La primera experiencia internacional empieza en casa

Hoy hablamos con María Diez, que no sólo sabe que aprender inglés es una experiencia que va mucho más allá del idioma, si no que es responsable del programa de “Familias Anfitrionas” de Lacunza Escuela Internacional y que nos trae una sorpresa de la mano.

Hola María, cuéntanos algo de ti

Soy de San Sebastián y mi vida ha estado marcada por los idiomas y el gusto por los entornos internacionales. Estudié en el Liceo Francés y a los 12 años ya era bilingüe francés – español. Para los 15 me saqué el First Certificate de inglés y con 16 años ya empecé a dar clases particulares de idiomas.

Tenía claro que quería trabajar en contacto con el extranjero. Así que aunque soy Licenciada en Ciencias Químicas, me pareció una buena oportunidad entrar en Lacunza Escuela Internacional, donde soy la encargada del programa de “Familias Anfitrionas”. La verdad es que nunca imaginé todo lo que me iba a aportar a nivel personal. Hasta que no lo vives, no lo entiendes.

Llevo 17 años recibiendo estudiantes extranjeros que vienen a aprender español. Me ocupo de seleccionar las familias que entran al programa, formarlas, asignarles los niños en función de su disponibilidad y perfil y de apoyarles en la solución de las dificultades que puedan surgir durante la estancia por las diferencias culturales.

¿Podrías contarnos en qué consiste el “programa de Familias Anfitrionas” y cuál es tu experiencia?

Igual que nosotros pensamos en salir a aprender o mejorar nuestros idiomas mediante cursos en el país de origen, hay muchísimas personas que hacen lo contrario para aprender español. El español es la segunda lengua más hablada del mundo y muchas personas eligen esta opción para perfeccionar su idioma.

En nuestra escuela, tenemos un programa específico para jóvenes de 14 a 17 años. Se suele realizar en verano y consiste en clases de español por las mañanas, actividades de tiempo libre por las tardes y alojamiento en familias locales. Interesa muchísimo y cada año recibimos más y más niños. Por eso necesitamos cada vez más familias para alojarles.

El programa está teniendo bastante éxito porque a los padres les tranquiliza mucho saber que sus hijos están en un entorno seguro. Lo necesitan. Y nuestra ciudad, con un tamaño medio pero con tantas posibilidades de disfrutar les resulta ideal en ese sentido. Hay que darse cuenta de que muchos de ellos vienen de ciudades donde nunca han subido en transporte público porque no se considera seguro en sus países. O no caminan solos por la calle.

Hace falta despertar más la curiosidad y la fascinación de los niños por aprender

Nosotros conocemos bien esos temores de los padres y les hacemos ver la importancia de que sus hijos adquieran autonomía y aprendan a desenvolverse con naturalidad en otros entornos, sin perder de vista esa garantía de seguridad.

Mi experiencia me dice que el intercambio cultural con las familias que los acogen es una parte esencial del soporte que reciben los niños en el día a día. No sólo porque practican el idioma fuera de clase y tienen donde dormir y comer. Es muchísimo más.

Esa estancia en familia es la esencia de la experiencia a nivel emocional y donde se trabajan más los recursos personales, los valores.

Siempre digo que el aprendizaje afectivo es el aprendizaje más efectivo. Y los vínculos que se suelen crear entre el alumno y la familia llegan a ser preciosos. Hay un enriquecimiento mutuo impresionante. Los alumnos aprenden disfrutando y los resultados en la mejora del idioma se notan.

¿Cuál crees que es la motivación principal a la hora de participar en el programa?

Estamos viviendo en un mundo donde cada vez hay más movilidad y relación entre países y continentes. En ese contexto, los padres quieren que sus hijos aprendan idiomas a una edad cada vez más temprana. Pero también quieren que lo hagan de una forma divertida, porque son las vacaciones de sus hijos.

También buscan que vayan adquiriendo autonomía personal y contactos internacionales para un futuro. Tener contactos interesantes es algo en que no se pensaba tanto cuando yo estudiaba, pero los extranjeros tienen claro que resulta fundamental para el futuro de sus hijos. Y el futuro empiezan a trabajarlo ahora.

