¿Educar en libertad o con normas? Yo lo tengo claro

Hoy ha subido al autobús una mujer de edad avanzada. Le acompañaba su hija, y nadie le dejaba sitio. Unos porque no se han enterado de que ha subido y necesitaba asiento, y otros porque no se han querido enterar. Ambas miraban buscando a alguien solidario que entendiese la evidencia de que sentarse era una necesidad para ella.

 Como ese “alguien” no ha surgido de forma espontánea, la hija de la señora, ha pedido en voz alta asiento. Y surgía el silencio que hacía revivir ese momento en clase cuando siendo niños la profesora pedía un voluntario… y las cabezas se agachaban hasta que la profesora nombraba a alguien.

 ¿Qué está pasando?

Hemos pasado del “niño no metas ruido” al “niño mete todo el ruido que quieras”. Hemos pasado del “niño no saltes en el sofá” al “niño, salta todo lo que quieras”. Hemos pasado del “no comas en la sala que se caen las migas” al “come donde quieras”. Hemos pasado del exceso de normas a la escasez. Y los extremos generalmente no son buenos.

Todos los niños necesitan normas. Las necesitan como comer y dormir. Las normas les dan seguridad, les dan estabilidad y les marcan el camino que diferencia lo correcto de lo que no lo es. Dejarles sin ellas no significa que seamos los padres más “guays”, ni que seamos “enrollados” porque educamos en libertad. Educar en libertad no tiene nada que ver con eso si no con empoderar su inteligencia emocional, con enseñarle el entorno y darle estrategias para que sepa desenvolverse en el con autonomía, con criterio y con capacidad de elección y decisión.

No ponerles normas significa dejarles caer en la piscina sin saber nadar. No ponerles normas, es no darles herramientas para crecer con inteligencia emocional. No ponerles normas no es hacerles un favor, es hacerles una faena que les acompañará toda la vida.

En la vida social y civilizada hay normas de convivencia, normas de relación… Normas que existen por el bien común. Una persona que no aprende a interiorizarlas de niño, es una persona que va a sufrir. Es una persona a la que le va a costar respetar los límites, que va a tener una baja tolerancia a la frustración, que va tener que ir aprendiendo con dolor e incomprensión,  que no va a saber perder y que no va a tener toda la inteligencia emocional que podría haber tenido.

 Poniendo normas con educación emocional

Los padres tenemos la responsabilidad de educar, pero también tenemos que educar con responsabilidad y sentido común. Y esto implica tocar la solidaridad, la empatía, implica transmitir que se debe ceder un asiento a quien lo necesita más que yo. Implica enseñar que no se escupe ni se insulta al compañero, pero tampoco a quien no lo es. Implica enseñar que si hoy tiro un papel al suelo, mañana alguien lo tiene que recoger por mi. Implica entender que tener permiso para saltar en el sofá del vecino, es necesario.

No se puede entender una educación emocional sin respeto. Educar tiene una parte asistencial que habla de tener las necesidades básicas cubiertas, pero quedarse en agua, cama y comida es olvidarse de las necesidades emocionales.

 ¿Qué son las necesidades emocionales?

Las necesidades emocionales siempre son afectivas. Se necesitan besos, abrazos, caricias, mimos, sonrisas, cosquillas, juegos, cariño, cuentos, escucha… y se necesitan normas. No se pueden cubrir bien las necesidades emocionales si las normas no se ponen de forma adecuada.

 ¿Cómo poner una norma?

Todas las familias tenemos normas. Ponerlas nos ayuda a ordenarnos, a vivir más tranquilos, a saber cuál es el camino del mapa por el que puedo ir y a estar más felices. Las normas se ponen hablando, dialogando, explicando, llegando a acuerdos, dando ejemplo y entendiendo.

Un niño que ve subir al autobús a una mujer y ve que sus padres no se levantan para cederle el asiento, y que tampoco le dicen que se levante para dejarle sentarse, es un niño que crece pensando que eso es lo correcto. Los niños no empiezan a cuestionar de forma “sería” a sus padres hasta la adolescencia. Dale unos buenos cimientos y en la adolescencia, tu casa y tú corazón temblarán menos. Invierte un poco más hoy en educación emocional y mañana te preocuparás menos porque tu hijo será emocionalmente inteligente y sabrá construir.

 Pasos para poner una norma y hacerla efectiva

1/ Explica la necesidad de ponerla, para que también tu hijo sienta la necesidad como suya.

Hemos pensado que deberíamos tener la opción de comer galletas después de comer si se ha comido todo lo del plato. Es la forma de garantizar que todos los grupos de vitaminas entran en nuestro organismo y crecemos fuertes y sanos.

2/ Recoge propuestas

Puede haber días que uno de los platos no nos haya gustado, o que hayamos repetido el segundo plato y no nos entre el postre.

3/ Hazle ver que te importa su opinión y que se valora

Es verdad, buena aportación. No se me había ocurrido. ¿Cómo crees que podríamos hacer?

4/ Si hay una parte que se puede negociar, hazlo, porque ayudará a que interiorice la norma y tenga más facilidad para cumplirla.

¿Qué te parece si ponemos la excepción los sábados a la hora de cenar o los días que hayas comido una ración grande en los platos anteriores?

5/ No seas rígido, se comprensivo mientras se interioriza la norma. Piensa que un mes de entendimiento es razonable. Recoger excusas también es aprendizaje.

Es que no me gustaba lo que había de comer… Lo entiendo, tampoco a mí me gusta todos los días igual, pero si hemos puesto la norma es para respetarla. ¿No te parece?

6/ No impongas. Sé su ejemplo

Si no quieres que se salte la norma, no lo hagas tú escudándote en que eres el padre y ya lo tienes aprendido.

7/ Reconduce

Si ves que hay algo que no se está respetando, no temas por decirle que ese es el límite que no debe sobrepasar, le estarás ayudando. Vuelve al primer paso. Pregunta, entiende, acéptale con sus aciertos y con sus errores pero no mires para otro lado.

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4 comentarios

  1. Es cierto todo lo que dices, Izaskun. Muchos padres y madres sienten que al frustrar a su hijo/a están comprometiendo su relación con él. Cuando en realidad es absolutamente lo contrario. Frustrar a los niños y niñas es una forma excelente de decirles que se les quiere tanto como para pelearse por ellos/as. Gracias.

  2. ¡Hola Indartzen!

    Pues sí, no por evitar la frustración educamos mejor. Eso sí, de la frustración podríamos hablar mucho rato porque hay quien parece que la busca o incluso la provoca y esa tampoco es la manera. Todo en su medida. ¡Un abrazo y gracias por la visita!

  3. Muy bueno, Pienso totalmente igual.
    Teníais que verme en el tram embarazada, con dos niñas y el carrito y nadie se levanto para ayudarnos, nadie…. una vergüenza donde vamos a parar. Y ademas se esta inculcando una falta de empatía y de compasión por la gente que no goza de la mismas oportunidades y comodidades que nosotros. Se están criando niños crueles, maltratadores e irresponsables, en el parque ves que están atacando a otro niño y sus padres les ríen y tu te ves en la obligación moral de decirle , niño eso que estas haciendo esta mal y ya tenemos liada la de todos los domingos, a mi me da igual , aun a riesgo de que me partan la cara seguiré diciendo las cosas que veo injustas y mal , es mi deber/derecho de ciudadano. Es muy muy triste y va a peor.

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