7 recomendaciones si tu hijo insulta o dice palabrotas

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Si tu hijo está en ese momento en que ha empezado a decir palabras malsonantes, o palabrotas, no está todo perdido. Hay varias cosas que se pueden hacer para que su lenguaje vuelva a ser respetuoso:

 

1/ Haz una reflexión sobre la fuente donde escucha las palabras que deseas evitar

Los niños tienden a decir palabrotas por imitación, o por aceptación social. En el caso de niños de edades tempranas, con 2, 3, 4 y 5 años, lo habitual es que las digan sin ser conscientes de la repercusión de las mismas, por lo que es importante averiguar de dónde procede la influencia para que tu hijo esté introduciendo tacos en su vocabulario.

 Si el entorno donde entra en contacto con las palabrotas es en el ámbito familiar, conviene hacer un trabajo personal que implique eliminar las palabras malsonantes del lenguaje cotidiano, ya que difícilmente conseguiremos reducir su uso, si le exponemos a ellas de forma frecuente, habiendo perdido además, los argumentos razonables y congruentes para llamarle la atención por utilizarlas cuando nosotros, como su referencia más directa las utilizamos sin ningún tipo de consecuencia.

Es probable que no las escuche en el entorno familiar, y en estos casos, conviene saber, que en la educación de nuestros hijos, no podemos controlar todas las variables pero si ofrecer unas bases sólidas que les permitan diferenciar lo que es correcto de lo que no lo es.

 2/ Indiferencia

Lo primero que debemos hacer cuando escuchamos una palabrota en la boca de nuestro hijo, es mostrar indiferencia e ignorar que la ha dicho. Esto implica prestar especial cuidado al lenguaje no verbal que utilizamos evitando sonrisas, miradas o cualquier gesto o detalle que puedan darle a entender que ha habido algún tipo de reacción en nosotros por utilizarla.

 En la primera infancia, la mayor parte de las veces, los niños pueden decirlas en nuestra presencia porque desconocen su significado y desean medir la repercusión de esa nueva palabra que han incorporado de forma reciente a su vocabulario. Si mostramos indiferencia e ignoramos que la han dicho, estaremos enviando a nuestros hijos el mensaje de que es una palabra “sin impacto” y lo más probable, es que pierdan el interés en utilizarla.

Sin embargo, si nuestra respuesta origina una riña, una reprimenda, un castigo o un acercamiento hacia ellos de forma rápida, los niños, entenderán que se trata de una palabra “con poder de atracción”, por lo que es probable que sientan la curiosidad de reservar su uso recurrente para los momentos en los que quieran demandar la atención del adulto, o en los que estén buscando límites.

Una palabra con respuesta es una palabra que se fija.

 3/ No hables de lo que sucede en su presencia 

Ten en cuenta que los niños absorben no sólo lo que ven, si no también lo que escuchan, a pesar de que aparentemente no estén prestando atención a una conversación entre adultos. Es posible que comentes con otras madres lo que sucede a la salida del colegio, o que hables por teléfono con una amiga para pedirle opinión. En ambos casos, por mucho que ignoremos cuando las ha utilizado, estaremos contribuyendo a que las palabrotas se fijen en su modo de hablar, por lo que para tratar el tema, es preferible que esperes a que tu hijo no esté presente.

4/ Palabrotas como expresión de una emoción

Si percibes que tu hijo utiliza “juramentos” para exteriorizar su malestar, su frustración, su ira o su rabia, es porque no está sabiendo cómo gestionar la emoción que está sintiendo y esta le está desbordando. Una buena forma de reducir su uso en estos casos, es poner palabras a lo que siente y enseñarle a gestionar estas emociones de forma positiva. Para ello, puedes recurrir al semáforo emocional y explicarle que hay formas de actuar, que le harán sentirse mejor.

 5/ Hablar abiertamente de ello

Si has llegado a ese momento en el que por desconocimiento de formas alternativas de afrontar este tema, te has saltado los pasos anteriores, o que tu hijo ya tiene una edad en la que diferencia perfectamente el uso de palabras malsonantes de las respetuosas, tienes la opción de explicarle que no son palabras agradables, que daña la imagen de quién las dice, aportando una opinión crítica sobre la persona que las utiliza como alguien que no cuida y que no respeta.

 6/ Oportunidad de reparar

Si se ha evidenciado que esos términos molestan, debes darle la oportunidad de reparar su uso cuando lo hace de forma inconsciente y hacerle ver que siempre es conveniente excusarse cuando se ha hecho o dicho algo que no es correcto.

 7/ “Tú también lo haces”

Puede ocurrir que cuando le explicas a tu hijo que decir palabrotas no está bien, te señale argumentando que lo hace porque “Tú también lo dices”. En un caso así, es recomendable darle una respuesta de arrepentimiento en la que el niño perciba que realmente es algo que no se debe hacer. Es conveniente darle peso a tus palabras añadiendo que te gustaría no hacerlo más, y ofrecerle como opción una propuesta que implique un “pacto” en el que ambos os vais a ayudar a corregir las palabrotas para lograr eliminarlas de vuestro vocabulario.

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