No se puede educar sin lágrimas

Hoy compartimos impresiones con 3 profesionales que trabajan en el sistema de Protección Infantil acompañando, apoyando y ayudando. Lara Formariz – Pedagoga- lo hace desde un centro de menores y Estibaliz Lizarraga -Educadora Social- y Gorka Saitua -Pedagogo- como Educadores Familiares. Ellos son Indartzen y lo tienen claro.

Hola, ¿nos podéis contar algo de vosotros?

Claro que sí. Somos Gorka, Lara y Esti, las 3 personas que hay detrás de Indartzen. Un lugar al que los padres y las madres pueden recurrir para reflexionar sobre su crianza y en el que ponemos a su disposición multitud de ideas y materiales para hacer de sus hijos e hijas personas más sabias, más fuertes y más amables. O como se dice de manera técnica más “resilientes”.

¿Cómo surgió la idea de crear Indartzen?

Llevamos más de 13 años trabajando en protección a la infancia. Gracias a la formación que hemos recibido y a nuestra experiencia, hemos podido valorar diferentes modelos de trabajo con familias. Entre todos ellos hubo uno que nos llamó especialmente la atención. Este modelo no sólo conecta con nuestra forma de ver la realidad, sino que está muy respaldado por la evidencia científica.

La Neurobiología Interpersonal se basa en la teoría del apego y en las últimas investigaciones sobre cómo se desarrolla el cerebro, y cómo se enfrenta a la adversidad. En estos casos hablamos de “resiliencia”, un concepto clave para nosotros.

Nos dimos cuenta de que esta forma de trabajar tiene mucho potencial, y quisimos trasladarla al ámbito privado para disfrutar de esta aventura, pero también porque consideramos que son buenas ideas y que deben estar al alcance de todo el mundo.

Como muchas veces ocurre, el trabajo con las personas más desfavorecidas abre las puertas a beneficios para toda la sociedad. Ha ocurrido con la estimulación temprana, con la atención a la diversidad, con la accesibilidad y ahora con la resiliencia y los buenos tratos.

¿Qué hacéis en Indartzen?

Cuando hablamos de “resiliencia” hablamos de la capacidad que tienen las personas -niños y adultos- para enfrentar los golpes que les da la vida sin sufrir un daño emocional. Es como una vacuna que los padres pueden poner a sus hijos e hijas a favor del bienestar y contra la enfermedad mental. Aquí es donde centramos nuestra atención.

Simplificando un poco, nuestro trabajo tiene 3 partes. A la primera le llamamos “Orientación Infanto-Juvenil” y tiene que ver con los procesos neurobiológicos y psicológicos tras el bienestar y la salud mental. Contamos con recursos para ayudar a los niños y adolescentes a comprender e integrar experiencias complejas, cuando sus padres tienen dudas o sienten que no les pueden ayudar.

La segunda parte tiene que ver con la idea de que la resiliencia se sustenta en las relaciones de calidad. Cuando hay dificultades, el estrés suele empujar a las familias hacia el caos o la rigidez. Mediante la Orientación Familiar y nuestros cursos y talleres apoyamos a los padres y a las madres para que puedan llegar a una forma más satisfactoria de hacer las cosas… Para que ayuden a sus hijos e hijas a funcionar y desarrollarse mejor, pero sobre todo, para que no pierdan la perspectiva de lo que para ellos es importante, sabiendo que no existen recetas mágicas para este “cocido”, sino que cada cual debe funcionar según su criterio y forma de ser. Ante todo, disfrute y autenticidad.

La familia para un niño lo es todo

Y, por último, entendemos que la parentalidad no se ejerce en el vacío, sino en un contexto sociocultural y legal. Es evidente que la sociedad a veces facilita o dificulta la crianza de los niños y niñas. Que les beneficia o les hace daño. Por tanto, una apuesta por la resiliencia implica necesariamente un compromiso por cambiar ciertos aspectos de la realidad. De ahí, el componente crítico de alguno de nuestros artículos.

