Qué planes con niños tienen Educación-Emocional

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“Hoy he querido hacer un plan cultural con mis hijos, en el que había depositado todas mis expectativas de poder inculcarles algo de “amor” hacia el arte. Quería que disfrutasen de la experiencia tanto, que les quedasen ganas de repetir y de poder transmitirles el gusto por hacer planes diferentes donde el aprendizaje también tiene cabida.

 

No ha sido así. No sólo no han disfrutado, sino que nos hemos sentido totalmente invadidos y ha sido una de esas experiencias para “olvidar”. Tener a lo largo del recorrido del museo, a cuatro personas de seguridad “marcando” los pasos de cerca asegurándose de que mis hijos se comportaban como adultos y no como los niños que son, no ha sido agradable. Tener que silenciar cada expresión emocional que les suscitaba una obra y cada vez que emitían una risa o una exclamación de “¡hala!”, tener que decirles que no era adecuado porque el personal de seguridad estaba detrás de mi nuca, no ha sido buena idea.

 

Y me arrepiento, me arrepiento como madre de no haber sabido programar o elegir mejor la visita. Me arrepiento de no haber podido prever, que no en todos los museos o lugares culturales, los niños pueden disfrutar y aprender respetando sus necesidades, o por lo menos, no como las entiendo yo”.

 

Si nos situamos en la capitalidad cultural Europea 2016 , podríamos hacer una comparativa de un lugar dirigido a adultos como es un Museo, donde los niños no pueden tocar absolutamente nada de las obras que se exponen al alcance de su mano, donde el silencio debe de ser riguroso, y donde se espera un comportamiento “exquisito” impropio de un niño.

Afortunadamente, existen lugares dedicados a niños, como  el Eureka Museoa, donde son bien recibidos, donde se entiende que lo visual se queda corto para llegar a todo el potencial que estos tienen y donde se invita a tocar, manipular, experimentar, reír, imaginar, crear, saltar e incluso correr.

Los planes culturales, como ir a un teatro o a un parque temático son recomendables, pero informarnos antes de cuáles de ellos van a ofrecer unas posibilidades acordes al mensaje y forma de educar que queremos transmitir a nuestros hijos, no sólo será necesario para que lo pasemos bien o sientan ganas de repetir la experiencia entendiendo que la cultura es disfrute, sino que nos facilitará educar de forma respetuosa con las emociones que estén sintiendo nuestros hijos.

Hay ocasiones, en las que los adultos tenemos ilusión por hacer un plan en familia, y no siempre nos planteamos si nuestros hijos disfrutarán con el. Pretender visitar una cueva con un niño de tres años que está en plena “crisis de miedos”, puede no ser una buena idea, porque el niño puede comenzar a llorar, teniendo que decidir entre dejar que nuestro hijo se “exponga” a sus miedos y los “supere” o abandonar el lugar a pesar de haber abonado el importe.

Evidentemente, siempre es mejor salir del lugar “no apto para nuestros hijo” y recogerle con cariño, y comprensión evitando comentarios como “no se le puede llevar a ningún sitio”, “no podemos hacer ningún plan decente” y pedirle perdón por no haber sabido entender que no era un adecuado para él. Ya llegará el día en que le apetezca ver una cueva, y si no es así, no pasa nada, ya que, no todas las personas elegimos las mismas experiencias. Habrá quien sea feliz escalando, y quien prefiera no probarlo. La vida, tiene miles de elecciones, y también hay que enseñar a elegir, para que a medida que vaya creciendo, sea capaz de tomar sus propias decisiones, sin necesidad de que alguien decida por él porque está inseguro.

No sólo hay una edad para cada cosa, sino también un momento, y unas preferencias. Podemos tener muchas ganas de montar en caballo, pero si a nuestro hijo no le gustan, no va a ser un plan ideal. Podemos tener ganas de ir a ver marionetas, pero si a nuestro hijo le asustan, quizás no es el momento idóneo.

Podemos tener ganas de ir a ver la Gioconda, pero si a nuestro hijo le gusta más pintar que ver cuadros, será más adecuado que los pinte. Podemos aborrecer los animales marinos, pero si a nuestro hijo le encantan los delfines, ir a un lugar donde pueda conocerlos de cerca, será una buena opción para que descubra cosas que de otro modo no podría.

El equilibrio en la elección de gustos y preferencias familiares a la hora de hacer planes, es bueno, es ideal, pero no hay que olvidar, que si nuestro hijo disfruta, disfrutamos nosotros, y que hay veces, en que un pequeño sacrificio, se compensa con la sonrisa de nuestro hijo y con pasar un día agradable junto a él.

Imponer un plan por obligación, puede conllevar, que a medida que vaya creciendo y teniendo poder de decisión, quiera “independizarse” cuanto antes de nuestros planes para hacer los suyos propios, por lo que consensuar en familia el tiempo de ocio y hacer participes a nuestros hijos, será una de las cosas que nos faciliten que se sientan importantes y valorados a la hora de elegir cómo pasamos el tiempo juntos.

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4 comentarios

  1. Está claro que a la hora de elegir una actividad tenemos que ponernos en su lugar y pensar de que manera la verán ellos. Pero bueno, tampoco pasa nada por equivocarnos, también es una forma de aprender y descubrir nuevas emociones en ellos, no!?

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