Entrevista a Laura Ibarburu: “La Inteligencia Emocional es la principal responsable del éxito o fracaso de las personas”

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Hoy he tenido la ocasión de pasar un rato agradable junto a Laura Ibarburu, que trabaja a diario con niños y niñas y que ha querido compartir su experiencia y conocimientos con Educación Emocional.

Hola Laura, cuéntanos algo de ti

Mi nombre es Laura Ibarburu. Soy Psicóloga (GZ02099) y al finalizar la carrera, me especialicé en Terapia familiar y de pareja, desde un enfoque sistémico, y, tras hacer el máster, he realizado estudios en Programación neurolingüística (PNL) y también en Gestalt. Actualmente trabajo en Pausoka, una asociación de padres localizada en Hernani. También atiendo a familias, parejas y a nivel individual en mi consulta privada LauraIbarburu.com.

Anteriormente, estuve trabajando a lo largo de 3 años con niños en riesgo de desprotección social, en un centro de servicios sociales. Las edades de los niños comprendían desde recién nacidos a niños de 14 años.

¿Por qué crees que debemos cuidar las emociones?

Las emociones tienen varias funciones, una de ellas como motivadoras de la conducta, para atender a los problemas y desarrollar acciones para resolverlos. Otra función adaptativa de las emociones. Así por ejemplo, el miedo nos protege, el enfado sirve para hacernos valer y ponernos límites, la alegría como repetición de conducta y la tristeza para integrar aspectos a través de la reflexión. Por otra parte, como función social, pues permite una mejor comunicación y conocimiento de los otros.

En lugar de describir las emociones como positivas y negativas, deberíamos entenderlas como emociones agradables y desagradables, ya que nos permiten relacionarnos y actuar de forma adaptativa.

Por tanto, conocer nuestras emociones, ser capaces de identificarlas y poder regularlas, nos permite, por un lado, cuidarnos mejor y, por otro, entender más a los demás, logrando relacionarnos mejor.

La Inteligencia Emocional, un término acuñado por dos psicólogos de la Universidad de Yale (Peter Salovey y John Mayer) y difundida mundialmente por el psicólogo, filósofo y periodista Daniel Goleman, es la capacidad de sentir, entender, controlar y modificar los estados anímicos propios y ajenos.

Las habilidades prácticas que se desprenden de la Inteligencia Emocional son cinco, y pueden ser clasificadas en el área de la inteligencia intrapersonal, pues son internas y de autoconocimiento. A este área pertenecen la autoconciencia, que es la capacidad de saber qué está pasando en nuestro cuerpo y qué estamos sintiendo, el control emocional, que es la capacidad de regular la manifestación de una emoción y modificar un estado anímico y su exteriorización, y por último la capacidad de motivarse y motivar a los demás.

En el área interpersonal en cambio, se encuentra la empatía, que consiste en entender qué están sintiendo otras personas así como ver cuestiones y situaciones desde su perspectiva, y las habilidades sociales, que son habilidades que rodean la popularidad, el liderazgo y la eficacia interpersonal, y que pueden ser usadas para persuadir y dirigir, negociar y resolver disputas, para la cooperación y el trabajo en equipo).

Se ha podido comprobar que un elevado CI puede predecir quién tendrá éxito a nivel académico, pero no dice nada del camino que tomará la persona cuando termine su educación. Estudios recientes demuestran que la Inteligencia Emocional es la principal responsable del éxito o fracaso de las personas en todos sus ámbitos : profesional, personal y social.

¿Cómo crees que podemos ayudar a nuestros hijos a conocer sus emociones?

Los padres funcionan como un modelo para sus hijos en todos los sentidos. Con lo cual, pueden ser un modelo sano de gestión de emociones. Para esto, pueden, de forma natural, ayudar a poner nombre a las emociones de sus hijos, hablando sobre aspectos que hayan tenido lugar a lo largo del día, sobre formas adecuadas del manejo de las emociones, formas de canalizarlas. Todo esto no juzgándolas y ayudándoles a que las puedan canalizar.

