El niño olvida, su cerebro no

Hoy hablamos de emociones y de adopciones con Montse Lapastora, psicóloga especialista en adopción y con gran experiencia en el trabajo con niños adoptados y sus familias.

 Hola Montse, cuéntanos algo de ti

Soy psicóloga clínica especialista en psicología clínica. Lo más característico es que me encanta mi trabajo, tanto que cada día disfruto con todo lo q hago. Tanto la clínica con los niños como con los adultos, escribir, dar charlas… me encanta. Creo que es un trabajo apasionante y tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta.

Qué suerte porque no todo el mundo puede decir lo mismo.

Sí, dedicarte a esto es un regalo de la vida cada día. Llegar la hora de irte y tener la sensación de que no me importaría estar un poco más.

¿Por qué te especializaste en el trabajo con niños adoptados y con sus familias?

Fue un poco aleatorio porque cuando hice la especialidad en psicología clínica, coincidió que en el colegio de psicólogos se abrió en turno para hacer los informes psicosociales de adopción. Entonces presenté los papeles, me admitieron, hice el curso y me reuní con un grupo para ver cómo eran las valoraciones de casos negativos, porque nos parecía mucha responsabilidad el decir a una persona que no puede adoptar.

A partir de ahí me empezó a gustar este mundo, empecé a leer, a estudiar y cuando empecé, hace unos 15 años no había nada de adopción. Entonces empecé a leer, a estudiar a meterme en este mundo y me apasionó. Y seguí especializándome y ahí está toda la parte de este trabajo, y aunque sigo en la psicología clínica, tengo ahora mismo dos centros y en los dos estamos especializados en adopción.

Tanto yo como mis compañeras trabajamos también con las familias, porque no solamente tienes que hacerlo con el niño. De hecho los padres tienen mucho que ver. Hay cosas que tienen que ver con los niños, pero hay cosas que tienen que ver con los padres. No solo desde la clínica. Muchas veces necesitan mucha orientación, mucha formación… Es un trabajo holístico. No nos podemos centrar solamente en una parte de la familia.

¿Qué necesidades emocionales tiene un niño adoptado?

Generalmente tiene bastantes más necesidades. Tenemos que pensar que si nosotros somos una casa, cuando nos formamos como personas -nuestra personalidad-, la parte de abajo son los cimientos, que corresponden al primer o primer y segundo año de vida -suponiendo que el niño haya sido adoptado en esta edad-.

En esta etapa a los niños les falta mucha madurez del neuro desarrollo. Además también está el apego, que se forma en estos primeros años, donde el niño va a aprender a querer y a ser querido. Por eso sus necesidades van a estar como amplificadas.

Si a un bebé con hambre no se le da comida, sentirá que no vale y que no es lo suficientemente valioso

Se dan casos en los que un niño que ha venido con 7 meses, y que ahora tiene 6 años sigue preguntando cada día: “¿me vas a venir a buscar al cole?”, porque tienen miedo a ese abandono. Necesitan que se les demuestre explícitamente e implícitamente el cariño cada día. Como mantras. Luego ya, dependiendo de cómo haya venido cada uno, las necesidades serán mayores o menores.

¿Hay diferencias en los procesos emocionales entre un niño que ha crecido con su familia biológica con respecto a un niño que vive en una familia de acogida o adoptiva?

Sí, hay bastantes diferencias. Por ejemplo la confianza que un bebe tiene con su madre, que sale de la tripa y le ponen en el pecho y ha estado todo ese tiempo en el útero, ha estado bien cuidado, querido y cuando está con su madre con ese mismo olor, con esa misma voz… La reconoce.

Cuando ese bebe tenga hambre y su madre satisfaga las necesidades va a sentir que se preocupan por él y que es importante. En cambio, si a un bebé con hambre no se le da comida pensará que no vale y que no es lo suficientemente valioso, independientemente de las conexiones neuronales.

Por ejemplo cuando un bebé está muy estresado, o la madre de un bebé está muy estresada, el stress pasa a través de la placenta hasta el útero. Cuando el stress, que es una de las hormonas que nos preparan para luchar o defendernos, se repite una y otra vez, genera un daño en el niño.

