Si mi hijo pide que suba al tobogán con él, yo…

Quién no ha ido a un parque en el que ha escuchado a un niño decir “sube aquí conmigo” mientras mira con emoción desde la parte más alta ¿Cómo responder?

La socialización en los niños tiene varios saltos o “barreras”. La primera, comienzan a atravesar pasados los tres años, donde se interesan de forma más activa por otros niños. Sin embargo, no es hasta que llegan a la “barrera de los seis años” cuando adquieren autonomía para “despegarse” de los padres en un parque y jugar con otros niños de forma más independiente.

La tercera etapa en la socialización comenzaría en la pubertad culminando en la adolescencia, donde los amigos tienen un papel fundamental en el desarrollo. Son edades orientativas porque la madurez emocional de cada niño lleva un ritmo diferente pero es cierto que hay unos “saltos” evolutivos en la socialización que conviene tener en cuenta.

¿Cómo les afecta en el parque?

Hasta los tres años, los niños suelen querer jugar con sus padres. Incluso pasado este tiempo, la demanda puede ser explícita. Esto tiende a crear una situación en el parque en la que el niño pide a sus padres que jueguen con él. Se suele sobrellevar cuando sucede en el suelo. Nos ayudamos de balones, columpios, sillas, coches, palos o cualquier cosa que esté a nuestro alcance, porque no es tan importante con qué si no cómo y con quién.

Pero cuando lo que el niño solicita implica trepar y bajar por el tobogán,  esconderse en la casa que está en lo alto o saltar en el puente, pocos son los que lo hacen sin preguntarse “qué dirán”. Se tiende a generar cierta tensión. Sentimos vergüenza y nos sentimos “mayores”. Nos sentimos incómodos.

Respuestas

Aquí no hay medias tintas. O se sube o no se sube. O se baja, o no se baja. El mensaje que enviamos es claro: “sí juego contigo” o “no juego contigo”. A los niños les llega así, sin codificar. Les llega en directo porque para ellos, después de sus padres, no hay nada más importante que jugar y no entienden que pueda ser de otra manera.

La gran mayoría lo maquillamos. Utilizamos frases como “yo no puedo subir ahí”, “ahora no puedo” o “anda, cómo voy a subir yo ahí”. Y un niño que descodifica simplificando es posible que no entienda cómo él puede subir y su madre, que para él es “lo más” no puede hacerlo. Es posible que interprete que no se quiere jugar con él y que nuestra forma de responder condicione su juego y su inteligencia emocional.

Cómo responder con educación emocional

1/ Establece unas normas

Explícale que puedes jugar con él, siempre y cuando no interfieras o dificultes el juego de otros niños.

2/ Sinceridad

Si ves que físicamente no entras en el tobogán y es lo que te está demandando, no tengas miedo de llamar a las cosas por su nombre. Es preferible decirle con sinceridad “no me entra el culo” que poner una excusa y que interprete que no quieres jugar con él.

3/ Ofrece alternativas

Si la opción que el niño plantea no va a ser posible porque no entras en el tobogán o el parque está muy concurrido, no te conformes con “no puedo subir”. Enséñale que rendirse no es una opción, que hay que intentarlo. Demuéstrale que las ganas de jugar con él prevalecen. Ofrécele una alternativa: “no puedo bajar por el tobogán porque no me entra el culo pero puedo subir al puente”.

4/ Disfruta

Si no estás dispuesto a disfrutar jugando con tu hijo, no juegues. Es preferible decirle “ahora estoy cansada para jugar” que jugar bostezando, no prestando atención o expresando malestar. Un niño puede entender el cansancio puntual sin que se resienta su inteligencia emocional y su autoestima si en otro momento sabes compensar, pero no puede asimilar sin dolor que no disfrutes junto a él.

5/ Prioridad

Demuéstrale que para ti, su bienestar va antes del “qué dirán”. Se su modelo. Transmite que si se quiere se puede y que para ti, él es tu prioridad.

 

 

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