El suelo se mueve para que te caigas

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A veces los niños se caen o se dan un golpe, siendo algo que entra dentro de lo habitual en el día a día y en la infancia de cualquier persona. Sin embargo, no siempre damos a las caídas la importancia que merecen, y no es raro escuchar respuestas por parte de los adultos como: “no ha sido nada” o incluso golpear el objeto “responsable” de la caída o con el que se ha tropezado diciendo “¡toma por malo!”.

Decirle a un niño que “no ha sido nada” cuando se acaba de caer, o de dar un golpe, no es la forma más adecuada de actuar si queremos cuidar su bienestar e inteligencia emocional. Sencillamente porque no es verdad. Es evidente que algo sí ha ocurrido; se ha dado un golpe. Que en su medida no es algo trágico ni irreparable, pero conviene no confundir al niño.

Es más sano y reparador consolarle, abrazarle, apoyarle y curarle. Hay curas que requieren un cuidado sanitario, desinfectando la herida, dando crema o lo que sea necesario, pero siempre que sea posible, también es conveniente curar mediante “el tacto” a través de caricias y besos la zona lesionada, ya que el contacto físico ayuda a recuperarse.

En un caso hipotético en el que un adulto golpee una farola, justificando su conducta con el daño que se ha hecho el niño con ella, es importante tener en cuenta que los objetos no se mueven, y que difícilmente una farola ha podido moverse a propósito para que el niño se caiga.

Es muy interesante comprobar que probablemente el mismo adulto que le dice al niño “no pegues”, sea el que luego golpea la farola con afán de menguar el disgusto del niño. Esta es una acción incongruente que debemos evitar si queremos transmitir un mensaje claro a nuestros hijos. Los niños deben aprender a responsabilizarse de sus errores, y para ello, tienen que saber discernir si se dan un golpe por un “error” suyo como un tropezón, o si por el contrario es por una cuestión ajena a ellos como una zancadilla.

Nuestra respuesta ante su caída es importante, porque si pegamos al objeto “agredido”, el niño puede interpretar que en el caso de que se tropiece con alguien, debe hacer lo mismo que con la farola, y que pegarle o culpabilizarle sin motivo está justificado, ya que lo ha visto hacer anteriormente al adulto. Es una forma en la que no aprenderá a responsabilizarse como debe de los golpes y las frustraciones que le surjan a lo largo de la vida, y culpabilizará a los demás de las cosas que le suceden, a pesar de que haya sido un “fallo” suyo.

Los niños tienen que aprender a gestionar las emociones, independientemente de lo que les generen. Un niño que siente rabia cuando se cae en la calle, y le enseñamos que la forma de liberarla es golpeando algo, entenderá que el modo de actuar ante la rabia, es exteriorizándola en forma de agresividad hacia fuera. Lo más correcto sería ayudarle a calmarse ante esa emoción que está sintiendo, para que interiorice que la ira, la rabia o la frustración, se sienten, duran un tiempo determinado, y que haciendo un ejercicio personal, es posible tranquilizarse para poder gestionar mejor nuestra respuesta.

Del mismo modo, si nuestro hijo siente vergüenza ante una caída en público y le decimos que no ha sido nada o le ignoramos, es posible que se sienta incomprendido, que piense que su respuesta es desproporcionada y le suponga una merma de su autoestima, o que no le entendemos y que tenga dificultades en canalizar la vergüenza, porque ha interpretado que ante esta emoción… está sólo. ¿Y si ha sentido miedo?

No te arriesgues a que piense que está solo, aún teniéndote cerca.

Imagina por un momento que estás con tu familia, y te tropiezas al subir un bordillo. Piensa cómo te sentirías si ignoran lo sucedido; si te dicen que no ha sido nada, a pesar de que estás sintiendo dolor; y si acuden enseguida a interesarse y ayudarte. ¿Con cuál de estas tres situaciones crees que te sentirías más querida y reconfortada? Cuando tengas dudas de cómo responder, utiliza la empatía para reparar como te gustaría que te curasen, y no te olvides que son niños y que día a día ganan seguridad, pero un detalle, pequeño en apariencia pero con importancia para ellos, pero puede minar la confianza y la autoestima de cualquier niño.

