Mi padre está en la cárcel

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Recientemente he tenido ocasión de hablar con una madre que tiene un niño cuyo padre está en la cárcel. Me preguntaba sobre el modo más correcto de enfocar este tema de forma positiva y adecuada con su hijo, pues hasta ahora ella le dice que trabaja en una empresa que está lejos de su domicilio y no puede venir.

¿Cómo le decimos que está en la cárcel?

Decirle a un hijo que su padre está en la cárcel es duro. De hecho, no va a ser fácil de decir ni de asimilar, porque nunca es agradable tener a un ser querido privado de libertad, y aún menos, si quien lo tiene que entender es un niño. Pero hay situaciones en la vida que son así y que el niño debe de conocer.

Los padres debemos ser sinceros con nuestros hijos y no perder credibilidad. Siempre es mejor que un niño crea que su padre no viene a verlo porque no puede, a que piense que no quiere venir a verle, pues de ser así elaborará pensamientos que repercutirán en su autoestima de forma negativa tales como: “no valgo suficiente” o “mi padre no me quiere”… Estos son “fantasmas” que debemos alejar de nuestros hijos, por lo que es mejor que conozcan el motivo real por el que su padre no vive en casa.

Hasta aproximadamente los seis años de edad, los niños tienden a catalogar a las personas como buenas y malas lo cual hace difícil que puedan comprender que una persona buena ha hecho un acto que no está bien. Por tanto, la edad del niño es un factor a tener en cuenta a la hora de hablar con él. Es preciso que entienda que no todos los actos se castigan con penas de cárcel y asegurarle que los niños no pueden ir a la cárcel. Esto debe de quedarle claro para eliminar posibles miedos que le puedan afectar a su vida diaria tanto durante el día como de noche, en su descanso.

Respecto al cómo decírselo, no hay manera buena de dar una noticia así, pero si hay formas que le dañarán menos como utilizar un lenguaje claro y directo y dar la información justa, normalizando la situación. El cómo perciban nuestro estado emocional a la hora de transmitírselo, marcará también la forma en que lo procesen, pues los niños son muy sensitivos, por lo tanto, es preferible “pecar” de simplificar y dar pocos detalles que hacer un análisis exhaustivo de la situación. Los niños son naturales en sus preguntas y tienen aún un punto de inocencia que debemos aprovechar, ya que, si tienen dudas sobre algo nos lo harán saber.

Por otra parte, conviene decirles cuánto tiempo va a estar “ausente” su padre midiéndolo en cursos escolares. De poco sirve decirles que le podrán ver el 28 de junio de 2018, si aún no tienen la temporalidad adquirida. Es recomendable decirles que le podrán ver cuando tengan 8 años y estén en tercero de educación primaria. De ese modo, podrán entender mejor el tiempo que falta para que su padre esté en casa.

Es posible que sienta curiosidad por saber el delito que ha cometido su padre, y a pesar de que cada caso es único en cuanto a condena, nivel madurativo y necesidad de saber del niño, se debe de contar a grandes rasgos y preferentemente a partir de la adolescencia. Las infracciones graves sin embargo, deben reservarse para la edad adulta donde pueda elaborarse la respuesta emocional de forma más segura.

Conviene quitar carga al niño y hacerle saber que su padre cometió un gran error, que no respetó una norma, que ha entendido que no se debe de hacer y que le echa mucho de menos. Se les puede contar cómo es el día a día de su padre en prisión y qué cosas hacen, siempre trasladándoles que se encuentra físicamente seguro y que no corre peligro alguno, para que no se preocupe del bienestar de su padre.

En cuanto al contacto, siempre que este sea positivo para el niño y que la relación sea sana, conviene que haya. Porque su padre no puede verle siempre que desee, pero le quiere, y si pudiera, pasaría más tiempo con él. Esto es algo que el niño tiene que saber para poder “reparar” su autoestima del dolor que supone tener un padre privado de libertad. Siempre que sea posible y el niño quiera, es recomendable que le vea y le tenga presente a través de contacto telefónico, o bien a través de cartas, fotografías o dibujos.

Así mismo, se debe hablar de él con naturalidad y mencionarle sin dejarlo como si fuese un tema tabú. Los adultos no debemos esconder nuestras emociones, porque es más sano hacerle ver al niño que nos entristece mucho la situación, pero que la vida tiene muchas cosas para disfrutar mientras llega el momento de poder estar con su padre.

En cualquier caso, es un tema lo suficientemente serio como para que el profesorado del niño esté al corriente para que pueda ayudarle, así como para recurrir a apoyo profesional sin avergonzarse por ello, ya que, el modo en que el niño lo elabore, condicionará su felicidad a lo largo de toda su vida.

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7 comentarios

  1. Vaya pasada de artículo. Buenisimo. Importantísimo difundir. A mi me ha hecho abrir los ojos más allá del ombligo de mi casa y darme cuenta de que numerosos niños lo tienen que estar pasando muy mal estas fechas.

    1. Hola Sara!!
      Muchísimas gracias por tu reflexión. Por desgracia hay una realidad que “no se ve”, y es que hay niños que tienen este tipo de situaciones en su vida diaria y que es evidente que no disfrutan con ello. Un abrazo para todos ellos y otro para ti.

  2. Muchas gracias por esta informacion, mi hija esta en la carcel y tengo la custodia fisica de mi nieto quien es un pequeño de 3 añitos, y es muy dificil y doloroso hablar con el pero informacion como esta me dio la seguridad que yo ocupaba para hablar con mi nieto y decirle la verdad, gracias por compartir su conocimiento.

    1. Hola Carmen!!

      Me alegro que esta información pueda ayudarle a hablar con él de este tema tan delicado. Queda una parte importante de tratar pero no olvidada como son las visitas, que suelen darse en espacios poco adecuados para el bienestar del niño. Un abrazo y muchas gracias por compartir una situación dolorosa. Estoy segura que su nieto le aporta sonrisas cada día que le darán fuerza para buscar respuestas.

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