¿Qué hacer cuando un niño molesta al tuyo en el parque?

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Hoy he ido al parque con mi hija. Le encanta subir y bajar por el tobogán  y jugar con otros niños. Así que enseguida se ha acercado donde dos niños que jugaban y entre los tres se han entendido bastante bien. Al rato, se ha incorporado otro niño de la edad, que ha venido a enturbiar el buen ambiente. Ha comenzado a ponerse en medio del tobogán y a decirles: “tú no puedes bajar”, “no te dejo bajar” y cosas del estilo. El caso es que ni bajaba ni dejaba bajar. Estaba… haciendo atasco.

Yo miraba de un lado a otro buscando con la mirada a los padres del niño con la esperanza de que mediasen en el conflicto. Pero no veía a nadie que pudiera ser persona de referencia del niño. Ni qué decir tiene, que la situación no me hacía ninguna gracia.

 

Finalmente, hemos conseguido “solucionar” este “bache”, pero al momento, de nuevo estaba chinchando y molestando. La situación ha sido desagradable, tanto que no hemos podido disfrutar del parque como siempre. ¿Qué puedo hacer?

 El parque es un lugar de diversidad. En los estilos educativos, en la forma de comportarse, de relacionarse, de resolver conflictos… Hay personas de todo tipo y de todas las edades. Es una oportunidad de aprendizaje, de ver cómo se desenvuelven nuestros hijos. No se trata sólo de un lugar de ocio, si no de un espacio donde podemos aprovechar para darles herramientas y que desarrollen recursos personales y sociales.

¿Qué puedo encontrar en un parque?

En un parque, puede haber niños acompañados de sus padres y niños que no lo están. Padres presentes y padres “ausentes”. Padres que aciertan con las pautas emocionales y otros que no. Niños que tienen un comportamiento socialmente aceptable y otros que no. Padres que lo intentan y lo consiguen y otros que no.

¿Cómo me manejo yo?

Siendo respetuoso, cordial y amable. Es la mejor forma de transmitir a tu hijo los valores sociales y las normas de convivencia. Cuando los padres están cerca de sus hijos, es algo que suele resultar sencillo porque si surge un conflicto, la mediación es casi inmediata.

El problema suele surgir cuando consideramos que nuestro hijo está sufriendo un caso de abuso o al menos de injusticia o inferioridad. En estos momentos, se nos activan las alarmas, el “instinto de protección” y nuestras propias emociones se disparan. La consecuencia puede pasar por tener más dificultades en ser adecuados en la respuesta.

¿Cómo resolver con educación emocional?

Si la situación no es de riesgo vital o con probabilidad de agresión, es conveniente esperar a ver cómo reacciona tu hijo. Su modo de situarse en la escena, nos dará pistas para saber si ante un conflicto, es de los que huye, de los que se enfrenta o de los que pide ayuda.

Si actuamos de forma inmediata, estamos cortando la capacidad de respuesta del niño, estamos enviándole el mensaje “ya intervengo yo que tú no puedes”. Espera a ver cómo reacciona tu hijo para intervenir y darle pautas si lo ves preciso.

Si tenemos a un niño que está “taponando” la bajada del tobogán, podemos tener la tentación de pedirle que libere el acceso. No acostumbres a tu hijo a que le resuelvan los problemas. Dale la oportunidad de crecer y resolverlos.

Mi hijo intenta resolver

Si observas que tu hijo se enfrenta al niño desde el diálogo y le pide paso, felicítale, independientemente de la respuesta del niño que “atasca”o molesta. Háblale y explícale -puede ser en casa- que actuar bien, no implica que los demás lo hagan, pero que aún así, el “buen hacer” debe prevalecer siempre.

Si aún así, el niño no hace caso, deberían hacerse cargo de la situación sus padres. Si esto no es así porque están despistados o son de los que se quedan lejos tomando un café, puedes pedirle con respeto que deje pasar. Normalmente, el hecho de que sea un adulto quien lo haga, es motivo suficiente para ceder a la demanda. Intenta empatizar y tener en cuenta que se trata de un niño. Se puede resolver, enseñar y pedir sin reñir. Háblale como te gustaría que hablaran a tu hijo. Gestiona de forma positiva tus emociones.