Indartzen se creó para personas y familias que pasan momentos complicados, pero también para quien desee reflexionar y profundizar en su forma de educar. Los buenos momentos son cuando más se puede aprender. Los que encierran más potencial.

¿Se puede detectar el daño emocional?

Por supuesto. Pero hay que ser muy consciente de que las etiquetas pueden hacer mucho daño a las personas. Hay muchos profesionales que emiten lo que parecen diagnósticos médicos, con su nombre rimbombante, sus gráficos y porcentajes… esto les da seguridad. Pero poner un nombre a lo que pasa no es, en ningún caso, garantía de solución.

Nuestro enfoque se basa en las potencialidades de las personas. Todos las tenemos y siempre podemos sacarles más partido. Cuando las personas reflexionamos en profundidad sobre lo que hacemos bien, el cerebro automáticamente se da cuenta de lo que es mejor. Esto es lo que nos lleva a avanzar.

¿Cómo se puede ayudar a un niño que tiene daño emocional?

Es una pregunta difícil de responder porque cada caso es particular. No obstante, hay 4 ideas que seguro tenemos que destacar. Lo primero, es muy importante que las personas que cuidan de él asuman su responsabilidad. A pesar de que existan multitud de “especialistas” alrededor, ninguno puede suplir la cercanía y seguridad que puede dar un padre o una madre. Siempre propondremos a los adultos participar.

Lo segundo, no podemos olvidar que lo que le ocurre a nuestro hijo nos afecta. Nos provoca alegría, tristeza, miedo, sorpresa, enfado… lo que sea. Estas emociones nos impulsan a actuar de una u otra manera, a favor o en contra de lo que le viene bien. Por ello, con frecuencia es necesario realizar un trabajo personal para mejorar la calidad de las relaciones.

Lo tercero, es comprender lo que nuestro hijo necesita en realidad. Los adultos tendemos a interpretar las necesidades de los niños según nuestros criterios y nuestras claves. Desde el mundo adulto, y basándonos en las experiencias que a nosotros mismos nos han hecho sentir bien o mal. Es necesario ver lo que necesita el niño o la niña con independencia de todo esto, ir más allá.

Por último, llegados a este punto seguramente tendremos las cosas claras, por lo que es hora de diseñar un plan. Una hoja de ruta. Este breve y sencillo documento servirá como punto de referencia para valorar si seguimos por el buen camino, o si es necesario que volvamos a pararnos a pensar. Constituye un acuerdo entre los clientes y el orientador familiar. Marca un camino y también da mucha seguridad.

¿Creéis que se cuidan las emociones o que se tiende a no pensar en ellas hasta que detectamos un problema?

Esta es una de esas preguntas que contienen la respuesta. En efecto, es así. Las personas tendemos a pensar que funcionamos de manera lógica y racional. Que somos el capitán del barco, y que tenemos el control. Y nada más lejos de la realidad.

A nosotros nos gusta decir que existen dos modelos de intervención: la que se dirige al lado izquierdo del cerebro y la que va al derecho. Simplificando mucho, el izquierdo es el lado racional y el derecho es el emocional. La experiencia nos dice que las intervenciones tradicionales, orientadas casi en exclusiva al lado izquierdo del cerebro, no permiten avanzar demasiado.

No vale la convicción para sentir suficiente motivación. Por eso nosotros apostamos por otra modalidad de intervención: la que incorpora nuestra parte más humana y más emocional. Cuando tomamos conciencia de lo que realmente nos está ocurriendo a todos por dentro, cuando empatizamos con los demás, es cuando surge el deseo de avanzar.

¿Las vivencias y los tratos que se reciben en la infancia influyen en la vida adulta?

Totalmente. Hasta niveles que no podemos sospechar. Sobre todo, cuando somos más pequeños. Por ejemplo, hoy en día sabemos que la etapa de los 0 a los 3 años es crucial. Mucha gente piensa que los primeros años no tienen gran trascendencia porque los niños y niñas no tienen recuerdos. Es un error.