Todos tenemos las mismas emociones

Además de esa parte que podemos llamar académica relacional, hay muchos padres que buscan que sus hijos salgan de su entorno cotidiano y aprendan a relacionarse y ver realidades diferentes. Es la mejor forma para que adquieran más recursos intra e interpersonales.

He tenido padres que te das cuenta que pertenecen a las élites de su país -políticos, cineastas, empresarios, financieros…- que me han dado las gracias por colocar a sus hijos con familias sencillas, para que vean que no todos tienen las mismas posibilidades económicas que ellos y que son unos privilegiados. Me dicen que así han aprendido valores como la generosidad o la sencillez de primera mano. Sin embargo, otros se sorprenden del nivel de vida que encuentran al llegar aquí y esto les hace romper estereotipos. Y esto se produce en los dos sentidos: para el estudiante que llega y para la familia que acoge.

¿Cuánto dura el programa?

El programa empieza en junio y finaliza en agosto, pero las estancias de los estudiantes varían. Es algo que se puede elegir en la familia, pero habitualmente la duración suele ser de entre una y tres semanas.

Algunos padres apuntan a sus hijos a clases de inglés mientras que otros prefieren no hacerlo por no “cargarles” de actividades académicas. ¿Qué opinas sobre esto?

Es un tema complejo, porque aunque antes se decía lo contrario, ahora están saliendo estudios que demuestran que el aprendizaje de lenguas extranjeras no depende tanto de su introducción en edades tempranas como de la forma de aprenderla. Para mí es un tema a valorar en cada caso y siempre teniendo en cuenta al niño y sus intereses.

Soy muy partidaria de que los niños aprendan idiomas, porque entonces tu casa es el mundo, pero sobre todo, soy partidaria de que los niños aprendan cosas que les llenan, que les gustan y en las cuales se sientan realizados y sobre todo, fascinados. Eso es lo que les llevará a querer aprender más y más.

¿Hay formas alternativas de aprender inglés?

Más que hablar de formas alternativas, pienso que hace falta despertar más la curiosidad y la fascinación de los niños por aprender. Hoy en día la enseñanza de lenguas para los niños es muy divertida, interactiva y lúdica. Pero más allá de pasárselo bien, veo esencial buscar que se disfrute las posibilidades que te proporciona ese conocimiento.

Es bonito hablar francés pero si nunca vas a Francia ni entiendes qué te aporta, llegará un momento en que no querrás seguir. Todos hemos empezado mil actividades que nos ayudan a desarrollar la mente y disfrutar. Pero si encima empiezas a verle un valor inmediato a eso que aprendes, ya es la bomba. Por mi propia experiencia con los idiomas, veo esencial que haya una práctica de lo que aprenden y no se quede “en un cajón” para que se sientan motivados a seguir aprendiendo. En ese sentido para las familias que reciben estudiantes, es la mejor forma de ayudar en el aprendizaje de idiomas a sus propios hijos.

¿Cómo viven los niños la llegada de un estudiante extranjero a su hogar?

La mayor parte de las familias con niños que se han incorporado al programa lo hacen para que sus hijos empiecen a “abrirse al mundo” y para que vayan viviendo la experiencia en casa, de forma que luego salgan sin temores. Y la verdad es que para ellos es todo un acontecimiento. Suelen tener mapas donde los estudiantes les enseñan a situar sus países y corchos donde cuelgan las postales, fotos, recuerdos que les traen…

Muchos alumnos me cuentan que apenas llegan a casa, los niños les suelen “perseguir” para que jueguen con ellos, les hablen y les cuenten cosas de sus países, sus familias… Es así como muchos se animan a decir sus primeras palabras en otro idioma. ¡Y qué fiesta cuando ven que les entienden y se comunican! De repente pasan a un nivel superior: ese idioma se empieza a vivir, cómo decíamos antes. Además los niños son como esponjas, totalmente abiertos. Van conociendo diferentes razas, estilos de personas, formas de ver el mundo. Y lo integran con naturalidad y sin prejuicios.

