¿Un adolescente necesita lo que le das?

Se habla mucho de las necesidades de los bebés y de los niños, pero en ocasiones dejamos de lado las necesidades de los adolescentes. Les vemos tan grandes, tan autónomos a muchos niveles, y tan poco dependientes que a veces las pasamos por alto.

¿Qué necesidades tiene un adolescente?

Crecer y reajustar las hormonas agota por lo que un adolescente tiene necesidades físicas, que pasan por una mayor ingesta de calorías y una necesidad de dormir más horas. También necesita un mayor contacto físico y sexual y una aceptación por parte de sus iguales. Y aunque no siempre lo entienda así, necesita hacer deporte, para canalizar y pasar por esta etapa de forma más saludable.

Un adolescente está buscando su identidad, está autoafirmándose. Está “cortando” el vínculo con sus padres para poder “volar”, para poder crecer, para poder independizarse emocionalmente y para poder encontrarse y entender quién es. No necesita cortar el vínculo para siempre, pero si cambiarlo.

Necesita modificar su forma de pensar. Dejar “esquemas” que utilizaba de niño para procesar la información y empezar a utilizar poco a poco formas de asimilar las cosas con otra madurez emocional, con otra lectura, con otra forma de ver. Y eso implica según la óptica adulta errores en el modo de entender y hacer. En la manera de codificar y descodificar la acción y la información.

Pero también necesita tu cariño y saber que estás ahí a pesar de que se equivoque. Necesita que entiendas que sus amigos son importantes para él porque codifican y descodifican de la misma forma. Porque le dan sentimiento de pertenencia. No es cuestión de caer mejor o de conectar más. Es cuestión de edad, de mirarse y entenderse porque están pasando por el mismo momento evolutivo. No es cuestión de competir, es cuestión de compartir, de generar alianzas, de generar lazos. No de romperlos.

Necesita que entiendas que aún con supervisión, necesita espacios de intimidad. Necesita saber que confías en él, aún sabiendo que no te va a contar todo ni que siempre se va a comportar como tú quisieras. Necesita sentirse valorado y saber que le entiendes. Necesita poder equivocarse para aprender y necesita que le dejes soltar tu mano, aunque la dejes cerca por si en algún momento quisiera agarrarse a ella de nuevo.

Un adolescente también necesita límites. Necesita saber que hay cosas que no debe hacer, que hay líneas que no se deben cruzar. Necesita saber que crecer no exime de responsabilidades, si no que las aumenta. Necesita saber que las normas cambian en función de la edad pero que las básicas de convivencia cómo tratar con respeto, colaborar en las tareas domésticas y estudiar o trabajar, siguen estando presentes. Necesita saber que hay un horario que cumplir. Necesita pactos.

Cómo las demanda

El modo de demandar las cosas, a veces cambia tanto que se nos olvida que también nosotros las pedíamos así. Cuando un adolescente pide con rabia, hay un malestar que está floreciendo, que está saliendo. Nos puede gustar más o menos, pero lo sano es que salga en casa. Eso significa que tiene la seguridad de que se le quiere en todas sus formas y con todos sus matices. No le digas tranquilízate cuando le veas nervioso. Pon música tranquila, desvía la atención y al rato pregúntale si está mejor.

Aprovecha los momentos en los que está relajado para acercarte a él. En las playas se suelen poner banderas para indicar a los bañistas si es adecuado iniciar el baño, o si es una práctica de riesgo. Se tu propio socorrista. Conoces a tu hijo mejor que nadie. No vayas de frente cuando sepas que vas a encontrarte con un “no”. Se estratega, busca el momento.

A los adolescentes no se les llega con sermones. Se les llega con detalles. Nunca una imposición va a funcionar mejor que una recomendación. No con un adolescente. Nunca una negativa fuerte va a funcionar mejor que un pacto, que un entendimiento, que una motivación, que una implicación. Habla, dialoga, escucha su demanda y cede… un poco.

Cómo responder para cuidar sin dañar

A pocas personas se les ocurre agitar una botella de champán y abrirla seguidamente. De hecho, se reserva para celebraciones o momentos puntuales. Un adolescente está tan lleno de hormonas como una botella de champán de burbujas. Utilizando el simil… agitar a un adolescente no es bueno. Simplemente por estar en plena etapa de cambios, la contención emocional puede resultar de consecución difícil. Si ya añadimos un factor externo que interviene cuando no es un buen momento, casi tenemos el “brote emocional en cascada”. Es cuestión de hormonas, es cuestión de edad. Tenlo presente y no te olvides de sus derechos pero tampoco de sus obligaciones.

Un adolescente necesita que le hables de otro modo. Necesita que reconduzcas la forma de dirigirte a él. Pero sobre todo, por mucho que suceda, necesita que nunca le retires el afecto. Hazle saber que el padre eres tú, que el mando lo tienes tú. Pero hazle ver que no hay patrón sin marinero ni marinero sin patrón, que sois un equipo y que aunque es el patrón quien dirige, el marinero aporta, opina y cuenta.

No le riñas, no le sermonees. No le hagas sentir un niño porque ya no lo es. Díselo hablando, negociando, implicándole en dirigir, en decidir cómo y hacia dónde quiere ir. Háblale en base a la responsabilidad que quiere asumir. Háblale como a ti te gustaría que te hablen. Habla con empatía. Piensa que está más cerca de la juventud que de la niñez y que tu forma de tratar le acerca o… le aleja. Lo decides tú.

 

 

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