9 pautas para que consigas no reñir a tu hijo en público

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Reñir. Hoy me has reñido con tantas ganas que aún retumban en mi cabeza tus palabras. Hoy, tu tono serio y tajante ha dejado una marca en mi corazón. Y es que hoy no era un día cualquiera Mamá. Hoy me dolía más. Hoy había público. Y lo sabías. Sabías que había gente que me importa mirando y no parecías darte cuenta de que me dolía el alma, me dolía el orgullo y de que sentía una vergüenza tan grande que me encontraba paralizada, acorralada, avergonzada, herida… y humillada Mamá.

 Perdóname por sentirlo así. No pretendo herirte Mamá. No sé cómo lo recordarás tu Mamá, pero yo recuerdo calor por todo mi cuerpo, y recuerdo el latido de mi corazón corriendo tanto que creía que se me iba a salir por la boca. Recuerdo lo mal que me sentía, las ganas que tenía de escapar, de salir corriendo, de que se parase el tiempo. Y recuerdo que no me salía la voz.

 

Hoy no estábamos solas. Me dolía y no te dabas cuenta. Estabas tan concentrada en enseñarme lo que es correcto, que arreglando “mi balcón” se te olvidó mirar el tuyo. No necesito sentir vergüenza para entender que no estuvo bien.

 

Mamá, te pido, te ruego que si necesito que me llames la atención, lo hagas, pero que te guardes la reflexión para cuando estemos en casa y tengamos tiempo y espacio para hablar y entendernos. Sin presión, sin prisas y sin miradas que juzguen para que pueda,… sentirme valorada, querida, entendida y respetada.

 

 A veces, en alguna reunión familiar, o incluso estando con los amigos, pueden surgir situaciones en las que uno de los niños tenga comportamientos poco adecuados. No entra dentro de lo deseable, pero sí dentro de lo posible. Tener presente cuáles son las estrategias que mejor funcionan, cuidando el bienestar emocional del niño, puede ser decisivo para llegar a una solución rápida y acertada. 

Una adecuada gestión emocional facilita la resolución de un conflicto

Cuando nos encontramos en un lugar público, la situación es más delicada que si estamos en casa. Tanto niños como adultos somos más vulnerables porque hay menos recursos de los que disponer, en caso de que la situación no se resuelva de forma breve y sin conflicto. Precisamente, esta vulnerabilidad, este miedo al “descontrol” puede precipitar que el desarrollo no sea todo acertado que debiera.

¿Cómo hacer que reconduzca su actitud?

1- No es conveniente llamar la atención , recriminar o reñir a un niño como si estuviésemos en la intimidad

Los demás no tienen por qué escuchar como un padre llama la atención a su hijo, y le da las explicaciones pertinentes, ya que este puede sentirse expuesto dañando su autoestima, especialmente, si se utiliza un tono acusatorio o de recriminación.

2- El resultado será más fácil de manejar si somos discretos

No es aconsejable acudir al “foco de conflicto”, si no sacar el “foco” del conflicto. Es preferible llamar al niño y pedirle que nos acompañe a un lugar alejado del resto, para invitarle a que reconduzca su actitud.

3- Señalar que ha cruzado el límite 

Decirle al niño que ha sobrepasado la barrera de lo aceptable, y que lo hablaréis tranquilamente cuando estes en casa, debería ser suficiente para que entienda que debe de cambiar de actitud. Poner la mano en su espalda con cariño y pedirlo por favor, suele dar mejor resultado que recriminar.

4- No es momento de discutir o debatir

Intentar mejorar la situación mediante el diálogo, puede ocasionar el efecto contrario si las emociones de ambas partes están a “flor de piel”, ya que, existe el riesgo de actuar desde el impulso. Retrasar este momento para más adelante, cuando haya una correcta gestión emocional, posibilita tomar distancia con lo sucedido y ofrece un punto de vista más meditado y adecuado.

5- Ofrecer agua

Es un modo de refrescar y de “cortar” la dinámica proporcionando tiempo para pensar, para respirar y para suavizar.

6- No amenazar

Podemos tender a utilizar frases como “si sigues así nos vamos de aquí”, que no deja de ser una amenaza de castigo. Si decidimos hacerla, debemos estar seguros de que vamos a cumplirla para no perder autoridad. Sin embargo, da mejores resultados sustituir la frase por “estamos muy a gusto aquí, vamos a hacer bien las cosas para que sigamos disfrutando del día”.

7- Empatizar

Imagina que tu jefe te llama la atención de forma repetida y con un lenguaje firme y directo delante de tus compañeros. Seguro que entiendes que ese malestar podría reducirse si te lo dice en un despacho y con un lenguaje cordial y respetuoso. Hablar desde la rabia provoca malestar.

8- Buscar un momento en casa para hablar de lo sucedido

Utilizar un lenguaje respetuoso que posibilite el acercamiento y el cambio de actitud para sucesivas ocasiones. Hablar eliminando frases acusatorias como “tú has hecho” cambiándolas por “yo me he sentido”.

9- Abraza

Nunca se abraza suficiente. En esta vida, estamos para aprender, y abrazar pasado un conflicto, enseña, acerca y repara.

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6 comentarios

  1. Es que lo que no queremos para nosotros los adultos, tampoco tenemos que quererlo para ellos. Si nosotros no discutimos en público, por qué les alzamos la voz y recriminamos a ellos!?

    Lo del agua es algo que suelo hacer mucho jejejej

    Gracias por tus consejos.

    1. Hola Carol!!

      Tener en cuenta lo que hacemos entre adultos sería una referencia interesante a tener en cuenta en este tema. Sin embargo, a veces parece que se “olvida” o se pierde la perspectiva cuando se trata de niños y viene bien recordarlo. Un abrazo!!

  2. Muy interesantes las pautas, si es que lo que no queremos para nosotros no deberíamos hacerlo para ellos, aveces se olvida, Espero que cuando nazca el bebé sepa afrontar esto con serenidad y tranquilidad, por él.

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