El intercambio cultural enseña a aceptar a las personas como son y no como queremos que sean

Otra cosa que hemos notado es que ganan muchísimo en confianza en sí mismos. Aprenden a desarrollarse con chicos y chicas más mayores y hay mucha conexión entre los adolescentes y los niños. Les admiran y les hace motivarse a hablar con ellos. Y se dan cuenta de que todos somos diferentes en la forma de comer, de hablar, de vestir… pero a la vez todos tenemos las mismas emociones. Todos sentimos timidez, miedos o inseguridades al estar fuera de casa.

¿El objetivo del programa es el aprendizaje del idioma o es una experiencia que va más allá de lo lingüístico?

Sin duda va muchísimo más allá de lo lingüístico. El intercambio cultural y afectivo que conlleva es una experiencia profundamente humana y enriquecedora para las dos partes. Además se trabajan muchos valores por las dos partes: aprender a respetar las diferencias, compartir nuestro hogar y nuestra intimidad. Valorar lo que tenemos, abrirnos a otras realidades diferentes a la nuestra y aceptar a las personas como son y no como queremos que sean. Son temas de los que teorizamos mucho, pero llevarlos a la práctica no resulta tan sencillo.

Los niños tienen la capacidad de integrar lo diferente con naturalidad y sin prejuicios

Creo que la mejor muestra de todo esto se percibe en los vínculos que se crean entre el estudiante y la familia. Cómo te reciben en sus casas si vas a sus países, o cómo regresan a visitar a sus familias años después, algunos ya casados y con hijos. Es muy emocionante.

Por eso, algunas familias hasta se sorprenden de que abonemos una cantidad por ello, ya que les parece una experiencia tan positiva que se ofrecen a hacerlo desinteresadamente. Pero claro, hay una sujeción y unos gastos que las familias no tienen por qué afrontar.

Crees tanto en el programa, que has querido darnos una sorpresa y presentarnos a una familia que participa acogiendo estudiantes en verano.

Sí, así es. Ellos son Beatriz y Raúl.

Hola Beatriz, hola Raúl. ¿Podríais contarnos algo de vosotros?

Somos una familia compuesta por cinco miembros. Raúl es el aita de la familia, la ama Beatriz y tres hijas: Udane de 16 años, Irene de 11 años y Maren de 7 años. Y nuestras mascotas: Byron -un perro de raza pequeña- y Hugo, una cobaya.

RAÚL: yo trabajo en Teléfonica -ahora Movistar- desde hace 28 años.

BEATRIZ: yo ahora soy ama de casa después de haber trabajado más de 20 años. Soy educadora infantil.

Y nos gustan las familias grandes, muy ruidosas y con mucha vida. Siempre hemos vivido en Donosti.

¿Qué os ánimo a participar en el programa?

Nos motivó dar la oportunidad de practicar inglés a nuestras tres hijas -aún en edad escolar-, y a la vez que los estudiantes que vienen pudieran completar su español, puesto que Lacunza ya se encarga de enseñarles. Damos fe -de hecho lo hemos vivido- de la gran diferencia que hay desde que el estudiante llega aquí a cuando se va. Se lleva un nivel de español alto.

¿Cómo es vuestra experiencia?

Enriquecedora. Esa es la palabra que resume lo que significa para nosotros tener estudiantes en casa. Nos aportan un montón de cosas, y no nos referimos solamente al idioma, sino a la cultura, la gastronomía, las costumbres etc. Hay grandes diferencias entre países. Hablamos desde la experiencia. Ya hemos tenido estudiantes de América, Inglaterra, Suecia, Francia, Alemania, Japón….

¿Cuál es el proceso desde que se toma la decisión hasta que se asigna un alumno? ¿Pasa mucho tiempo?

¡Es rápido! Lacunza se encarga de todo y te explican con todo detalle los pasos que se van dando desde que te pones en contacto con ellos hasta que llegan los estudiantes para ser una familia de acogida “Anfitriona”. Lo que más nos llamó la atención es que te piden los antecedentes penales porque entendemos que todos los estudiantes tienen familia y necesitan saber que vienen a una casa con familias normales, como las suyas. Es más, cuando mandemos a nuestras hijas nos gustaría que actuarán igual. En realidad pedirlos es muy fácil y da tranquilidad.

