¿Quieres evitar los gritos? Te regalo 10 pautas para conseguirlo

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El grito tiene una función específica de alerta ante situaciones de peligro, que bien puede servir para pedir ayuda o evitar un accidente. Utilizar el grito fuera de contexto de forma ocasional, no es adecuado pero si comprensible. Sin embargo, en el momento en que los gritos empiezan a formar parte de la dinámica familiar, no se está haciendo el uso correcto, por lo que es algo que debemos corregir si pensamos en el bienestar emocional de nuestros hijos.

Las primeras veces que utilizamos los gritos para resolver un conflicto, tienden a funcionar, porque el cerebro de los niños se adapta de forma sensible a ellos interpretándolos como una señal de auxilio. Es fácil que consideremos la situación resuelta, y que en otro momento similar, utilicemos la misma estrategia que ya nos funcionó anteriormente.

Esto implica dos “peligros”; uno es la posibilidad de que los gritos se “instalen” en la relación familiar, siendo unidireccional en sus inicios, pero con el riesgo de que terminen siendo bidireccionales, de forma que también nuestros hijos nos griten. Esto es algo que no nos gustará, porque a nadie le motiva ni le apasiona que le griten. Y lo que es más delicado: si estamos en ese punto de agresividad verbal en escalada, no va a ser fácil reducirla antes de la adolescencia, lo que puede augurar un paso “muy interesante” por esa etapa.

El segundo “peligro”, es el daño que producen los gritos en la personalidad de los niños. A veces tendemos a pensar que haber eliminado el castigo físico o “el bofetón”, es garantía de protección emocional hacia nuestros hijos, pero lo cierto es que no es así. Los gritos minan la autoestima, la relación, el auto concepto, la seguridad, la calma, la felicidad y la infancia de nuestros hijos. Pero también afectan al modo de relacionarse con otras personas, porque tenderán a repetir el modelo que sus padres les enseñan en casa, lo que puede condicionar no sólo sus años escolares sino también, los de su vida adulta.

Los gritos, también nos dañan a nosotros como padres, porque liberan nuestra rabia pero después, aparece el sentimiento de culpabilidad. ¿Se puede educar sin gritos? Se puede y se debe, porque queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Cómo lo hago?

1- Reflexiona si te apetece intentarlo, tómate unos días para darle vueltas a la idea y descártala o conciénciate de que la quieres hacer.

2- Habla con tus hijos, pídeles perdón por los gritos anteriores, con el fin de reparar el daño. Recoge cómo se han sentido, escúchales. Explícales que dañan, que no son buenos ni para quien los emite ni para quienes los escuchan, y que quieres que desaparezcan. Utiliza algún cuento si lo ves conveniente.

3- Siéntate con tus hijos, pintar un cartel con la palabra gritos. No es importante la edad, pues es algo simbólico, pero si es necesario que se haga entre todos los miembros de la familia. Después, tachar, la palabra hasta que “desaparezca”, y cuando esto pase, tirar el cartel a la basura.

4- Pide ayuda a tus hijos, hazles partícipes para que entiendan que su colaboración es importante. Si lo ven como un bien común, será más sencillo que los momentos que tienden a ser conflictivos se suavicen.

5- Crea estrategias previas junto a tus hijos como alternativa al grito. Es recomendable que sean personales, que se os ocurran en casa, pero hay ejemplos como mostrar un cojín para sustituir un grito, entrelazar el dedo meñique de tu hijo con el tuyo, poner música, dibujar una cara triste con tu dedo en su mano… Será la forma de decir “hasta aquí”, es el límite en el que no se puede pasar.

El hecho de acercarte a él, e introducir el contacto físico al entrelazar el meñique o tocar con tú dedo su mano, ayuda a rebajar la tensión, porque aporta calma, serenidad, complicidad y afecto. Si en alguna ocasión, la simbología no está haciendo el efecto deseado, retomar la conversación del “pacto” para recordarla, y si es preciso, crear alternativas nuevas.

6- Refuerza de forma positiva, mediante el afecto y la palabra, las situaciones en las que se consigue evitar el grito. Explicar que el clima familiar ha sido más tranquilo y que todos habéis estado más a gusto y contentos.

