¡Milagro!, ¡mi hijo casi no come y crece!

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Hoy no sentía ganas de comer… y me mirabas. Me mirabas así, con esa mirada dura, y sin hablar, diciéndome: come todo. Así de duro, así de real. Y yo pensaba: sí, me lo comeré, pero sin ganas, sin disfrutarlo, por hacerte caso, no porque me apetezca.

Pensar que nuestros hijos van a comer una determinada cantidad, de una manera concreta o en un tiempo que hayamos previsto, puede ocasionar un conflicto, entre nuestras expectativas y la realidad. Ser conscientes de que ningún niño pasa hambre, ni puede estar desnutrido con comida equilibrada “en el plato”, es algo que debería sentar las bases, para poder trasladar unos hábitos emocionalmente saludables a las comidas.

Ofrecer un biberón nocturno como suplemento alimenticio puede ser correcto con un año, pero quizás con 5 años estamos interfiriendo en el ritmo diurno de comidas, ya que las calorías que ha comido por la noche no tendrá necesidad de ingerirlas durante el día. Además, la variedad de vitaminas que contiene un biberón de leche y cereales, son diferentes de las que se podría beneficiar en caso de que lo sustituyese por comida equilibrada, por lo que debería ser un aspecto a consultar en pediatría.come sandia

Incluir en su dieta el biberón, no va a favorecer que perfeccione la masticación, como tampoco lo hará el darle fruta batida, por lo que, si pretendemos que mejore el masticado, es preferible ofrecer fruta sólida, ya que aunque coma menos cantidad, irá descubriendo nuevos sabores respecto al que tienen varias frutas batidas juntas. Hay niños que toman fruta batida con cuatro años , y no hay nada negativo en que así sea, siempre y cuando se les dé la opción previa de comerla en trozos.

Buscar y aprovechar las oportunidades que nos ofrecen los cuentos, puede ser una forma de ayudar a que coman diversos alimentos, a través de verbalizaciones como: “y a Blancanieves le gustaban mucho las manzanas porque son muy ricas…”, “Cómo comía Asterix el pollo”, “Garbancito tenía el nombre de un garbanzo pequeño porque son muy ricos”, “¡mira, la gallina ha puesto huevos! ¡Con lo buenos que son para los músculos!”…

Los cuentos y los dibujos son muy efectivos para reforzar los buenos hábitos alimenticios, siendo necesario sustituir: “el se come todo y tú no” por “cómo le gustan las zanahorias al conejo” o “no me extraña que el conejo quiera comer zanahorias con lo ricas que son y el ruido tan gracioso que hacen cuando las muerdes”.

Situaciones cotidianas en el parque, o en la salida del colegio pueden generar oportunidades para ir “sembrando” mensajes que ayuden a reconducir sin personalizar. Si por ejemplo vemos a otro niño merendando, se le puede decir; “qué bocadillo más rico estás comiendo”.

La Educación-Emocional en las comidas

Cómo plantear las comidas es importante, tanto que se puede favorecer una relación positiva con los alimentos, o contribuir a que no sea así. Hay formas de ayudar, como procurar comer todos juntossin distractores, como dibujos o juguetes y hablando de conversaciones que les puedan resultar interesantes. Comentar nuestro día a día, en la compra o en el trabajo y pedirles opinión, les puede hacer sentirse importantes y relajarles de “nuestro objetivo”: Que vaya comiendo diferente y equilibrado. Será además, una forma de favorecer la autonomía en el uso de los cubiertos, ya que lo aprenderá por imitación al vernos.

Hay que prestar especial cuidado a las palabras  que utilicemos en su presencia, ya que verbalizar “qué poco come”, “qué mal come”, “estoy preocupada por cómo come”…, serán frases adecuadas para perpetuar el problema, por lo que es más efectivo reforzar lo positivo y lo que pretendemos conseguir utilizando expresiones como: “comerr (2)Cada vez come mejor”.

Hacer distinciones a la hora de comer entre los diferentes miembros de la familia, puede prolongar una alimentación selectiva. Si el menú del día es macarrones y pescado pero quieres ponerle también tortilla que le gusta, una forma de actuar mejorable, puede ser ofrecer macarrones y pescado a todos los comensales, y a tu hijo sólo tortilla. De esta forma, no se le ofrece la opción de comer lo mismo que al resto, lo cual no ayuda a que se decida a hacerlo.

El planteamiento no debería ser diferenciador, sino servir a todos primer plato, poniéndole una cantidad proporcional a tu hijo si prevés que no lo va a comer, dándole la posibilidad de que elija si lo quiere comer o no, pero sin darle importancia a la decisión que tome, sin insistirle, sin hablar de ello. Si lo prueba o come se le felicita, y si no lo hace se retira. Y se hace lo mismo con el pescado. De ese modo, tu hijo verá comer con agrado a los demás y elegirá qué hacer. Hay que dar tiempo porque a medida que se le vaya exponiendo a diferentes alimentos sin presión, irá probando cosas, por lo que se podrá ir aumentando la cantidad de alimentos habituales  porque tendrá una ingesta más variada.

Si la tortilla es uno de los platos que le gustan, y se ha decidido cocinar “para él”, no se debe poner en su plato directamente, indicando así que es específico para él, porque hacemos  que su forma de alimentarse sea diferente al resto. Hay que ponerlo en el centro, dando por hecho que no se cocina para él porque “no come otra cosa”, sino porque ese día formaba parte del menú. Sería conveniente que alguien más comiese tortilla para que el niño pueda ratificar, que efectivamente, no se hacen distinciones a la hora de preparar los alimentos.

Servir cantidades pequeñas en el inicio del “proceso de cambio”, es importante para no saturar, y para que de forma implícita, transmitamos que es preferible no dejar comida en el plato. Otra de las  opciones correctas, es invitarle a participar sirviendo la comida, de modo que vaya aprendiendo a responsabilizarse de las raciones que se sirve. Quizás un niño de 1 año, no tendrá la habilidad motora suficiente para servir un plato de sopa, pero si para servir croquetas o incluso algún filete.

En la enseñanza de modelos alimenticios adecuados, es más sano a nivel emocional tener un mantel preparado para limpieza “express”, que nos facilite una mayor autonomía y seguridad ante el alimento, que palabras que se deben evitar como “tú no puedes servir”.

Aquellos padres que crean que una ensalada no es una comida conveniente para un niño de 1 ó 2 años, y que decidan no ofrecérselo o contestar “de eso no puedes comer” cuando su hijo lo demanda, posiblemente, cuando su hijo tenga 6 años, tendrán dificultades en que este acepte dicho alimento como algo placentero. Siempre es más fácil enseñar en la primera infancia, donde aún tienen que “pintar” todo su mundo de colores, que cuando ya hay muchos matices adquiridos.

 

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3 comentarios

  1. Mi hija nunca ha tenido problemas para comer, siempre fue de buen diente… pero el post me parece estupendo, muchas de las ideas que das no se me hubieran ocurrido, ¡enhorabuena!

    Un saludo

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