¿Qué es la caja del miedo? ¿Cómo usarla con tu hijo?

Mamá, cada mañana y cada tarde recorro ese pasillo y no me dice nada. Sólo me mira y yo ni me doy cuenta. Pero llega la noche y oscurece. Y lo que de día me parecía música, ahora me suena a ruido. Ruido que me asusta, ruido que me llama, ruido que me paraliza… también cuando para.

 

Y entonces en medio del silencio te escucho diciéndome que sólo es un pasillo y que estoy en casa. Tu voz suena firme, impaciente y clara. Sé que tú no lo entiendes pero a mí… me da miedo. Me aterra, me atemoriza. Me paraliza. Y lo que para tí son unos pasos, para mí es el camino del no me atrevo del no soy capaz, del no puedo pensar ni reaccionar. Y me quedo quieto sin poder moverme.

 

Siento tanto miedo que mis músculos ya no me siguen, ya no me escuchan, ya no me acompañan. Me dices que lo tengo que cruzar Mamá, que me enfrente a mis miedos. Me presionas y no te das cuenta de que me empujas, mientras mi cuerpo se ahoga en cada paso y que un sudor frío comienza a brotar ante la angustia de no sentirme entendido y abrazado en ese silencio oscuro, en esa soledad que me aterroriza.

 

Algunos días, lloro por fuera y otros… lo hago por dentro. Lloro porque sólo me queda encender todas las luces y salir corriendo, salir huyendo mientras me miras no entendiendo. Sé que no lo soportas. Te lo veo en la cara Mamá.  Pero tengo miedo y no lo elijo yo. No es adrede. No me gusta tenerlo ni sentirlo. ¿Qué puedo hacer? ¿Tú has tenido miedo alguna vez Mamá?

 

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción que se dispara cuando percibimos un peligro. Se puede sentir por una amenaza real como un accidente de tráfico o una persona que nos está pegando, pero también puede activarse ante algo que nos parece peligroso aunque en realidad no lo sea.

Un adulto emocionalmente sano puede diferenciar con más facilidad un peligro real de uno imaginario y regular la intensidad y la respuesta cuando los miedos son más perceptivos que reales. Pero un niño aún no tiene la capacidad de entender y delimitar si el peligro es real o no. Y esto no sólo condiciona su respuesta, si no que debe condicionar la nuestra.

¿Cómo funciona el miedo?

El miedo funcional sirve para activar, para ponernos alerta y a salvo ante un peligro real. Los niños tienen “miedos evolutivos” que les permiten ir entrenando la respuesta ante un posible miedo real. A medida que los niños crecen, puede ser frecuente que experimenten miedo a los extraños, a la oscuridad, a quedarse solos, a los animales, al abandono, al fracaso, a la no aceptación…

Los miedos van variando y evolucionando a medida que el niño crece. Sin embargo, conviene fijarse si el miedo que el niño experimenta es patológico de forma que interfiere en su calidad de vida y en sus rutinas diarias, ya que, en ese caso, sería conveniente hacer una valoración profesional para asegurarnos de que el niño mejora y aprende a gestionar el miedo y a reducir su dolor.

¿Cómo actuar si tu hijo tiene miedo?

 Cuando un niño tiene miedo, hay que entenderle y respetarle. Decirle frases como “eso no te puede dar miedo” o “no puedes tener miedo por eso” no sólo invalida su emoción, si no que daña su inteligencia emocional. Todas las emociones son válidas, sólo hay que aprender a gestionarlas  de forma correcta pero nunca a disimularlas, a esconderlas o a ignorarlas.

Si tu hijo te dice que tiene miedo porque hay un fantasma en su habitación y decides darle un “baño de realidad” afirmando que los fantasmas no existen y queriendo cerrar el capítulo por él, estás favoreciendo que el miedo se acentúe, que se instaure y que visite cada noche a tu hijo.

Si tu hijo te llama diciendo que hay un fantasma en su habitación enciende la luz, búscalo con él y ofréce agua, luz y compañía. No le hagas ver que algo imaginario le provoca una emoción tan dolorosa y real. No está preparado para ello. En lugar de eso, captura su fantasma.

¿Cómo se captura un fantasma en la caja del miedo?

 Se busca, se encuentra, se le encierra en la “caja de los miedos” y se le mata. Así de fácil, así de eficaz. Los niños necesitan sacar el miedo “fuera” y ubicarlo en alguna parte, por lo que si sabes que tu hijo tiene miedo a los monstruos o a los fantasmas, puedes crear junto a él una caja que sirva de “cárcel”. No hay nada que reconforte más a un niño asustado por un monstruo que saber que su madre le cree y le entiende y que el monstruo que ha “visto” está capturado listo para sentencia.

¿Cómo ayudar?

Si sabes que tu hijo tiene miedo a cruzar un pasillo oscuro, no esperes a que te llame cuando sienta palpitaciones en su corazón. Un niño que tiene miedo es un niño que sufre. Anticipa, acude antes. No le digas “vengo a ayudarte porque tienes miedo”. Se su bastón. No fijes verbalizando lo que no quieres que se instaure. Dile “hola cariño, vengo a darte un abrazo para que te sientas mejor”, “vengo a darte la mano y tocar tu corazón”. Busca su sonrisa.

No le fuerces a hacer sólo lo que aún necesita hacer en compañía. Si sabes que la oscuridad no ayuda, enciende una luz, déjale una linterna, canta con él. Pon música alegre que acompañe y tranquilice, baila. Utiliza la habituación, y crea momentos mágicos y positivos para que asocie el pasillo con algo bueno y satisfactorio. Juega a los detectives pasando con él de la mano y quizás después de muchas veces, sea capaz de pasar junto a ti sin necesidad de darte la mano. Posiblemente, después de cruzar otras tantas, sea capaz de cruzar sólo, sin sentir miedo.

Utiliza distractores que le hagan exponerse sin darse cuenta. Crea una competición de coches por el pasillo o una pista de canicas. Jugar en compañía y de forma satisfactoria en el espacio susceptible de miedo, provocará emociones nuevas que pueden ir solapando y reconduciendo la anterior.

Canaliza tu frustración y no la muestres delante de tu hijo si aún necesita de tu ayuda para cruzar el pasillo. No le riñas por sentir miedo. Todo niño busca la aprobación de sus padres, y exponer a ver tu rabia agudizará su sentimiento de culpabilidad y su dolor pero no ayudará a que su miedo  se disipe.

Entiende, abraza, consuela, recoge. Hazle sentirse arropado, protegido y apoyado. Explícale que le vas a ayudar, que no está sólo, que los miedos son parte de nuestra vida y que estás segura de que lo vencerá, pero mientras tanto dale la seguridad y confianza externa que necesita hasta que su mundo emocional se ordene. Dale permanencia.

 

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6 comentarios

  1. Me ha encantado.
    De pequeña no me acompañaron en mis miedos y lo recuerdo como algo muy duro. Sigo siendo una persona miedosa, por cierto.
    Me parece muy útil la información y me va a ser de gran ayuda cuando mi hijo empiece a tener miedos.
    Gracias

  2. ¡Hola Leila!

    Cuando los miedos infantiles no se acompañan y se busca una estrategia adecuada para sacarlos, puede ocurrir que se instauren como parte de la personalidad. Pero incluso de adultos, podemos hacer algo con ello y sobre todo, prestar atención para no transmitir nuestros propios miedos a nuestros hijos. Seguro que lo consigues.

    Me alegro mucho de que estas ideas te sirvan para cuando tu hijo lo necesite. ¡Un abrazo y gracias por tus palabras y tu comentario!

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