Yo sí puedo, ¡tú no me dejas!

puedo no me dejas

Vamos a imaginar un niño o una niña que ha empezado a andar hace escasos dos meses y llega al parque queriendo hacer un despliegue de habilidades para demostrar las cosas que sabe hacer. Porque es sábado, y es el día en que sus abuelos vienen a verle. Así que el niño está contento porque es el “rey de la fiesta” y todas las atenciones giran en torno a él. Tanto que se siente capaz de experimentar y se dirige hacia las escaleras con la idea de subir al tobogán.

Pero cuando está en el momento álgido suena el típico: “tú no puedes subir ahí”. Ese que se oye tantas veces en la calle pero que esta vez va dirigido a él. El niño no entiende este concepto, pues se siente capaz de subir, y cuenta con que si no lo consigue, sus padres estarán justo detrás para darle el apoyo que necesita por lo que lo vuelve a intentar. Pero nuevamente resuena el “tú no puedes subir ahí” y esta vez lo corean sus padres a dúo y además lo están comentando. Así que, finalmente el niño desiste porque piensa que si sus padres no le creen capaz de hacerlo, quizás no ha medido bien sus recursos.

Posiblemente se le habrá evitado un resbalón o incluso un moretón. Pero hay personas que aplican el “tú no puedes” para casi todo, llegando incluso a anular el criterio del niño. Es algo que se oye en cantidad de ocasiones; un niño que quiere pagar el pan en la panadería, otro que quiere beber agua de la fuente, o incluso que quiere andar sólo en triciclo. Estos ejemplos son muestras de sobreprotección innecesaria, pues es evidente que con estas acciones los niños no corren un riesgo vital, ya que, ni el niño se va a fugar con el dinero de la panadería ni se va a bañar en la fuente ni se va a fracturar tres huesos por andar en triciclo.

La cuestión es que el lenguaje que se utiliza para dirigirse a los niños no sólo influye sino que también condiciona. El famoso “tú no puedes” es uno de los responsables de la baja autoestima en niños, pues va dejando posos en su subconsciente de forma que cuando vaya creciendo y tenga que enfrentarse a un nuevo reto, es muy posible que dude de su capacidad y su valía para salir airoso del mismo.

Emocionalmente, se le cuida mucho más modificando nuestro lenguaje y diciéndole por ejemplo: “¿Qué quieres, subir las escaleras para ir al tobogán? Puede ser peligroso porque está muy alto así que con cuidado pero seguro que lo puedes hacer”. Esto implica que hay que dejar de tomar ese café que tan bien sienta, dejar de hablar por el móvil… en definitiva, ejercer una parentalidad activa y situarse justo detrás del niño por si este precisa ayuda. Pero cuando consiga subir, aunque requiera ayuda, su satisfacción y seguridad en sí mismo habrán crecido porque se sentirá capaz de hacerlo. Y querrá repetir porque los niños aprenden por imitación y repetición.

Así que cuando haya subido por ejemplo diez veces, la número once ya no necesitará ayuda del adulto y se sentirá seguro para seguir experimentando nuevos retos. Sin embargo, el niño que sigue “anclado” en el “tú no puedes”, posiblemente aún no habrá aprendido a subir las escaleras y tendrá dudas de si lo puede hacer sólo, ya que, se le ha transmitido inseguridad.

Es positivo para los niños que ellos mismos sean capaces de evaluar sus limitaciones, sus habilidades y el riesgo. Los padres, debemos situarnos desde la motivación y seguridad y trasladarles que pueden conseguir todo lo que se propongan, a pesar de que esto implique ejercer una parentalidad menos cómoda porque hay que estar físicamente más cerca del niño por si demanda nuestra ayuda.

¿Habéis escuchado frases de estas? ¿cuáles?

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10 comentarios

  1. Hola, pues yo he oído un montón de veces “por ahí no vayas que eres pequeño” y de gente que ni siquiera es conocidas, vamos cualquiera del parque. Me saca las uñas

    1. Hola Ane!!
      Si, el hecho de que alguien llame pequeño a tu hijo porque lo sea de tamaño puede doler, pues se puede ser muy grande en un cuerpo pequeño. Lo importante no es tanto lo que le digan los desconocidos (a pesar de que influya) si estás tu cerca para reforzarle un buen autoconcepto, pues a edades tempranas, lo que más tienen en cuenta los niños es la opinión de los padres. Gracias por participar. Un saludo

    1. Hola Carol!!
      La verdad es que el caso que cuentas es de lo más frecuente, pues no siempre los dos miembros de la pareja ven las cosas del mismo modo. A pesar de eso, siempre conviene dialogar y llegar a un entendimiento en que a veces debe ceder uno u otro o incluso ambos. En cualquier caso, podéis aprovechar el post para hablar del tema y valorar qué os parece más conveniente. En papel siempre las cosas parecen más sencillas. Gracias por pasarte por mi blog y hacer un comentario. Un saludo!!

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