Es en estos primeros años cuando se articula el principal “cableado” cerebral, un periodo crítico para que el niño adquiera la primera conciencia de cómo es el mundo, amistoso u hostil. Pasado este periodo crítico será mucho más difícil cambiar esta primera actitud vital. Hoy se sabe que los buenos tratos durante la más tierna infancia son lo que más van a beneficiar nuestra salud física y mental. Es una pena que aún no se contemplen estos datos para organizar los sistemas de atención primaria en sanidad.

¿Qué os sugiere un niño con baja tolerancia a la frustración?

En principio nada. Se tiende mucho a culpabilizar a los padres y las madres de los niños y niñas que se salen de la norma. Pero la realidad es que una baja tolerancia a la frustración no es —dejémoslo bien claro— un indicador de que exista algún tipo de incapacidad parental. Hay niños y niñas que simplemente son más reactivos que sus iguales. Tienen un motor muy potente para los frenos que les proporciona su edad.

Una forma adecuada de tratarla…

Por supuesto, hay muchas formas de hacerlo. Por ejemplo, suele resultar muy positivo que los padres y las madres ayuden a sus hijos a visualizar su propia mente. Simbolizar. Explicarse a sí mismos qué es lo que les ocurre. El problema es que esta tarea es muy complicada con los niños más pequeños, y muchas veces hace falta el apoyo de materiales como los que tenemos en nuestro Blog.

Hay niños que tienen un motor muy potente para los frenos que les proporciona su edad

Pero, ante todo, es muy importante tener en cuenta que el desarrollo de los niños nos impone a todos unos límites que —por mucho que lo intentemos— no podemos transcender. Llegarán en su momento hasta donde puedan llegar y mientras tanto, suele ser mucho más interesante que los adultos reflexionen sobre cómo pueden proporcionarles relaciones de la máxima calidad. Es cuando nos sentimos a gusto con los demás, cuando podemos crecer y evolucionar.

¿Se puede educar sin lágrimas?

No. Los límites generan frustración. Y los niños y niñas más pequeños no cuentan con recursos para lidiar con estas emociones. Pero sí podemos contar con recursos para poner normas y límites de la manera más amable posible, para que los niños y las niñas estén más dispuestos a cooperar. Y de paso, que vayan creando conexiones fuertes entre su cerebro superior e inferior. Así es como se aprenden a controlar.

Sobre las dificultades en las habilidades sociales que tienen algunos niños y la forma en la que se gestionan diríais…

Es muy difícil generalizar. Pero sí te diremos que somos enemigos de los tradicionales programas de “entrenamiento en habilidades sociales” que priorizan el componente conductual. De nada sirve enseñar a un niño o un adolescente cómo hacer las cosas si no le estimulamos para ponerse en la piel de los demás. Y para ello resulta necesario la implicación de los padres y de toda la comunidad escolar.

Los buenos tratos no se enseñan. Se viven. Y así es cómo se hacen parte de nosotros, hasta que no nos podemos separar de ellos.

¿Qué es la familia para un niño?

Lo es todo. Es el lugar donde pueden llegar a experimentar que se les quiere mucho más allá de lo que hagan o dejen de hacer. El lugar donde pueden sentirse seguros, y desde el cual pueden lanzarse a explorar un mundo gigantesco con el que van a tener que lidiar. Y además, es el sitio donde pueden ir desarrollando su personalidad, bajo el manto cálido del reconocimiento de sus cualidades y la aceptación de sus limitaciones, mecidos por un afecto incondicional.

Pero tenemos que acordarnos también de los niños y niñas que no se identifican con la experiencia que acabamos de contar. Hay niños y niñas a quienes hay que proteger, para que no sufran un daño irreversible.

¿Compartiríais alguna estrategia que ayude a unos padres a los que su hijo no obedece?

