¿Te ayudo? ¿Conviene ayudar si no lo ha pedido?

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Ahí tenemos a nuestro hijo de dos años, en el salón, intentando hacer una torre con fichas. Pone una, pone dos, pone tres y se le caen. Y lo vuelve a intentar. Pone una, pone dos, y tres, y se le caen de nuevo. Y en ese momento cuesta contenerse, y aparece la frase…”¿Te ayudo?” ¿Realmente hay que ayudar en ese momento?.

Así que nuestro hijo, que tan sólo tiene dos años, y que para él lo que dicen sus padres es verdad absoluta, deduce: “si mis padres piensan que necesito ayuda, a ver si va a ser que no puedo montar la torre sólo”. Con esa frase, hemos podido cortar la iniciativa de nuestro hijo y mermar la seguridad en sí mismo. Y esto, se da en numerosas formas y lugares. Es frecuente escucharlo en el parque cuando los padres ofrecen su ayuda para que el niño suba unas escaleras, baje por un tobogán, se columpie…

En estos momentos, “nos puede” el querer ayudar a nuestro hijo, porque lo miramos con la óptica del adulto y con nuestros tiempos, sabiendo que la torre se puede montar en un minuto y que él va a necesitar diez para hacerlo sólo. Y pensamos: “ay pobre, voy a ayudarle”. Pero ¿pobre por qué? ¡Si está aprendiendo! Está ordenando sus esquemas internos, fortaleciendo su estructura mental y elaborando recursos de cómo se hacen las cosas, de la importancia de esforzarse para lograr un reto, de mejorar su habilidad, de lo que se siente cuando no se logra lo que se pretende y lo que se siente cuando se consigue. Está experimentando y aprendiendo. Y para eso, tiene que haber aciertos y también errores.

Si le “ayudas” ofreciéndote para hacerlo por él, o con él, estás limitando todo eso. Reduciendo su experiencia, su aprendizaje significativo, su margen de acierto, su capacidad de aprender, su seguridad, su habilidad… su bienestar emocional.

 

Los niños, saben pedir ayuda cuando la necesitan. Y como más se les apoya, es estando a su lado para que tengan la seguridad y el refuerzo que necesitan. Por tanto, es más sano para nuestro hijo el poder decirle “te estás esforzando y seguro que lo consigues. Yo estoy aquí al lado para ver cómo lo haces, que seguro que puedes”. De ese modo, el niño sabrá que sus padres confían en sus posibilidades lo cual le repercutirá de forma positiva en su autoestima y le estaremos proporcionando estabilidad y seguridad.

¿Cuándo ayudar?

Ese “afán de ayuda”, que a veces tenemos los padres, es tan grande que a veces aparece más de lo que debiera por lo que debemos intentar reservarlo para cuando el niño la demanda o es muy evidente que la necesita y con ello podemos por ejemplo evitar un golpe. Es bueno y necesario que juguemos con nuestros hijos, pero también es conveniente que los niños experimenten solos para estimular su creatividad e imaginación, con la certeza de que papá y mamá… están a su lado para admirarles, para acompañarles, para arroparles.

Disfruta, puedes permitirte mirarle con la sonrisa dibujada en la cara, y dejar que pase el tiempo viendo cómo monta una torre para luego desmontarla, cómo saca ese juego de cazuelas, platos y demás utensilios de cocina con diferentes formas, colores y tamaños para luego guardarlo y organizarlos y cómo se pone tus zapatos y pasea por el salón… sin necesidad de ofrecerle tu ayuda. Confía en tu hijo. Si necesita ayuda, te la pedirá. Sólo hay que saber escuchar.

Déjale que se equivoque, déjale que experimente, que investigue y que busque la solución ante las dificultades que encuentra. Si acostumbramos a un niño a tener ayuda para “todo”, cuando encuentre un obstáculo, será tu ayuda la que busque.

Enséñale a pensar, enséñale a encontrar la solución. Enséñale a que crea que es capaz de hacerlo, o aunque sea de intentarlo. No seas tú quien mine su autoestima y quien permita que crezca pensando que necesita ayuda para resolver un problema.


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3 comentarios

  1. Hola!!!! Yo creo que es muy difícil encontrar el equilibrio entre ayudar y no ayudar.
    Mis hijos sonm uy seguidos y eso les brindó la oportunidad de jugar juntos desde muy pequeños, y claro, les hizo muy creativos porque con año y medio el peque y dos años y medio la mayor jugaban a las tiendas(tiendas pelín ilógicas en las que vendían de todo, jejeje), a los papás, y con un poco más de edad al cole o a cantar.
    Y eso yo creo que les hace independientes y sociables, aunque admito que en mi casa tendemos a la sobreprotección y sí que jugábamos mucho con ellos.
    Un besito.

    1. Hola Marigem!!
      Jugar con ellos es buenísimo y no lo concibo como sobre proteger. Es una suerte para tus hijos que jugueis con ellos. Lo que yo expongo es que en ocasiones, se les ofrece ayuda cuando no la necesitan, y eso es precisamente lo que conviene tener en cuenta. Seguro que si tus hijos sólo se llevan un año, juegan mucho y esto les enriquece. Un saludo y gracias por tu comentario.

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