Es como si alguien te amenaza con una pistola. Todo tu sistema fisiológico de alarma se pone en funcionamiento: el corazón palpita, las manos sudan, las piernas se disparan para correr… Cuando pasa el peligro, te tranquilizas, y el funcionamiento orgánico vuelve a la normalidad. Pero un niño no sabe qué le pasa, solo siente que está en peligro, y siente lo mismo cuando tiene hambre, cuando tiene frío o cuando tiene miedo.

Las hormonas del stress materno pasan hasta el útero a través de la placenta

 

Cada una de estas veces va segregando cortisol. Lo que ocurre es que llega un momento en que el cerebro se invade de cortisol y lo que podía ser algo bueno se convierte en algo destructivo. Es decir, destruye alguna de las conexiones neuronales que hay. Después vemos niños que tienen falta de atención, que no tienen una buena memoria, que pueden tener problemas en el aprendizaje… Eso no quiere decir que les pase a todos, pero puede pasar.

Con lo cual no sólo es el apego, -que tener a tu madre ahí te da seguridad- si no todas estas cosas que a nivel neurológico, hacen que los niños tengan una serie de condicionamientos diferentes.

¿Hay suficiente apoyo y concienciación hacia los niños adoptados y sus familias?

 En absoluto. Aquí queda muchísimo por hacer. Nosotros en Madrid vamos a dar charlas gratuitas a los colegios para concienciar de eso porque muchos profesores, e incluso compañeros de profesión que no están en este mundo dicen “pero bueno, si le adoptaron con 10 meses, ya no pasa nada…”. No hay conciencia. Piensan que los niños y su cerebro lo olvidan todo. Pero lo cierto es que ellos sí olvidan, pero sus cerebros no. Y luego esto tiene consecuencias a largo plazo.

¿Cuál es la mejor forma de explicar a un niño su historia de vida?

Desde el primer día. Hay muchos padres que tienen miedo de decirles a los niños la verdad. Pero la verdad es lo natural. Cuando un niño llega a casa con 5 meses, no se lo vas a contar -que también- pero hay cosas como si pones una foto de cuando le fuiste a recoger a la casa cuna o cuando estuvo en el orfanato… de forma que él pueda ir preguntando:  “¿y esa foto dónde era?” o “¿con quién estoy?”. Pues esta en la que estás conmigo es de cuando te fuimos a buscar a China, etc.

Y de esta manera, se van respondiendo poco a poco a las preguntas que hace el niño sin que luego sea mucho más difícil. Hay que responder a las preguntas que él hace porque si no tiene capacidad para elaborar una pregunta no la va a hacer. Entonces él, poco a poco va a ir asumiendo esa conciencia de que ha sido adoptado, y además se siente con el permiso de preguntar. Porque muchos padres te dicen “sí, aquí en casa hay permiso, se habla con naturalidad ” pero luego hablas con el niño y en el primer segundo que te conoce te pregunta “¿tú sabes algo de mis padres biológicos?”.

Los niños son muy perceptivos. Si perciben un gesto de que ese tema no es adecuado, que es doloroso… dejan de preguntar.

El origen del niño… ¿condiciona?

El origen nos condiciona siempre. No es lo mismo un niño que ha tenido cubiertas todas su necesidades básicas y que se ha sentido querido a un niño que no. Hablo por ejemplo de muchas familias de nuestro alrededor, que trabajan mucho y que están con una cuidadora. Esos son abandonos de otro tipo, pero también son abandonos. O si yo he sido maltratada. Evidentemente, el origen no puede ser el mismo. Lo importante es la seguridad y el apego seguro.

El stress repetido es destructivo

Sí tenemos un abanico donde en un extremo está el apego seguro y en el otro está el apego inseguro, la mayoría de las personas están cercanas al lado del apego seguro. En el caso de estos niños, están más cercanos al apego inseguro o desorganizado, que es el apego más complicado.

¿Los padres adoptivos se encuentran con dificultades de crianza diferentes a los padres biológicos?

