Entrenando la tolerancia a la frustración

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“Tengo un hijo de 6 años y una hija de 5. Intento jugar con ellos de forma civilizada pero la mayoría de las veces surge un conflicto que nos lleva a finalizar el juego. A veces por uno, otras por otro pero el caso es que la dinámica de juego familiar se nos hace difícil”.

Tener dos hijos de edades similares, hace que en ocasiones, surjan rivalidades y dificultades en el entorno familiar. Lo cual es positivo, pues de lo contrario, estos conflictos tenderían a salir con más énfasis con otros niños, bien sea del entorno familiar o del colegio, mermando así nuestro “margen de maniobra”. Las disputas entre hermanos, nos dan “pistas” sobre cómo se está construyendo la personalidad del niño por lo que debemos de verlas como una oportunidad de mirar por la “ventana del carácter” y ver cuáles son los aspectos que conviene mejorar.

El juego, siempre es aprendizaje, pues en la primera infancia, los niños aún tienen muy ligado el “mundo real” y el “imaginario”. Esto hace, que lo que aprendan jugando lo trasladen a su día a día. Este es el motivo por el que en ocasiones una intervención a través del juego puede ser más eficaz para solucionar un problema cotidiano que un enfoque directo a través de la palabra.

Compartir juego con más personas, implica que los niños pueden ver sus propias limitaciones en el “espejo” del otro y que esto genere roces. Por tanto, es conveniente anticiparse para reducirlos pactando unas normas previamente. Así por ejemplo, si decidimos jugar a pillar, es preciso anticipar si se “pilla” tocando o cogiendo, así como, si es posible “salvarse” y “salvar” a los compañeros, porque el hecho de no haber establecido las normas con anterioridad, dará pie a malentendidos y a que haya algún niño que las quiera cambiar “sobre la marcha” en su propio beneficio.

Es frecuente que los niños partidarios del cambio de normas sean los que más se frustren y menos toleren que el juego no se esté desarrollando como ellos quieren. Tanto que incluso algunos decidirán interrumpir el juego. Si esto ocurre, conviene que los demás sigan jugando, a pesar de que el niño no quiera jugar, pues no se le debe de dar el “poder” de decidir sobre la totalidad del juego en base a su malestar por no aceptar una norma, porque estaremos perpetuando el problema. Se le puede ofrecer incorporarse al juego una vez que ha aceptado las normas establecidas o jugar a otra cosa de forma individual pero no es recomendable que para contentarle se le deje incorporar al juego imponiendo sus condiciones.

«El juego es una forma de prepararles para la vida»

Es importante no modificar las normas durante el juego porque la vida no cambia al capricho de cada cual. Es decir, la hora de entrar al colegio es a las 9 de la mañana y no hay opción de modificarlo. Tampoco es posible reajustar los deberes que nos ha mandado la profesora, el precio del pan, el horario laboral, ni tantas cosas. Por tanto, el dejar a nuestros hijos que cambien las normas del juego una vez que se han establecido, les evita la frustración en el momento, pero no les enseña a superarla.

Otro aprendizaje necesario en el juego, y una forma de prepararles para la vida, es el hecho de que las cosas no siempre salen como uno quiere. Para ello, es preciso que aprendan a ganar, pero también a perder. Unos padres que siempre dejen ganar a sus hijos al parchís o que no le coman una ficha cuando podrían hacerlo no estarán poniendo la “dosis de realidad” adecuada.

No se trata de avasallar a nuestros hijos con “victorias” y “derrotas”, pero sí de buscar un equilibrio, porque lo cierto es que en la vida, las cosas no siempre son acordes a nuestras expectativas previas. Esta es una gran lección que no sólo conviene mostrar, sino también enseñar a superar, pues les estaremos proporcionando herramientas y recursos para enfrentarse con éxito a la vida y para que tengan una tolerancia a la frustración aceptable.

¿Cómo llevas los conflictos de tus hijos en el juego? ¿Nos lo cuentas?

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11 comentarios

  1. Hola. La verdad es que los míos están todo el día discutiendo. Se me hace muy cansado y es verdad que pasa sobre todo con el juego, lo pondré en práctica

    Gracias Izaskun ayudas mucho

    1. Hola Sofía!!
      Cuando las discusiones son constantes, ayuda anticiparse poniendo las normas del juego previamente y estar cerca para poder intervenir cuando sea necesario. El hecho de servir de guía, hará que también nuestros hijos interioricen nuestras respuestas como propias y puedan ir utilizándolas para resolver sus dificultades. Ten paciencia que verás como con presencia diaria se va solucionando. Un saludo y felices fiestas

  2. Tengo un hijode 5 años y una hija de 3 años y en este aspecto son muy distintos. La peque sigue las normas, se divierte y tiene mucha perseverancia cuando no le sale algo, incluso quiere hacerlo por si misma. Pero el niño desde bien pequeñito se frustra mucho cuando algo no le sale o ve que le va a costar hacerlo, lo he observado y lo q tu dices que quiere cambiar las reglas del juego y sobretodo llora mucho y patalea si en alguna construcción se viene abajo y solo se calma si le ofrecemos nuestra ayuda o a veces tampoco le sirve y sigue con la pataleta. Lo abrazamos pero aún le cuesta parar de llorar!!!!
    Acaba acabando lo que empezó pero madre mía como le cuesta!!!

  3. Hola Marta!!

    Las personas somos muy distintas, y es algo que se evidencia desde una edad muy temprana. Unos podemos ser más perfeccionistas que otros, o más inseguros.

    Lo importante es saber que se les está dando lo que necesitan en cada momento, de forma que podamos ayudar en el desarrollo de su personalidad de forma positiva.

    Con paciencia y ofreciéndole la ayuda adecuada, irá remitiendo en los tiempos que necesita para entender y respetar las normas y adquiriendo recursos que le ayuden a terminar los juegos, a pesar de que no salgan conforme a sus expectativas iniciales. Un saludo y gracias por tu comentario!!

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