Entre las actividades que los padres pueden realizar con los hijos, estarían las siguientes: dibujar cómo se siente el niño en ese momento, leer juntos cuentos en los que el protagonista experimenta distintas emociones, cómo las regula de forma adecuada, hacer listas de situaciones que les gustan más o menos, qué emociones les generan estas situaciones o dibujar caras en las que aparecen emociones.

Laura, ¿qué nos cuentas sobre la experiencia vital de cada persona? ¿Crees que puede condicionar su felicidad?

En mi opinión, no es la experiencia la que marca o condiciona la felicidad de una persona, si no la lectura que la persona haga de esa situación concreta. Hay factores que influyen en la lectura que la persona haga de esa situación. Entre esos factores están la personalidad, los recursos que esa persona tenga a nivel individual (factores como la resiliencia, fortalezas), así como apoyos externos (familia, amigos, pareja). “La auténtica felicidad” libro de Martin E.P. Seligman.

¿Qué hábito crees que nunca debería faltar en la relación padres-hijos?

En mi opinión, son varios los hábitos que nunca deberían faltar en la relación entre padres e hijos. Es importante disponer de un tiempo compartido entre ambos, de calidad. También el que se produzca una buena comunicación entre padres e hijos, hablando de emociones, de situaciones que han tenido lugar a lo largo del día, de formas en las que pueden resolver los problemas de la mejor forma posible.

Es bueno que los padres puedan demostrar afecto a sus hijos y que les valoren y ayuden a potenciar sus cualidades y les reconozcan el esfuerzo y los logros, potenciando así una mayor autoconciencia de sí mismos y una mejor autoestima. Todo ello, acompañado del establecimiento de límites, y de pautas y normas en la convivencia en casa, en el colegio

Creo que el momento en que los padres deberían recurrir a un psicólogo para ayudar a sus hijos puede ser, bien cuando hablando con los profesores del niño estos les comenten que puede ser importante atender a ciertos aspectos que pueden estar influyendo en el niño, en forma de un apoyo externo. También puede ser que los padres observen que hay estados a nivel emocional, que permanecen en el tiempo y esto les preocupe. Es decir, hay días en los que todos, adultos y niños, sentimos emociones que nos cuesta más manejar o que nos resultan menos agradables. Si estas emociones se mantienen en el tiempo, a nivel conductual se perciben cambios, etc.

¿Compartirías con educación emocional alguna estrategia sana para poner límites?

Los límites son buenos para un desarrollo sano del niño. Es importante que los padres se pongan de acuerdo con respecto a las normas y límites que les gustaría establecer, para ello habrán de tener en cuenta sus valores y también tendrán que atender a la edad y necesidades de su hijo.

Las áreas en las que deben existir normas y límites son los espacios físicos de la casa, las rutinas y horarios así como los deberes y derechos de los miembros de la casa. Estas normas y límites deben ser claras y son los padres quienes tienen que transmitirlas al niño. Es bueno que los límites vayan acompañados de afecto incondicional y de firmeza. Tampoco es conveniente estar poniendo límites constantemente, pero estos deben ser concretos y específicos con frases cortas y órdenes precisas.

Es interesante ofrecer opciones al niño, diciéndole, por ejemplo, ‘Es la hora de vestirse. ¿Quieres elegir tú la ropa o la elijo yo?’

En general, es mejor decir a un niño lo que debe hacer (‘hablar bajo’) antes de lo que no debe hacer (‘No grites’).

Explicar el porqué. Entendiendo la razón, los niños pueden desarrollar valores internos de conducta o comportamiento y crear su propia conciencia. Antes de dar una larga explicación que puede distraer a los niños, manifiesta la razón en pocas palabras.

Desaprobar la conducta y no al niño. Sugerir alternativas para llevar a cabo esa conducta y de la forma más adecuada. Esto se puede aplicar en el ámbito de las emociones, entiendo su enfado, por ejemplo, pero ofreciéndole alternativas para que lo exprese de una forma sana para él y para los demás.

Firmeza en el cumplimiento de esos límites. Las rutinas y las reglas son importantes y deben ser claras para todos (por ejemplo, la hora de llegada a casa, la organización tras la vuelta del cole, etc.).

Muchísimas gracias por tu tiempo, tu dedicación y por responder de forma tan cercana. Ha sido un placer, un abrazo y hasta la próxima.

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