¿Qué necesita tu hijo y a veces se nos olvida?

 Mamá ayer soñé algo bonito…

 Soñé con más sonrisas, más cuentos de buenas noches y de buenos días, más “quiero jugar contigo” y menos “ahora no puedo”.

 Soñé con más caricias, más abrazos, más “te quiero”. Soñé con más cosquillas, más masajes, más “cuéntame que te escucho”, más “estoy aquí contigo”, más “vales mucho”. Soñé con más “eres grande” y menos “aún eres pequeño”.

 

Más “puedes llegar donde quieras” y menos “tú no puedes”. Soñé con más juegos y menos deberes. Soñé con más placeres, más responsabilidades y menos obligaciones. Soñé con tener más tiempo y menos prisas.

 

Soñé con tener más compañía, más conversaciones conmigo, y más “te lo digo porque te quiero, te lo digo porque me importas”. Soñé con más “vales mucho”, “siempre estaré contigo” y “pase lo que pase”. Soñé que mi opinión cuenta, que yo cuento.

 

Soñé que tenía la oportunidad de equivocarme. Soñé con sentirme recogido y nutrido cada día. Cada noche. Soñé que soy el primero, que tu amor siempre va conmigo, y que no se mide por mis aciertos ni por mis errores. Soñé que sentía la ternura y el orgullo que te invaden cuando me miras. Soñé que crecía con tu amor. Sin barreras.

 

Y me desperté feliz sabiendo que lo das todo para que yo me sienta así

 

¿Qué necesita tu hijo?

Los niños necesitan el cariño diario de sus padres. Necesitan que les pongamos normas y límites  pero también que lo hagamos con respeto y con amor. Necesitan que les escuchemos, que les abracemos, que les entendamos. Necesitan saber que son tu prioridad y que no hay nada más importante ni que merezca tanto la pena.

Tanto como tú les quieras, se van a querer ellos. Tanto como les hagas sentir que valen, van a pensar que valen. Él autoconcepto y la autoestima de tu hijo depende mucho de ti. De tu forma de hacer y de decir, de tu manera de mirar y valorar. La inteligencia emocional  se hace.

Los niños necesitan que alguien crea en ellos. Dime hasta dónde crees que puedo llegar y llegaré. No importa si estás agotada, disgustada o enfadada. O si lo está él. Una sonrisa, te ayuda a ti, y le ayuda a él. Un abrazo y un “te quiero”, te ayuda a ti, y le ayuda a él. Un “¿estás bien?” te ayuda a ti, y le ayuda a él. La educación emocional no sólo tiene un camino, pero hay pistas que te pueden ayudar a encontrarlo.

“Pistas” para cuidar con educación emocional

1- Evita descalificaciones como “¡qué mentiroso eres!”. Dañan su autoestima. Sustitúyelas por “tengo la sensación de que eso no puede ser verdad”

2 – No eches en cara ni recrimines. No uses expresiones como “ya te lo advertí” o “¿es la cuarta vez que te lo digo”. Habla desde lo positivo, desde lo constructivo.

3 – Utiliza un tono afectuoso para que se sienta querido. Se suave y dulce con tus palabras, tus gestos y tus miradas. Llénalas de cariño.

4- No grites, no castigues, no agredas.

5 – Huye de la distancia. Toca su mano, su brazo, su hombro. El tacto tiene una fuerza que conecta, que transmite, que acerca.

6 – Dale valor y refuerza que lo puede hacer, que lo puede conseguir, que crees en él.

7 – Se cordial. Apóyate en él “gracias” y en el “por favor”.

8 – Habla desde la preocupación, no desde el enfado, ni desde la imposición, para que se posicione contigo y no contra tí. Sustituye frases como “¡vete a lavarte los dientes ahora mismo!” por “cariño, estoy preocupada porque aún no te has lavado los dientes. No me gustaría que te salieran caries”.

9 – Invíta a que empatice.  Aprovecha las ocasiones que puedas para hacer el “ejercicio” de “situarse” en el lugar de los demás. Es una buena manera de fomentar las habilidades sociales y la inteligencia emocional.

10 – Respeta sus ideas. Un hijo no es una extensión tuya ni una versión de ti en miniatura. Acéptale aunque no piense como tú o no se comporte como tú lo harías.

¿Cómo debo actuar si tengo dudas?

– Preguntale si físicamente está bien. Es el modo de demostrarle que pase lo que pase, él es lo más importante.

Interesate por sus emociones, validalas. Es el camino para garantizar su bienestar emocional.

– Pregunta “¿qué ha pasado?, ¿que ha ocurrido?”, y evita expresiones como “¡qué has hecho!”, que cargan de una responsabilidad innecesaria y tóxica.

Repara. Cuando creas que podías haber estado mejor, repara lo sucedido para que entienda que en la medida de lo posible, hay que intentar arreglar y solucionar. Si es él quien debe arreglar algo, es positivo que lo haga para que entienda que sus actos tienen consecuencias y que también debe hacerse cargo de ellas.

 

 

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