¿Tu hijo se da golpes o se agrede? ¿Qué le pasa?

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Tengo un niño  que se agrede y se da cabezazos contra el suelo o contra la pared.

¿Qué puedo hacer?

Tener un niño que se golpea o se autoagrede, impresiona y preocupa. Especialmente cuando la edad en la que lo hace, le impide verbalizar de forma adecuada qué le sucede o por qué lo hace.

¿Por qué se golpea mi hijo?

Un niño que se da golpes, es un niño que sufre. Es un niño que siente una frustración  y un malestar tan grande que no sabe cómo manejarlo sin herir, sin sufrir. Es un niño al que se le descontrolan las emociones, al le cuesta respirar y pensar. Es un niño que nos está diciendo que en ese momento no se siente entendido ni querido, que está estresado y que no encuentra otro camino, ni otra forma para liberar la tensión de forma sana y volver a sentirse querido, tranquilo y en Paz.

¿Mi hijo es… “normal”?

Si tu hijo tiene episodios en los que se golpea o se autoagrede, pero una vez que han pasado es un niño aparentemente feliz, que juega y disfruta, que siente las cosquillas, que salta, que corre, que discrimina, es un niño que aún tiene que aprender a gestionar sus emociones para que no le hagan daño. Sin embargo, si observas algún otro indicador asociado como balanceos, retraso psicomotor o en el habla, sería conveniente pedir una opinión profesional que nos pueda indicar cómo ayudarle de forma específica.

¿En qué debo fijarme?

– Debes tener en cuenta cuándo y cómo se golpea, porque esto nos indicará el grado de malestar que sufre cuando no se siente recogido o entendido.

– Presta atención al número de episodios, así como a la frecuencia y duración de los mismos. Esto te permitirá valorar si tu hijo está mejorando o si por el contrario, el problema se está instaurando.

– Diferencia si las autoagresiones se producen exclusivamente en casa o también en otros lugares. El hogar es un lugar seguro donde disponemos de mayores recursos para poder ayudarle.

– Observa si suceden exclusivamente en presencia de adultos -y de cuáles- o también si se encuentra sólo. Este es un hecho importante, ya que condicionará cómo nos situemos para poder protegerle mejor.

– Reflexiona si es posible que pueda haber un desencadenante concreto, como una visita a una persona o un cambio en sus rutinas o actividades. Si es así, podrás prevenir las conductas, reducirlas o incluso eliminarlas.

¿Cómo sé si volverá a pasar?

Un niño que se autoagrede una vez, es susceptible de volver a hacerlo. Depende de numerosas variables entre las que se encuentra la respuesta que reciba por parte de sus padres. Si lo ha hecho una vez, es posible que haya una segunda vez. Estar preparada para dar una buena respuesta, es la mejor forma de prevenirlo.

¿Cuándo dejará de hacerlo?

Cuando encuentre y aprenda formas alternativas de liberar la tensión y comience a entender que sus emociones funcionan y valen.

¿Cómo puedo ayudarle cuando se está golpeando?

– Con esta edad, los niños no se golpean de forma voluntaria, con la intencionalidad de dañarse. Recuerda que es algo inconsciente, por lo que no intentes razonar con él en plena “crisis” o explicarle que no es la mejor forma de actuar.

Protege el lugar donde está sucediendo el incidente. Trae cojines y almohadas, y ponlos a su alcance protegiendo el suelo y las esquinas con las que pueda hacerse daño. Es posible, que realizar un cambio de escenario a través de las nuevas “incorporaciones” blandas focalicen su atención y canalice su malestar en ellas.

-No permitas que se haga daño pero no uses la fuerza.

– Tres son multitud. Proporciónale intimidad. El público no es necesario, ni conveniente, por lo que sí estás en casa, reserva el espacio para ti y tu hijo.

– Si tus verbalizaciones van a contribuir a aumentar la intensidad del episodio, es preferible que permanezcas en silencio. Si te sientes tranquila, puedes probar con frases suaves de apoyo como: “estoy aquí” o “estoy contigo”.

– Si tú hijo permite el contacto físico, ponle una mano en su espalda con suavidad y otra en su frente. Es una forma de evitar que se lesione que no todos los niños toleran en estos momentos, pero puedes probar una única vez para saber si tu hijo lo acepta con agrado.

No te vayas de su lado hasta que esté tranquilo. No lo hace para llamar la atención. Permanece lo más cerca posible, sentada con él, en el suelo. No le dejes sólo con su dolor.

– Intenta tararear alguna canción suave y tranquila. Empieza en tono suave para valorar si lo tolera bien, y si es así y percibes que le tranquiliza, no dejes de hacerlo hasta que le veas bien.

¿Qué debo hacer cuando el “episodio” ha remitido?

Dale tu tiempo, tu cariño y tu ternura. Descontrolarse agota física y mentalmente.

– Lo más probable es que tu hijo no entienda lo que le ha pasado, por lo que es conveniente poner palabras a lo que siente. Puedes ayudarle diciéndole frases como: “¿estabas muy enfadado cariño?”, “¿tenías mucho disgusto?”.

Ayúdale a reparar, explícale que le quieres pase lo que pase, que siempre estarás con él, que estás ahí para ayudarle. Acaríciale, que sienta que te importa y que si él sufre, tu…sufres con él.

Recoger y ordenar el material utilizado, a poder ser entre los dos.

– Si es posible, ayúdale con un baño, que siempre relaja y libera tensión.

– No plantees actividades de gran desgaste después, recuerda que está agotado y le conviene recuperar.

¿Y después qué?

– No le digas “no te tienes que golpear” porque causarás el efecto contrario. Recuerda que no lo hace adrede, y que es una “maniobra” involuntaria de descarga emocional. A esta edad, el juego, es el mejor compañero y aliado de padres e hijos.

– Que no te escuche hablar con otras personas de lo sucedido. No le hagas revivir el momento.

– Si el niño está escolarizado, será conveniente hablar con el equipo docente para confirmar que tu hijo recibe la misma respuesta en el colegio que en casa.

– Establece un plan de intervención en tres fases ayudándote de cuentos, teatros, marionetas y juegos.

1/ Piensa en historias de animales donde uno de sus protagonistas estaba muy enfadado y empezaba a golpearse. Tu hijo se sentirá identificado con él. Continúa con otro personaje que va en su ayuda y que ejerce un rol protector. Narra la historia de forma que el protagonista se deje ayudar por el otro personaje. Lo aprendido en el juego, en el mundo imaginario, se traslada al mundo real por lo que tu hijo conectará con esas historias cuando esté en “crisis”.

2/ A medida que vaya pasando el tiempo, modifica las historias de forma que el protagonista se sentía muy enfadado y disgustado pero había aprendido a liberar su frustración mediante el uso de cojines y sin golpearse. Ofrécele recursos y soluciones concretas para que pueda aplicarlas de forma eficaz. Refuerza el proceso con un personaje que ejerce el rol protector, que estaba muy contento de lo bien que había aprendido a resolver los conflictos el protagonista.

3/Tu hijo irá mejorando, por lo que puedes narrar historias en las que el protagonista sentía enfado, ira y frustración y le llamaba a otro personaje para utilizar la verbalizaciones y el afecto como descarga.

¿Qué hay de la contención?

 La contención siempre es emocional a través de abrazos, de caricias, de diálogo… El resto de contenciones llamadas “físicas”, solo son “placajes” camuflados en palabras bonitas y que usan la fuerza, por lo que poco o nada tienen que ver con el bienestar emocional de nuestros hijos.

 

 

PD: Artículo orientado a niños de menos de 3 años.

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