La respuesta idónea en un caso como este, sería en primer lugar consolarle, igual que en el caso anterior. Sin embargo, una vez que el niño se ha tranquilizado, se le debe explicar la verdad: que se ha dado un golpe porque no se ha percatado de que la farola estaba ahí. Los niños son listos, y sabrán que les estamos diciendo la verdad y que sus padres son sinceros con ellos, siendo una buena base para la confianza mutua para hoy y para mañana.

No subestimes las emociones de tu hijo, todas ellas son importantes y merecen ser identificadas, entendidas y gestionadas de forma correcta para que tu hijo crezca desarrollando una buena inteligencia emocional.

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3 comentarios

  1. ¿Qué hacer cuando pasa lo contrario?
    Cuando el niño se cae y/o golpea pero no admite ni el hecho, ni ayuda, ni consuelo. Cuado quiero revisarle si tiene una herida para curarle o al menos besarle el moretón, pero él no expresa nada. Que llora más porque le apago la TV, que porque se golpea contra el suelo. Que me transmite mejor el que quiere una fiesta con sus primos o un juguete, pero no el que se ha lastimado. Vaya, que tampoco quiero que se victimice, pero si que se manifieste y admita un apapacho cuando se lastima.
    Si bien estoy atenta a todo lo que hace, tampoco crean que exagero en mi respuestas a lo que le pasa, siempre trato de actuar según el caso. Si solo fue un golpe leve, pues un apapacho, pero si me percato que fue fuerte entonces si deseo revisarle. Pero en ningún caso me deja hacerlo e incluso se enoja, si no lo presencio de cerca hasta lo niega, a pesar del visible golpe.
    ¿Que porqué se golpea tanto? Fácil, le encanta correr, saltar, escalar y jugar a la pelota… Como no quiero pecar de sobrepotectora pues tampoco se lo prohibo, aunque siempre le digo que tenga cuidado, pero la mitad de las veces pasa algo.
    La exepción es cuando lo lastima una persona mayor: Cuando le corto las uñas, cuando la pediatra lo inyecta… Entonces si se manifiesta y hasta llora (sobretodo con la inyección). Pero si fue un compañero de juegos o él mismo, pareciera que no debiese admitir dolor alguno.
    No considero que sea conducta aprendida, pues nadie en la familia hace eso (no hay “machos”), ni hemos promovido esa conducta. Razón por la que estoy tan extrañada.
    A todo esto añadir que solo tiene tres años, ¿Qué me espero para cuando tenga 8, 13 o 18 y se rodee de machos en la escuela?
    Saludos y gracias por esta “catarsis”.

    1. Hola Maria!!

      Habría que conocer el caso más en profundidad, y si deseas más información o alguna orientación específica, podríamos tratarla mejor por email o incluso por teléfono o skype.

      Puede ser que esté tan centrado en jugar, en la carrera, en el salto, en el cúmulo de emociones… que realmente no sienta dolor cuando cae, al igual que nos pasa a los adultos, que en ocasiones tenemos un moratón y no recordamos habérnoslo hecho.

      Sin embargo, por lo que dices, si expresa malestar cuando siente frustración por quedarse sin ver la televisión o cuando se siente herido por una vacuna o algo similar, por lo que no parece haber indicios de que haya algún tipo de disociación, aunque como te digo, con los datos que me das no es suficiente para poder hablar de algo específico.

      En principio, si en las ocasiones en las que detectas que hay un dolor físico o emocional es capaz de recurrir a ti podría ser que el impacto de los golpes no hayan sido suficientes para detener su juego, por lo que es posible que entienda que no hay motivo para chequeos médicos.

      Un abrazo y gracias por tu comentario!!

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