Hablar con nuestro hijo de la muerte de su animal

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Hoy es un día triste en mi familia, uno de los momentos delicados que sabíamos que llegaría pero que no esperábamos que fuese tan pronto. Hoy se ha muerto nuestro perro, amigo, compañero. Para nosotros era uno más en casa. Habrá quien no lo entienda, pero lo hemos sentido así durante los 13 años que ha estado con nosotros.

Esta mañana, he llevado a Luis al colegio, y cuando he vuelto “Lau” ya no ladraba. Lo único positivo es que Luis no estaba en casa. Pero cuando llegue, la evidencia hablará por si sola, y tendré que explicarle que “Lau” ya no volverá a jugar con él.

Le diré que nunca volverá a jugar, ni a correr, ni a andar, ni a comer, ni a subirse a su cama, ni a morderle el balón, ni a ladrar. Tendré que ser clara y contarle que se ha muerto y que no va a volver.

Temo su reacción, porque sé que más que su perro, ha sido su compañero de juegos desde que nació. Al principio con una suavidad y un tacto extremo, que fue graduando a medida que Luis iba creciendo. Tenían un vínculo especial. Y no ha tenido la oportunidad de despedirse.

Se que Luis es un niño que aún necesita práctica para aprender a regular sus emociones, y que esto le hace ser muy intenso en su sentir, así que espero que reaccione rozando la impulsividad cuando se entere. Porque los niños son así, necesitan liberar y expresar sus emociones para sentirse bien y sobre todo, que les recojan cuando todo esto suceda.

Lo quiero con toda mi alma, y le haré saber que también yo tengo una mezcla de emociones, pasando por la tristeza, el enfado, el no querer ver lo que ha pasado. Pero sobre todo le abrazaré y le diré la verdad para no hacerle sufrir.

Se que no le ayudaría diciéndole que está enfermo porque se preocuparía, y que si le digo que está de vacaciones y se ha ido sin él, le va a doler de forma agónica esperando algo que nunca sucederá. Tampoco debo decirle que está dormido, lo cual interferiría en su calidad de sueño.

Porque le quiero, y se que también las heridas del alma se curan, le voy a decir la verdad. Lloraremos juntos si hace falta y lo superaremos, le ayudaré a recuperarse porque voy a estar ahí, con él, para él.

Si me lo pregunta, le explicaré que el veterinario se ha encargado de su cuerpo, y si tiene curiosidad por saber si volveremos a tener un perro, le diré que cuando hayamos superado el vacío y el sentimiento de pérdida y nos encontremos con ganas de querer otro perro, lo tendremos, pero sabiendo que nunca será como “Lau”, porque cada persona y cada animal somos únicos.

Me voy a recoger a Luis del colegio, que se me hace tarde. Desearme suerte.

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5 comentarios

  1. Hola Izaskun; excelente artículo, lo he tenido que leer dos veces, la primera porque me he emocionado y la segunda para saber bien que aconsejabas. Hay muchisima información en este artículo. Lo comparto en los grupos de whatsapp. Gracias

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