Importante, ¿tu hijo sufre el efecto Pigmalión?

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Un día dos buenos amigos se sentaron en una terraza a tomar algo. Les llamó la atención un niño que estaba jugando cerca, y casi sin darse cuenta, empezaron a hablar de cuando eran niños. Se conocían desde el colegio, por lo que, tenían más de una anécdota con la que sonreír, y alguna otra con la que llevarse las manos a la cabeza.

 

Uno de ellos se dirigió al otro, y le dijo: “Recuerdo lo que sufrías con el deporte, lo que te esforzabas para lograr una canasta o para no caerte cuando te pasábamos el balón. Pero recuerdo aún más a tus padres animando en la grada como si jugases en la NBA”. Bebió un sorbo y siguió: “También me acuerdo mucho de lo que te costaba leer, de los días que te esperábamos debajo de casa a que terminases los deberes, y a tu madre ayudándote y preparándonos la merienda para amenizar la espera. Y ahora… eres un super profe de gimnasia. Cómo cambia la vida”.

 

Su amigo se quedó pensando en los años de esfuerzo y en sus padres, presentes en todos ellos. Suspiró, y añadió: “Eramos unos niños”. Seguidamente añadió: “A tí todo se te daba bien. Lo que hacías siempre llevaba tu sello de calidad” dijo sonriendo.

 

Y su amigo susurró bajando la cabeza: “No me servía de mucho. Para mis padres todo era poco. Aún resuena en mi cabeza el ‘No llegarás lejos’ de mi madre. Y tenía razón, sigo en el barrio de siempre haciendo alguna chapucilla que me va saliendo. En fin… historias”.

 

Ambos se quedaron mirándose, en uno de esos silencios con los que dos amigos, son capaces de decírselo todo sin necesitar mediar palabra. Y uno de ellos preguntó: “¿Qué nos pasó?”. El otro, miro al suelo, respiró profundamente, como queriendo coger fuerza y cuando iba a contestar, un hombre mayor, que estaba sentado en la mesa de al lado se giró y les dijo:

 

“Amigos; perdonar que me entrometa así, sin conocerme de nada, y sobre todo, disculpad que no haya podido evitar escuchar vuestra conversación. La vida, me ha regalado muchas cosas, algunas me han gustado, y otras no tanto. Pero os diré algo: he tratado con muchas personas a lo largo de mis 83 años, y en cada palabra vuestra, he visto una gran diferencia que os dará la respuesta.

 

A ti te educaron en el sí; en el sí puedes hacerlo, en el sí vales, en el sí llegarás, en el creo en ti. Tú sin embargo, creciste en el no; en el no puedes hacerlo, en el no vales, en el no llegarás, en el no creo en ti. Es el efecto pigmalión. Ahí tenéis la respuesta, ¡haced algo con ella!”.

 

Seguidamente, el hombre, cogió su sombrero y su bastón, y se alejó lentamente por la plaza.

 

¿Qué es el efecto Pigmalión?

Los padres tenemos la capacidad de condicionar la vida de nuestros hijos. En el útero materno se forma el potencial con el que nacemos, pero son los estímulos y el trato que recibimos,los que nos muestran el camino, y nos señalan en qué estación pararemos.

Unos padres que aprovechan cada ocasión para decirle a su hijo que los estudios no son “lo suyo”, estarán trazando un mapa a su hijo en dirección a que este quiera abandonar su vida académica lo antes posible. Si dicen a su hijo que puede practicar deporte pero que es mejor que se dedique a otra cosa porque “nunca será atleta”, están enviando a su hijo el mensaje de que es preferible que centre sus esfuerzos en  otra habilidad que no sea en él área deportiva, lo que le colocará en una posición poco favorable para destacar por su habilidad física. Tanto con un mensaje como con el otro están limitando su potencial.

Sería de sentido común que estos padres no se lamentasen en un futuro si tienen un hijo con poca formación o de tener un hijo “vago”, de hecho es probable que de adultos en cualquier reunión familiar continúen escuchando: “Los estudios no fueron lo tuyo” o “nunca se te dieron bien los deportes”.

¿Cuánto peso tienen las palabras?

Un niño que aún está desarrollando su cerebro y sus conexiones neuronales, que crece escuchando a sus padres, o a personas de referencia, decir: “vaya terremoto es”, “es un niño muy movido”, “¡cualquiera lo aguanta!”, “es para regalarlo”, “es de caprichoso…”, “se pone como loco”, “le afecta todo demasiado”, “es torpe”, “qué llorón es”, “no sabe relacionarse”…

Si este niño crece escuchando ese tipo de comentarios, en el que se le define y etiqueta de una determinada manera con una edad tan temprana, es un niño al que estaremos indicándole el camino para que sea así. No permitas que se dirijan a tu hijo de esta forma porque daña su bienestar emocional, su autoconcepto, su autoestima, su afán de superación y su capacidad de adaptación, y de cambio.

No sabía hasta dónde podía llegar hasta que me lo dijiste tú

La parte emocional del cerebro tiene un funcionamiento sencillo; necesita amor para desarrollarse bien. Y el amor es muchas cosas… es cariño, es respeto, es entender, es escuchar. Mándale un mensaje en negativo, y crecerá entendiendo, que ese es el camino que debe seguir. Envíale un mensaje en positivo, y leerá que puede, que es capaz, y se superará.

Todos necesitamos que alguien crea en nosotros

Cuando alguien cree en nosotros y sabe ver nuestro potencial, es capaz de transmitirnos tanta fuerza, y tanto convencimiento de que somos capaces, que nos lo creemos, nos superamos, y lo hacemos. Cree en tu hijo, valórale, cuida tus palabras, elige tus pensamientos, y no te olvides de decirle cada día que puede llegar donde quiera.

 Una vez fui niño y cada día escuchaba…

“Tú puedes hacerlo”, y… lo hice

 

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10 comentarios

  1. No tenía ni idea de lo que era el efecto pigmalion. Gracias por aclararlo, la verdad es que tenemos que tener cuidado con las cosas que decimos a los niños y delante e ellos sobre ellos. Les cortamos su progreso.

    1. Hola Maria!!
      A veces no le damos la importante que merece pero como bien dices, es conveniente dirigirnos a ellos en un lenguaje positivo, y creyendo en todo lo que son capaces de hacer, que es mucho. Un abrazo y gracias por tu comentario!!

  2. Me encanta el tema del post especialmente. Importante la mala costumbre de “predecir” lo que el niño va a ser… Dejemos q elijan su futuro!
    Gracias Izaskun! 😉

  3. mmmmm….reparo en algunas cosas….qué duda cabe decir que nuestras palabras, comentarios, consejos, etc. si son negativos, generarán en el niño efectos negativos….donde discrepo es que existe algo que es mucho más potente y que queda grabado a fuego en sus mentes, y es el ejemplo que le demos a nuestros hijos….lo que ellos ven de nosotros, con sus ojos, con su transparencia emocional… un ejemplo, no saco nada con decir….”en esta casa no se dicen garabatos…”, si yo, con los adultos de la la familia, mi hijo me ve y escucha decir garabatos…..existe una contradicción en ello, el mensaje no es claro, finalmente, frente a ellos se traduce en un bajo poder moral frente a quien nosotros educamos.

  4. Me emocionan esas cartas con las que empiezas…me gusta mucho leerte, conozco un caso de crecer con el NO y derivó en baja autoestima. Gracias por estas entradas

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