Cambiar de actividad sin liarla

Estamos disfrutando de la tarde, junto a nuestro hijo, que lo está pasando genial. Puede ser que esté pintando, viendo dibujos en la tele o corriendo por el parque, pero… llega un momento que hay que romper la magia porque es la hora de irse y hay que hacer otra actividad. Esta situación nos genera tensión, ya que, no queremos que se estropee el ambiente positivo y finalizar con un recuerdo desagradable.

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El niño que espera, desespera. ¿Y si eso se pudiera cambiar?

En el supermercado había dos mujeres hablando. Junto a ellas, estaba un niño de unos cuatro años que no paraba de decir en tono casi robótico: “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”, “mamá”… Tranquilamente ha podido repetirlo unas veinte veces. No es la primera vez que ocurre una escena similar con un niño que repite insistentemente: “quiero agua”, “quiero agua”, “quiero agua”, “quiero agua”, “quiero agua”, “quiero agua”, mientras su padre está hablando con alguien. Ni siquiera “¿me das agua por favor?”, sino “quiero agua”.

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