Cuentos, lo que no te han contado

Los momentos que dedicamos a contar cuentos, tienen un valor tan grande y tantos beneficios para nuestros hijos, que merecen ocupar un lugar importante en nuestra vida. No se trata sólo de favorecer la afición por la lectura o de cultivar la imaginación y la creatividad. Son mucho más, ya que, ayudan a fomentar y mejorar la calidad del vínculo y la interacción entre padres e hijos, a la vez que les proporcionan herramientas de resolución de conflictos y les transmiten seguridad. En realidad, pueden mejorar casi todos los aspectos, incluyendo la autoestima, el autoconcepto y las relaciones sociales, porque no tienen límites reales, sino imaginarios. Todo esto, repercute de forma positiva en un niño más sano y equilibrado a nivel emocional.

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¡Qué viene el lobo!

Hoy ha sido una mañana acelerada. Me he dormido, la leche del desayuno se ha esparcido por la mesa, mi hijo ha tenido que hacer una visita de urgencia al baño cuando deberíamos estar de camino al cole, y una entrada triunfal en el ascensor con tropezón incluido y a medio peinar. Al llegar al coche, mi hijo estaba “juguetón” y no quería subir a la silla para atarse en cinturón. Mientras valoraba las opciones de cómo hacerlo, un coche de policía ha parado en el semáforo, quedándose a nuestra altura y me ha salido un: “¡corre, sube y átate el cinturón que nos multan!”.

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¿Muerde? Te está pidiendo ayuda

Estar en el parque y escuchar de vez en cuando un “¡no muerdas!” seguido de un “¡qué daño me has hecho!”, es habitual. Generalmente, al girarnos a mirar a la “zona cero”, solemos ver a una madre con un niño de entre nueve meses y dos años, edad que coincide casualmente con el proceso natural de la primera dentición infantil.

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