Por supuesto. Hay muchas. Muchos padres, madres e incluso educadores nos dicen que es muy útil la actividad “El Extintor”. Para que los niños y niñas obedezcan de buen grado, es importante que se sientan comprendidos, en sintonía con el adulto que les cuida. Y para ello, es muy importante que puedan decir lo que necesitan. Con su lenguaje. Y que nosotros como adultos actuemos en sintonía para ayudarles a volver a un estado de calma, de integración.

¿Nos podríais explicar un poco más en qué consiste la actividad “El extintor” de la que habláis?

Es un pictograma en el que se distinguen 3 columnas. En la primera, el niño o la niña tiene que elegir aué emoción siente. En la segunda hay un termómetro con tres colores -rojo, naranja y verde- que le ayuda a definir la intensidad de su estado emocional. Y la tercera contempla unos cuantos dibujos que representan lo que el niño o la niña puede necesitar para tranquilizarse.

Puede hacerse con el dedo o con pegatinas, pero tienen que señalar algo de cada una de las 3 columnas. Así los niños y niñas cuentan con una herramienta a la que pueden recurrir siempre que quieran y lo necesiten, y los padres les pueden dar una respuesta sincrónica que les devuelva a un estado de calma e integración.

Todos tenemos potencialidades

Y es que cuando los niños están desbordados, no pueden contar con su cerebro por lo que necesitan el andamiaje de un adulto. Es una forma excelente de “salir del paso” pero también de estimular las redes neuronales en las que se sustenta el autocontrol. Como curiosidad, decir que muchos padres y madres reportan mejoras en la comunicación familiar, e incluso una mejoría en la relación de pareja. Nos encanta.

Sobre la aceptación diríais…

Lo que seguramente espera todo el mundo. Que no es posible estar a gusto con nosotros mismos, si no nos hemos sentido aceptados por los demás. Aceptar a una persona es un proceso activo, que requiere esfuerzo y dedicación. Es la puerta por la que hay que pasar para que nos podamos “sentir sentidos” en una relación.

Por ejemplo, en el trabajo con familias del sistema de protección, hay un momento que es mágico. Dura unos instantes, poco más que un latido del corazón. Ocurre cuando los profesionales nos damos cuenta de que las personas con quienes intervenimos no tenían muchas más alternativas para enfrentar sus dificultades. Que han hecho las cosas lo mejor que han podido. En ese momento traspasamos las defensas, y podemos empezar a colaborar.

¿Qué os sugiere un niño tímido?

Que tiene la suerte de contar con muchos recursos que los extrovertidos no pueden siquiera imaginar. Se tiende a pensar en la timidez como una limitación personal, cuando la realidad es que los niños y niñas tímidos pueden desarrollar otra serie de cualidades resilientes que, en ningún caso, se deben menospreciar. Por ejemplo, entre otras cosas, suelen ser más reflexivos, tienden a demorar mejor la satisfacción de sus impulsos, y estar más en contacto con su mundo interior. Son fascinantes.

Muchísimas gracias a los tres por vuestra cercanía, por reservar un hueco de vuestro tiempo para compartir con nosotros y por poner palabras tan claras a disposición de quien las quiera valorar. ¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

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8 comentarios

  1. Gracias Izaskun por darnos esta oportunidad para poder explicar no solo el trabajo que hacemos, sino también compartir la motivación por lo que lo que cada día trabajamos.
    Y lo posar como la gente importante ha estado muy bien!!

  2. Mil gracias Izaskun por darnos un espacio en tu blog. Eres una de esas personas que tienen una capacidad maravillosa para explicar de manera sencilla cosas que son muy profundas y complejas. Tus artículos están llenos de ideas que permiten a los padres y a las madres ayudar a sus hijos a ser personas más sabias, más fuertes y más amables. Nos encanta tu trabajo. Esperamos seguir en contacto contigo, bien a través de nuestra web http://www.indartzen.com o a través de nuestro Facebook “Ideas para fortalecer a tus hijos e hijas” http://www.facebook.com/fortalecerhijos.

  3. Pingback: Bitacoras.com

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