El peligro de decir “muy bien” a todo

muy bien decir niños

Diciembre y viento sur. Una tarde estupenda para pasarla en el parque. Sin embargo, las palabras “muy bien” aún resuenan como un eco por toda la plaza. Porque a cada rato, a cada paso, hay una madre, un padre, o unos abuelos animando a hijos y nietos… “muy bien Carlos”, “lo estás haciendo muy bien Sara”, “has subido muy bien”, “has saltado muy bien”…

Animar y felicitar a los hijos es bueno, muy bueno. El problema es que si estas palabras no se utilizan de forma correcta, pierden la función de reforzar al niño cuando está haciendo un esfuerzo o cuando ha realizado un logro. Decirle a un niño de dos años “estás andando muy bien” cuando lo lleva haciendo un año con soltura obedece más a utilizarlas “por acompañar” que a un motivo real.

Lo cierto es que felicitar a nuestros hijos sin motivo aparente no es conveniente porque tiene consecuencias negativas. La más inmediata es el hecho de que estas palabras dejan de tener el efecto deseado. Es decir, si independientemente de lo que haga, voy a recibir una felicitación y toda mi familia va a estar contenta, pues está bien, pero ¿para qué me voy a esforzar si van a estar contentos de igual modo?

Si cuando mi hijo está aprendiendo a leer “MA-ME-MI-MO-MU”, dice “A” y le digo “muy bien”, cuando dice “PA” también se lo digo y cuando dice “MA” también lo escucha llegará un momento en que nuestras palabras pierden valor y le van a confundir, ya que, no le estamos enseñando a discriminar sus aciertos de sus errores. Este es un ejemplo donde se evidencia de forma clara, aunque habrá quien diga: “no, yo eso no digo”. Probablemente en este caso no, pero esto es extensivo al resto de actividades diarias, en las que hay que utilizar la felicitación y el reconocimiento en su debido momento, porque esto hará que nuestros hijos aprendan el valor del esfuerzo y también que sepan que no siempre van a recibir halagos por cada tarea que hagan.

Porque…¿qué pasará si les acostumbramos a ese “eco de fondo” y llegan al colegio donde no lo reciben? Sentirán inseguridad de no saber si lo están haciendo bien, porque nos hemos extralimitado al “guiar” a nuestros hijos sobreprotegiéndoles y no dejándoles tener criterio propio ni capacidad para admitir sus errores, enfrentarse a ellos, tolerarlos y ponerles solución. ¿Qué pasará si con seis años, ya no le vemos tan “bebé” y le dejamos de gratificar por prácticamente todo? Lo normal sería que montara en cólera.

Así que cuando este niño crezca sin haberle puesto remedio, se incorpore al mercado laboral y tenga un jefe que no es de verbalizar los aciertos sino los errores de las personas, tendrá la segunda consecuencia negativa de nuestro “excesivo muy bien”; sentirá frustración, dudas e inseguridad de cómo actuar o qué hacer y una capacidad de esfuerzo y de sacrificio reducida.

Como no queremos que esto pase, vamos a tratar de felicitar a nuestros hijos, por supuesto, pero cuando consideremos que han realizado un esfuerzo real, que se han superado, que han realizado un logro o acertado con una iniciativa. De este modo les estaremos haciendo más fuertes y preparando de forma sana en el esfuerzo y en la tolerancia a la frustración, que es muchas veces un bien escaso.

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios

  1. Es similar a reirse cuando dice las palabras mal y repetirlas igual que las dice el. Yo siempre he intentado hablar con él en “castellano” y no en “bebé”, y corregirle con cariño cuando lo dice mal, para no empeorar su vocabulario. AL principio es inevitable emocionarse y decir “biennnn” con pequeños logros aunque sean errores, es la emoción de lo nuevo, pero debemos intentar hacer lo que dices y no crearles confusión.

    1. Hola Sra. Jumbo!!
      Es muy cierto y real lo que dices.
      Hay muchas ocasiones en las que nos hace gracia su forma de hablar. Pero de ahí a repetirla hay una gran diferencia, porque siempre debemos de tener en cuenta que somos modelos para nuestros hijos y que si queremos que lo hagan bien, debemos hacerlo bien nosotros. Gracias por tu comentario!! Un saludo!!

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