¿Qué siente mi hijo?

siente mi hijo

Los padres nos preocupamos, y lo hacemos a menudo. Bien sea porque está enfermo, porque se ha dado un golpe o se ha disgustado, porque no ha comido o no duerme bien, porque llora, porque ha pegado o ha recibido…o sencillamente porque tenemos dudas de si podríamos hacerlo mejor. El caso es que la preocupación va ligada a la paternidad, y en su justa medida no tiene por qué ser mala. Se puede ser más o menos tranquilo, pero todos los que somos padres sabemos lo que se siente.

Una de las preocupaciones que podemos sentir cuando tenemos un niño pequeño, es el no saber qué o cómo se está sintiendo. Así por ejemplo, si miramos a nuestro hijo de un año, que sabe expresarse porque se hace entender, podemos plantearnos si estará contento o feliz. Es evidente que cuando sonríe lo está, pero… ¿y cuando no está sonriendo? Tenemos que aprender a observar a nuestro hijo para conocerle y distinguir si está relajado, aburrido, triste o preocupado, pues esto, nos va a servir a la hora de relacionarnos con él y elegir los juegos que más le puedan ayudar en ese momento.

¿Se puede hacer esto con un año? Claro que se puede, porque aunque tengan un año, tienen sentimientos y emociones que aún deben descubrir y podemos ayudarles a hacerlo. Pero ¿cómo? Utilizando nuestra propia empatía para ponernos en el lugar de nuestro hijo de forma que nos permita imaginar y entender qué sentiríamos si en plena noche escuchamos tronar por una tormenta, si tengo que dejar de jugar, si me tengo que ir a la cama aunque no tenga ganas, si está oscuro y el viento hace un fuerte ruido… Esto nos facilitará percibir qué están sintiendo: amor, enfado, alegría, tristeza, miedo, sorpresa, vergüenza, amor, rechazo… y nos ayudará a poner palabras para que desde bien pequeños, aprendan a identificar y reconocer lo que sienten.

Trasladando esto a la práctica, podría ser que tras observarle y habiéndonos cuestionado lo que puede estar sintiendo en esa situación, le preguntásemos: “¿Tienes miedo del ruido que se oye en la calle? Es normal que tengas miedo, todos lo sentimos alguna vez, pero seguro que cuando veas desde la ventana cómo llueve y por qué hay tanto ruido se te pasa”; “¿estás enfadado porque tienes que ir a dormir? Todos nos enfadamos en algún momento, ¿verdad? pero luego pensamos un poco mejor las cosas y se nos pasa”.

También se pueden utilizar  distractores que nos posibilitarán que nuestro hijo se quede más tranquilo. Así pues, se puede acompañar con; “¿Quieres elegir el cuento que vamos a contar antes de dormir?”. Hay que tener en cuenta, que en este caso, estamos hablando con un niño de un año, por lo que conviene, adaptar el modo en que nos expresamos para asegurarnos que nos entienda. Esta es una buena manera para ayudarle con los sentimientos de rabia, tristeza, miedo, enfado, etc… Algunos niños con un año no hablan, pero sí son capaces de responder de forma afirmativa y negativa a nuestras preguntas e incluso dotar las respuestas de muchos matices.

También puede darse la situación de que con esta edad, haya una persona con la que no quiera estar (ver Yo beso a quien quiero),  en cuyo caso, no es recomendable forzarle a hacerlo, porque aunque aún no lo pueda expresar con palabras, seguro que tiene argumentos para tomar esa decisión. Sí conviene decirle, en cambio, frases como: “¿No quieres estar con Roberto?, ¿puede ser que tengas ganas de estar con él pero que no te atrevas porque sientes vergüenza o es que no quieres estar con él?”. De este modo, estaremos identificando si nuestro hijo está sintiendo rechazo o vergüenza, y podremos actuar en consonancia. Si siente vergüenza, podremos servir de puente para ayudarle a acercarse a Roberto y trabajar esta emoción a través de cuentos y juegos para que tenga recursos cuando la sienta y aprenda a resolverla. Sin embargo, si lo que siente es rechazo, no conviene forzar la relación con Roberto, pero si averiguar qué le causa esa aversión.

Otra de las formas en las que nuestros hijos suelen mostrar que están sintiendo algo que no saben gestionar, es el llanto o la exteriorización de algún dolor, al que no le encontramos ninguna explicación aparente porque no le atribuimos ningún golpe. Hay personas que reaccionan diciendo: “no te pasa nada” o “no tienes nada”, que no deja de ser una forma de negar la emoción que el niño está sintiendo. Esto es algo que no es conveniente hacer, pues implícitamente se le transmite que lo adecuado es esconder las emociones. Hay que tener en cuenta que los niños cuando se quejan de algo, que positivamente sabemos que no les duele, es porque les está pasando algo “por dentro” y nos lo transmiten de esta forma. Es como si nos dijeran: “estoy sintiendo algo y no me encuentro bien porque no se cómo manejarlo, ¿me ayudas?”. Si queremos un hijo emocionalmente sano, inteligente y equilibrado, conviene atender estas demandas, porque no es bueno que oculten las emociones sino que las exterioricen. Esto nos permitirá trabajarlas, y ayudarles para que aprendan a elaborarlas y a gestionarlas.

En estas edades tempranas, lo físico y lo emocional se encuentra muy ligado, por lo que, si nos dicen que tienen un dolor y positivamente sabemos que no es físico, lo que hay que “curar” es la emoción. ¿Cómo se hace? Con besos, con cariño, con palabras, con abrazos…en definitiva con amor; dándoles a entender que estamos ahí con ellos, “curándoles” lo físico para que “sane” lo emocional. Curándoles el cuerpo, para que sane el alma. Por lo que, si es necesario poner una tirita o una venda, a sabiendas de que va a durar puesta un minuto y medio, pues conviene ponerla, claro que sí.

Cuando el niño adquiere un lenguaje más preciso, en torno a los dos años, hay otro recurso muy útil para saber qué pasa “por la cabeza” de nuestros hijos. Estos tienden a proyectar, es decir, a poner su propio sentimiento o pensamiento en el “cuerpo” de otro, por lo que, si el cuento va de un oso, el niño estará imaginando y visualizando que él lo es, por lo que, sentirá lo que le ocurre al oso como propio en el instante en que estamos contando el cuento.

Esta es la “magia” de los cuentos, en la que como padre que quiero saber qué piensa mi hijo, puedo coger un cuento cuyo protagonista esté disgustado o le haya pasado algo y preguntarle: “¿Qué crees que le pasa?” porque la respuesta que nos dé, será significativa de lo que siente y lo que le pasa. Este es un recurso que no conviene utilizar a menudo, pero sí saber que tenemos opción de poder contar con él.

 

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2 comentarios

  1. Hola Izaskun;
    Me parece que hablas de los sentimientos de los niños muy claramente. Es un tema difícil de tratar y sobre todo de expresar, yo lo he entendido bastante bien, sigue ayudándonos por favor.

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