¿Cómo es la llegada, la convivencia, la despedida…? ¿Compartiríais algo con nosotros?

Cuando van a llegar tenemos un poco de nervios y se nos generan dudas… ¿Cómo serán? ¿Les gustará nuestro país? ¿Les gustaremos nosotros? ¿Estarán a gusto en nuestra casa? Pero en cuanto llegan te das cuenta de que son jóvenes, que están igual de nerviosos que nosotros pero lejos de los suyos y que sólo necesitan sentirse como en casa.

La convivencia es facilísima porque tenemos que admitir que normalmente están muy bien educados. Todo lo piden por favor y te dan las gracias por todo. Te echan una mano con las comidas, ponen y quitan la mesa, se recogen su ropa… por lo menos, los que nos ha tocado a nosotros. No tenemos queja de ninguno y han pasado por esta casa muchos.

El aprendizaje de lenguas extranjeras no depende tanto de su introducción en edades tempranas, como de la forma de aprenderla

La despedida es muy triste porque te encariñas y es inevitable, casi siempre acaba en lágrimas. Se concentran muchos sentimientos. Te acostumbras tanto a su presencia que cuando se van les echas en falta.

¿Desde vuestra experiencia, cómo vive un estudiante extranjero estar alejado de su familia? ¿Hay momentos en los que hay que apoyar “más allá del idioma” cuidando el bienestar emocional?

Nosotros admiramos el hecho de que haya estudiantes tan jóvenes que sean tan valientes para venir a un país que no conocen, con un idioma por aprender y tener que convivir con una familia. ¡Es digno de admiración! Esto hace que te sensibilices más con ellos, porque están lejos de su familia y de todo lo que conocen.

Hablamos mucho con ellos y cuando adquieren confianza se abren y te cuentan sus miedos, inquietudes, alegrías… Por ejemplo una estudiante cumplió los años aquí y estaba feliz, pero ese día lloro por estar lejos de los suyos. Yo -Beatriz- le abracé como si fuera su madre, dándole cariño y le preparamos una tarta con sus velas para que se sintiera como en casa. ¡Lo pasamos fenomenal!

Todas las personas necesitamos cariño

Lo que si tenemos claro es que necesitan mucho amor, comprensión, que se sientan a gusto. Si nuestras hijas estuvieran en otro país con una familia querríamos lo mismo. Ante todo somos personas y como tales necesitamos cariño, calor de hogar. Claramente hay que apoyar a estos estudiantes tan valientes más allá del idioma.

¿Después de vuestra experiencia… recomendaríais acoger a un estudiante?

Lo recomendamos sin lugar a dudas. La conclusión que sacamos con esta experiencia es que no sólo nuestras hijas enriquecen su inglés, si no que toda nuestra familia ha aprendido muchísimas cosas de otros países increíbles y maravillosas, de lo cual nos alegramos porque desde luego ahora más que nunca tenemos claro que es una oportunidad de enriquecernos.

Nosotros acogimos “por probar” y nos gustó tanto la experiencia que hemos seguido -y seguiremos- invitando a nuestro hogar a todos aquellos que quieran conocer este país, nuestro idioma, cultura, costumbres… nos sentimos honrados de poder aportar nuestro granito de arena.

Muchísimas gracias Raúl y Beatriz, por contarnos vuestra experiencia acogiendo a un alumno que viene a aprender español y por mostrarnos la riqueza no sólo del idioma, si no de compartir momentos. Emocional sin duda.

Muchas gracias a tí por contar con nosotros.

Y muchas gracias María por compartir tu tiempo y por acercarnos a una realidad para muchos desconocida. Una última pregunta… ¿hay algún email de contacto donde se pueda profundizar más en este tema o recibir mayor información?

¡Si claro! [email protected]

¡Muchas gracias María!

 

 

Te podría interesar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*