Descubre rápidamente si tu hijo tiene el síndrome del juego inacabado

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Gracias Mamá. Gracias por tanto. Gracias por darme tanto, por quererme, por entenderme, por cada bocadillo de cada excursión, de cada merienda, por cada mañana a la carrera para llegar a tiempo a clase. Gracias por ser mi consuelo cuando me dañaron, mi refugio, mi apoyo, mi compañía.

 

Gracias por cada beso, por cada caricia, por tus sonrisas, por tus ataques de cosquillas. Gracias por lanzarme “volando” encima de la cama buscando mis saltos, mis carcajadas. Gracias por esconderte para que te encontrase, y por encontrarme cuando me escondía. Gracias por cada dibujo que admiraste, por cada momento que me dedicaste, por cada charla, por cada vez que me escuchaste y me entendiste, y por aquellas en las que aún no entendiéndome me respetaste. Gracias por hacerme ver que soy capaz, que lo puedo conseguir y que los sueños son de quien se esfuerza. 

 

Gracias por no llenarme de regalos, sino de ideas. Gracias por no llenarme de cosas, sino de tiempo. Gracias por no llenarme de juguetes, si no de juegos. Gracias por darme, por enseñarme, y gracias también por decirme “no” cuando no debía, por reñirme cuando me excedía. Y gracias también, por educarme en la humildad, por enseñarme a valorar a las personas entendiendo que no son lo que tienen. Gracias por curarme con mimos cuando la fiebre así me lo pedía. Gracias por mostrarme la pobreza, para poder conocer y valorar la riqueza. Gracias por enseñarme a pedir perdón y a perdonar.

 

Gracias por enseñarme lo que es ayudar y que te ayuden, gracias por cada vez que me reñiste, y por cada lágrima que me secaste y que me enseñaste. Gracias por haberme hecho comprender que se pueden disfrutar los logros ajenos, que se puede admirar y que se puede dar y recibir, que se puede compartir, que se puede…

 

…tantas y tantas cosas… No sé cómo lo hiciste Mamá, pero gracias.

Demasiados juguetes

Si cada vez que llega el cumpleaños de tu hijo, tienes dificultades en seleccionar regalos porque crees que tiene “de todo” y no encuentras espacio en casa para guardarlos, posiblemente, tiene más de lo recomendable para poder tener un entorno estimulante que le facilite aprender, centrar la atención y concentrarse.

Un niño que tiene demasiados juguetes, corre el riesgo de tener el “síndrome del juego inacabado”, de forma que saque un juguete detrás de otro, y no le acabe de satisfacer, porque hay demasiados estímulos cerca. Esto puede conllevar, que juegue poco rato a cada uno y pase de uno a otro sin profundizar, perdiéndose así la riqueza del aprendizaje por repetición y la posibilidad de estimular la mente en un área específica y concreta.

¿Cómo lo hago con educación emocional?

Hay muchas formas de expresar a nuestro hijo el amor que sentimos. En ocasiones, tendemos a querer que no les falte “de nada”, y en este afán, puede ocurrir que llegue un momento en que tenga demasiados juguetes, tantos que nos dificulte transmitir la importancia de valorar las cosas y el esfuerzo que supone conseguirlas.

Cada momento que jugamos con él, cada mirada de admiración, de orgullo, de amor, cada sonrisa, cada límite, valen mucho más que cualquier juguete que se pueda comprar porque la calidez y calidad de la interacción madre e hijo es necesaria para que nuestro hijo crezca en equilibrio emocional.

Se le puede expresar cariño de muchas formas… preparando unas magdalenas, bailando con él, despertándole con suavidad, escuchándole, preguntándole su opinión, ayudándole en esos deberes que no acaba de entender.. y también con algún detalle, como un helado, un abrazo o una tarde de domingo casero en la que no hemos parado de jugar pero aún así le sabe a poco.

 ¿Le puedo ayudar?

