de preocupación. Recuerdo haber llorado sola y haber llorado acompañada.

Y también recuerdo no haber sentido vergüenza por ello. Porque llorar es bueno. Llorar humaniza. Llorara ayuda a verbalizar, a soltar, a sentirse mejor. Ayuda incluso a acompañar.

Cómo ayudar en el llanto

No fuerces ni provoques que un niño llore, pero si lo hace respétale. Entiende que el llanto es una herramienta de apoyo. Acompáña, quédate con él si te lo permite. Abráza, espera a que la “tormenta” pase y se sienta mejor. Ofréce un pañuelo. Sé su “paraguas” si hace falta, pero no le digas que deje de hacerlo.

Dile “llora todo lo que necesites”, “estoy aquí contigo” para que no se quede con nada que no deba estar dentro. Esa es la forma de no contaminar su regulación emocional natural. Esa es la forma sana de empezar a ayudar. Escucha su llanto y escucharás su corazón. Y luego si hace falta… escucharás su voz, y él escuchará la tuya.

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4 comentarios

  1. Sabemos que es así pero nos han educado tan “al revés…” que no lo queremos permitir…
    Existen ocasiones en las que lloran y no hablan, que incluso no saben porqué lloran…Para mi son los momentos más difíciles, cuando no saben realmente porqué están llorando o que lloran y se callan.

    En el cole, entre sus amigos, si lloras en repetidas ocasiones, es una actitud que produce aversión entre los/as niñas/os cuando es algo habitual… En este caso, cuando se trata de una única forma de afrontar muchas situaciones, supongo que se trata de inseguridad, falta de autoestima… En ese caso sería diferente, ya que la utilidad del llanto no es la misma, no? Hay niñas/os que realmente usan el llanto (obviamente de forma inconsciente) para lograr sobreproteccion para no afrontar la situación, o no hacerlo solos… Recalcó que suele pasar de forma insconsciente y porque (a mi forma de verlo) han reforzado el llanto cómo algo que bloquea el afrontar, “no llores, ya pasó, ya lo hago yo” o “ya lo haremos otro día”… No sé si se me entiende.

    Me ha encantado el post, aunque
    Es un tema realmente complejo.

    1. ¡Hola Mónica!

      A veces los niños pueden llorar porque hay una emoción que no están sabiendo expresar. En estos casos suelen ser bueno ayudarles poniendo palabras a lo que sienten. De ese modo, cuando vuelvan a experimentar esa emoción, podrán identificarla, que es el primer paso para aprender a regularla y gestionarla de forma adecuada.

      En cuanto al llanto por “estrategia”, yo soy de la opinión de que a nadie le agrada llorar. Un niño que llora nos está diciendo algo que no puede expresar con palabras. Siempre hay que atender.

      ¡Muchas gracias por la visita y por tu comentario!

  2. Yo crecí en un hogar dónde hubo mucha violencia y por ser la mayor de tres hermanas no podía llorar si veia a mi padre golpear a mi madre porque si lo hacía mis hermanas lloraban más. Ahora cuando mi hijo de 4 años llora o grita me controlo porque es pequeño. Pero siento que mi tono de voz golpea y descargo con mi esposo. A veces no me puedo controlar y le grito a mi esposo. Siento que la rabia le domina.

  3. ¡Hola Denny!

    A pesar de las duras vivencias que relatas, qué bueno y qué sano es que seas consciente de ellas y capaz de poner palabras a lo que sientes. Todo lo que ocurre en la vida, va dejando un camino, un poso que de alguna manera nos acompaña. Especialmente las experiencias en la infancia… pero hay muchas cosas que puedes hacer para que no te pese.

    Si te apetece hablar de ello de manera más personal, te invito a que leas la sección de “consultas” y valores si te puedo ayudar. Un abrazo y gracias por tu sinceridad y por compartir lo que has vivido.

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