Sí, porque primero no tienen referentes. Todos lo que hay en su alrededor, normalmente son padres biológicos. Luego se encuentran con niños que no tienen un comportamiento adecuado, y tienen que escuchar comentarios como “es que no le pones límites”… Y no es verdad, son niños distintos. Son niños que han sufrido mucho stress y no pueden aguantar estar quietos. No es que no quieran, es que no pueden.

El cortisol destruye algunas  conexiones neuronales

O se encuentran con un niño que aprende la tabla de multiplicar y al día siguiente se le ha olvidado. Tienen que empezar a atender a sus hijos con mucha mano izquierda. Con estos niños por ejemplo, los castigos no funcionan.

Es como si pones en una pared la lista de la compra con letras magnéticas en mal estado y llegas al día siguiente y se han caído todas al suelo. Pues es lo que les pasa. Es como que la información no se les fija.

¿Qué te viene a la cabeza cuando piensas en el proceso previo a la asignación de un niño a su familia adoptiva?

Me viene el sufrimiento de los padres adoptivos, la larga espera, las dificultades que hay a nivel burocrático, y que me parece que todo eso es una gymkana emocional terrible, muy duro. Que cada vez está más difícil, más complicado.

¿Qué opinas sobre la etiqueta de “niños conflictivos” que a veces se les pone a los niños que han tenido que cambiar de familia?

A mí no me gusta hablar de etiquetas ni poner etiquetas a nadie. Sí que entiendo que son niños con más dificultades porque la vida que  han tenido… ha sido una vida muy dura. Si nosotros nos ponemos en su lugar… Simplemente si a ti ahora mismo, tal y como estás, te arrancan de tu vida y te llevan a un país que no conoces, con un idioma que no entiendes, con gente de colores diferentes, que no sabes lo que te va a pasar… ¿cómo te comportarías? Estarías en estado de shock y dando patadas a todo el que se te arrimara.

Hay que responder a las preguntas que plantean los niños siempre con la verdad

Se les pide demasiado. Son niños que tienen algunas dificultades, pero unos si y otros no. No tienen por qué ser todos los niños conflictivos. Habrá que estar atento cuando llegue la búsqueda de orígenes, en la adolescencia, cuando ellos empiecen a hacer preguntas… Pero si se hace una buena transmisión a lo largo de todos los años, eso, será mucho más fácil. Mucha parte del éxito de las adopciones es una buena transmisión de orígenes.

Sobre el daño emocional nos dirías…

Que hay algunos niños que vienen con daño. Son niños que no se fían, que tienen muy poca tolerancia a la frustración, que lo quieren todo y lo quieren ya, que son impulsivos, que les cuesta mucho expresar emociones, que tienen muchos miedos… Todo eso está relacionado con el mundo emocional.

¿Nos podrías contar algo sobre el estudio del colecho que estás haciendo?

 La idea surgió porque yo veía que con la mayoría de estos niños, el colecho era una herramienta estupenda para favorecer su neurodesarrollo,  como una medicina. Entonces, aunque en principio yo provenía de otra orientación psicológica contraria a su práctica, lo empecé a recomendar.

Hay a quien le puede parecer una barbaridad, pero igual que a nosotros, que cuando estamos enfermos en un hospital te dejan que estés con tu pareja, con tu hijo o con tu madre, ¿por qué ellos que viven esta situación de fragilidad no les dejamos que duerman con sus padres? Porque se ve que cuando duermen con ellos, su respiración es otra, su tono muscular es otro… Están totalmente rendidos al sueño. Ellos ya dicen cuando basta.

La emoción más intensa de la semana para Montse es…

Me resulta muy emocionante cuando doy el alta a un niño, o a un adulto. Cuando veo que está bien, que venía con bastante deterioro y salen adelante… Eso para mí es de las mayores emociones que hay. Y luego a nivel personal, todo lo que tenga que ver con mi familia…

Muchísimas gracias Montse por tu cercanía, por poner voz a tantos niños y familias y por expresar de forma tan clara una realidad que aún requiere un mayor apoyo, comprensión y reconocimiento social.

 

 

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