Recoge a tu hijo y hazle saber que te gusta ver que es responsable y actúa correctamente. Refuérzale. Es la forma de conseguir que clasifique su intervención positivamente y la haga extensiva a situaciones similares. Justifica tu intervención -si ha sido necesaria- para que entienda que no ha sido por su forma de actuar si no por la respuesta del otro niño.

Mi hijo pide ayuda

 Puede ocurrir que tu hijo te llame o se quede quieto como si no entendiera bien la situación. Son formas de pedir ayuda en las que puedes aportar poniendo palabras que ayuden a buscar alternativas como “¿Qué pasa cariño? ¿No deja bajar?”. Si el momento lo requiere, puedes sugerirle “Pídele que te deje pasar por favor”.

Si lo hace, estaríamos ante un niño, que con apoyo o proporcionándole recursos, se enfrenta, por lo que la forma de abordar, sería como en el apartado anterior. Si prefiere no pedirle al otro niño que se aparte, se queda quieto, rígido o te dice que no lo va a pedir, puedes invitarle a retroceder o bajar del tobogán por las escaleras. No soluciones un “problema” que puede arreglar tu hijo. En la vida, hay otros contextos, como el escolar, en el que no estás tú para mediar por él. Empodérale.

Mi hijo huye del que le molesta

Si tu hijo es de los que prefiere retroceder, no medies por él. No le fuerces a que haga algo para lo que no está preparado. Es preferible tomar distancia y darle herramientas desde casa, día a día para que su autoestima salga fortalecida y aprenda a resolver los conflictos que le surgen.

Un niño que no tiene valor para intentar solucionar, puede salir reforzado en su actitud, si alguien resuelve por él. Es decir, se reforzará su baja autonomía para resolver conflictos o dificultades en la vida, pero… ¿a qué quieres que de adolescente o adulto sea capaz de resolver sus  problemas por sí mismo? ¿a qué quieres que cuando tú no estés, sea capaz de buscar soluciones?

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9 comentarios

  1. El otro día me encontré con una situación similar, un niño insultaba a mi hijo quitándole una bolsita que él estaba llenando de arena y mi hijo se echó a llorar asustado (el niño era mayor).
    No sé si debí hacerlo, pero tuve que meterme y decirle al niño que la bolsita era suya y también llamar la atención de los padres.
    Fue una situaciñon incómoda.

  2. Buenos días , k artículo tan interesante, mi caso es el último, de va para evitar enfrentamientos , como refuerzo entonces desde casa? Como lo podemos trabajar
    Gracias

    1. ¡Hola Amaia!

      Hay varias cosas que se pueden hacer pero entre ellas, hay pequeñas “tareas” que podemos ir delegando en nuestros hijos como pagar la compra o pedir el pan en la panadería. También se puede ayudar si cuando desea tiritas de sus personajes favoritos, es él quien las pide.

      Este tipo de acciones implican tener que superar nervios similares a los que pueden sentir cuando tienen que dirigirse a otros niños. Nuestra convicción de que lo pueden hacer y el posterior refuerzo irán dando al niño la seguridad que necesita.

      Si él mismo se siente capaz de empoderarse en una situación parecida, podrá trasladar esa seguridad que necesita ante un caso como el del parque. Es cuestión de práctica y de tiempo.

      Otra forma de ayuda es hacer juegos utilizando animales de juguete en los que el personaje que el niño elija y del que se hace cargo, tiene la responsabilidad de enfrentarse a “los malos” para proteger a otro personaje más débil o incluso a él mismo.

      Darle fuerza a través del juego, hará que pueda trasladar lo que en su mundo simbólico logra a su mundo real. Si deseas alguna información más específica podríamos hablarlo por email. ¡Un saludo!

  3. Pingback: Bitacoras.com

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