Tú que eres madre…Aprende a descansar

Permíteme que te cuente que soy madre, soy mujer, soy persona. Permíteme que te diga que por mis hijos doy la vida, que lo son todo para mí y que no hay amor más grande que el que siento por ellos. Permíteme que te explique qué sus sonrisas son mis sonrisas, que sus llantos son mis llantos y que sus alegrías son tan suyas como mías. Permíteme decirte que me desvivo cada día y cada noche para intentar darles lo mejor. Para darles cariño, compresión, apoyo y educación.

 Pero entiéndeme, que soy mujer, que soy persona y que también me estreso cada día. Entiéndeme que el día no tiene las horas suficientes para hacer todo lo que necesito y aún así lo hago. Entiéndeme que también me frustro y me disgusto cuando una pequeña acción como ponerse las zapatillas se convierte en conflicto. Entiéndeme que es tanta la responsabilidad que siento… que a veces me angustio. Que a veces me agobio. Que a veces lloro.

¿Qué es ser madre?

Ser madre es alegría, es disfrute, es orgullo. Alegría al ver jugar y sonreír. Disfrute al recibir un beso, un abrazo o un te quiero espontáneo. Orgullo de ver crecer y superarse.

Pero también es presión, agobio y preocupación. Presión de querer llegar a todo y hacerlo bien. Agobio de tener una tarea y un horario que cumplir y de tener que decirles “ahora no puedo jugar”. Preocupación por saber que están bien, que todo marcha como debe.

¿Debo delegar?

Hay quien defiende que se deben delegar algunas funciones de la crianza. Que hay que trasladarlas a la pareja, a los tíos o a los abuelos. Que hay que pedir ayuda. Que hay que reservar momentos exclusivos. Pero la realidad es que no hay una fórmula ideal para todas. Cada persona es única, y se sitúa en la maternidad con sus virtudes, con sus defectos, con sus emociones y con su deseo de hacerlo lo mejor posible.

Hay madres que son capaces de delegar y se sienten bien con ello. Pasan una tarde para ellas o de pareja, se “oxigenan” y toman perspectiva respecto al día a día. Esto les posibilita disfrutar más de la maternidad y tener una mayor regulación emocional en situaciones de stress. Si es así y es algo que aporta beneficios a todos los miembros de la familia, puede ser una estrategia adecuada.

Pero hay madres que aunque saben que necesitan un rato para ellas, prioriza en su rol de madre y no quieren delegar porque son conscientes de que con quien mejor están sus hijos, es con ellas. En estos casos, conviene buscar estrategias alternativas que ayuden a liberar el malestar. Guardarlo estanca, no soluciona. Y en la vida, hay que seguir creciendo.

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Hay tanta facilidad “solidaria” para juzgar al prójimo, que estamos en una cultura de omitir, de camuflar. Y no nos damos cuenta de que contar las sonrisas de la maternidad y esconder las lágrimas de la crianza sólo contribuye a aumentar la presión que se siente, a culpabilizar, a excluir.

Hablar de los sentimientos y las emociones que tenemos en la crianza es positivo. Es sano encontrar a alguien de confianza con quien poder hablar. Alguien que escuche, que entienda, que abrace y que recargue. Alguien que sume, que aporte. Tener la libertad de liberar lágrimas contenidas cuando tenemos un hijo enfermo o necesitamos soltar tensión, alivia y reconforta.

Hay una gran diferencia entre quejarse y descargar. Una queja tiende a situarse desde el “estoy harta” o “ya no puedo más” que contribuyen a crear más malestar. En cambio, drenar ayuda a relajar, a tomar perspectiva, y a “liberar agua del vaso antes de que rebose”. Una madre que está tranquila puede transmitir tranquilidad. Una madre serena puede transmitir serenidad. Una madre segura puede transmitir seguridad.

 

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