7- Interioriza que los gritos se emiten desde una emoción concreta, la rabia, ante una falta de recursos personales para resolver una situación conflictiva de otro modo. Tener en cuenta que “la rabia”, no nos deja pensar con claridad, por lo que, difícilmente podrá salir algo bueno de ella si la liberamos “en estampida”. Tomarnos un momento para canalizarla de forma adecuada respirando, contando del 10 al 1, y no al revés porque si cuentas de forma creciente, inconscientemente crece la tensión interna, bebiendo un vaso de agua, poniendo música o lo que consideremos apropiado.

8- Practicar, porque cuanto más lo hagamos, mayor será el hábito de crianza respetuosa y sin gritos, y más fácil resultará.

9- Ser conscientes de que somos personas, y de que algún grito esporádico y puntual se puede “escapar” sin necesidad de que nos fustiguemos por ello, pero sabiendo que estos requieren pedir perdón y reparar la situación y el daño.

10- Mimarnos, ya que la maternidad no siempre es fácil. Felicitarnos por las veces que lo hacemos bien, y buscar respaldo y apoyo. No estás sola, sois un “equipo”. Tu equipo, y este “partido” lo ganáis todos.

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16 comentarios

  1. Yo grito y mucho, lo reconozco aunque llevo mucho tiempo trabajando en ello, porque como bien has dicho se hace por ambas partes y no me gusta nada obviamente!
    Hemos mejorado mucho y veo un cambio inmenso en el enano, espero seguir mejorando y entradas como estas me ayudan a ello.
    Gracias! ?

  2. Yo me hice la proposición de no volver a chillar. No es que chillara a diario y de forma constante, pero cuando lo hacía era pura efervescencia, irracionalidad…una imagen lamentable que no quiero darle a mi hija de 3 años. El caso es que llevo 5 semanas sin pegar un grito. Cada día que avanzo me cuesta menos. Estoy muy contenta. Estoy haciendo muchos cambios (y progresos también :)) en casa, en las dinámicas que teníamos establecidas. Yo estoy más tranquila, manejo mejor la situación y soy capaz de ayudarla mejor cuando es ella la que se desboca. La verdad, es que estoy feliz con la decisión y con los resultados que estoy obteniendo. Mucho esfuerzo al principio y muchísima paciencia. Hablé con ella y cogí este compromiso, con ella y conmigo. Y aquí sigo 🙂 Felicidades por el Blog, lo descubrí al inicio de mi aventura “0 gritos” y me está acompañando muchísimo.

    1. Hola Mireia!!
      Enhorabuena!! Te felicito por el gran trabajo personal que estás haciendo. Me alegro muchísimo por ti y tu familia y te agradezco que compartas tu experiencia para que otras personas entiendan que el cambio es posible. Un abrazo!!

  3. En casa no somos de gritar pero reconozco que mi tesoro últimamente está un alterado y se me han escapado un par de gritos. Es cierto, no es el grito en sí, sino el sentimiento de culpa que luego tengo que soportar…y por supuesto le pido pedón, aunque sé que su perdón no me sirve, lo que tengo que hacer es no llegar a ello.

    Gracias por los consejos.

    1. Hola Carol!!
      Ante todo somos personas, con lo cual, a veces, puede haber algún grito ocasional que no vaya a más, y que puede repararse como dices. Lo importante es que no se repitan como forma habitual o parte de la dinámica relacional. Un abrazo y gracias por pasarte por aquí!!

  4. Hola !!
    He conocido la pagina a través del concurso de los Premios 20Blogs de La Blogoteca.
    Un blog realmente interesante por cierto, ha sido toda una sorpresa, mi enhorabuena !! y ya tienes un nuevo lector !!
    Aprovecho la ocasión para invitarte a pasar por mi blog participante por si puedes darme algún empujoncito o simplemente quieres visitarlo.

    Suerte y gracias!

  5. Hola estimada! me agrada sobremanera saber que somos muchos los padres interesados en educar a nuestros hijos de la mejor manera posible. Que buen artículo, seguro me ha dado mas de una idea para seguir en este camino… Gracias.

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