Si consideras que tu hijo tiene demasiados juguetes, y crees que el exceso no le ayuda, es preferible hacer una selección del material que crees conveniente que esté a su alcance, y guardar el resto fuera de su campo de visión, de modo que puedas ir haciendo rotaciones. Tu hijo se sorprenderá, retomará juegos “olvidados” con ilusión y no será tan consciente de la gran cantidad que tiene, fomentando así, que le de a cada uno el valor que merece.

Intenta que sea tu hijo quien seleccione el juego o el juguete, ya que, de forma inconsciente elegirá el que más necesite para el momento emocional que está viviendo.  Procura que disponga de un espacio lo más aséptico posible, de forma que se favorezca y facilite que centre su atención en el juego.

Hay casos en los que se puede dirigir el juego, si se quiere trabajar algún área en concreto pero no siendo así, el juego libre siempre enriquece. Jugar con él cuando así lo demanda y dejarle jugar sólo cuando está disfrutando del juego, es una forma de ayudar a que desarrolle creatividad, autonomía y aprendizaje en “estado puro”.

Jugar es tan necesario para aprender, que debería aparecer en la agenda diaria o en el post-it del frigorífico, para que a nadie se le olvide que los niños necesitan jugar para crecer emocionalmente sanos.

“Jugar es una necesidad diaria”

 

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5 comentarios

  1. Hola, Izaskun:

    En primer lugar, gracias por compartir tu conocimiento y experiencia con nosotros. Hace unos meses que te sigo y aquí y allá encuentro luces.
    Respecto al tema de hoy, reconozco que últimamente me lo he planteado con mi hijo. Yago tiene ahora 3 años y medio y sí, tiene muchos juguetes, o mejor, dicho, muchas cosas, porque muchos de los juguetes que guarda son trozos de utensilios de casa, maderas, cuerdas, gafas de disfraces, fotos de personas, etc. pero también juguetes. No tanto porque le hayamos comprado mucho, sino porque es el menor de todos los primos por ambas familias y todos quieren regalarles sus juguetes antiguos. A él le encanta jugar a buscar juguetes en casa o en casa de la abuela (allí mejor aún porque hay un gran garaje trastero con todo tipo de cajas y cosas!). Su juego es la búsqueda, luego enseguida se cansa de los juguetes. Le encanta también sacar todo y dejarlo esparcido por la habitación (yo esto lo llevo regular). El padre y yo hemos ido quitando juguetes de en medio poco a poco, pero aún así hay bastantes. Ante su actitud de disfrutar con la búsqueda y aburrirse con el juguete en sí empecé a preguntarme si tenía exceso de estímulo o falta de concentración. Incluso cuando llega un juguete nuevo, juega mucho al principio pero después de unos días, ya le aburre.
    Sin embargo, todo es diferente con los libros. Tiene muuuuchos (soy hija de librero y me apasiona la literatura infantil), pero nunca se aburre de ellos. Cada día leemos. Tiene periodos focalizado en un libro y luego pasa a otro, pero nunca deja de verlos todos. Esto me lleva a pensar que no hay tal problema de concentración, ni tal síndrome del juego inacabado, sino un cambio en su proceso evolutivo, quizás.
    Acabo de terminar de escribir y me he dado cuento que más bien estoy haciendo una constatación que una pregunta… 🙂

    1. Hola Ruth!!

      Muchas gracias por compartir tu reflexión!! Si un niño muestra atención y concentración en algo, como los libros en el caso de Yago, es que tiene capacidad para hacerlo en el resto de áreas. A veces se confunde el “no interés” con la capacidad por lo que es importante diferenciarlo. Algo que no interesa, no despierta curiosidad, y no invita a prestarle atención. Por eso el factor motivacional es tan necesario para su bienestar emocional.

      Me ha gustado la iniciativa y creatividad que muestra tu hijo en “construir” sus propios juguetes. Por lo que dices, lo que más valora es investigar y le favorecerán juguetes que no sean obvios, si no que tenga que descubrir y crear, eso le aporta y hace seguir desarrollando esa parte tan sana y personal que demuestra. Un abrazo y gracias por seguir el Blog!!

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